19 marzo 2014

#fallas14/ la fartà, de la nada al misterio

FICHA DEL FESTEJO
Plaza de toros de València, 19 de marzo de 2014. Duodécima de la Feria de Fallas. Toros de Garcigrande y Domingo Hernández bajos de presentación, pobres de cara, sin excesivo trapío y mánsos y descastados salvo el encastado cuarto o el noblón tercero, que sin picar fue 'bueno' para la muleta. FINITO DE CÓRDOBA (pitos tras dos avisos y oreja), MORANTE DE LA PUEBLA (silencio y gran ovación), EL JULI (dos orejas y ovación) y JOSÉ MARÍA MANZANARES (oreja y palmas de despedida). Se desmonteró Curro Javier tras parear al octavo. Lleno (cerca de 12.000 espectadores)
[FOTOS :: JESÚS CAMACHO]


La tarde empezó sumida en la nada. Intrascendente bovina y taurómacamente hablando. Una puñalada de aburrimiento, más contraproducente si cabe en día de fartà. Fino y Morante no encontraron soluciones ni probablemente las había en el ruedo para los animales malcriados de Garcigrande o Domingo Hernández, que tanto da cuando de nada se trata. A buscarlas (las soluciones) uno debería haberse ido al campo charro, a la placita de tientas, a los cercados, pero como que pillaba un poco lejos todo y movernos a los 12.000 allí reunidos por semejante causa se antojaba imposible, y más a escasas horas de la cremà. Pero de esa nada absoluta se pasó al misterio del toreo y entretanto se escenificó el sepelio de la lidia eterna y la sacralización en triunfo de la neotauromaquia sin lidia, que en el fondo no deja de ser un insulto o tomadura de pelo al bravo y al que se cree aquello por mera ignorancia, que son casi todos. Pero todos de ahí sacaron a El Juli triunfante con un Garcigrande precisamente 'made for juli'. Decir que lo de Garcigrande es una ganadería hecha a imagen y semejanza la tauromaquia julista no es ninguna boutade, vaya. El caso es que eso se evidenció en los tres primeros capítulos. Si Finito no supo qué hacerse con el manso primero que andaba de lado pero que nunca quiso abandonar los medios, donde precisamente murió, al segundo no le dieron lance con coherencia hasta que El Juli no lo quitó por chicuelinas y removió al artista Morante que tras un manojo de verónicas, no pasó de quitar moscas del primero gazapón y luego aplomado, protestón y poco uniforme segundo de la tarde, al que además, le endilgaron un puyazo sangrante en exceso.

La nada más absoluta continuaría hasta que los del tararí ordenaron el tercio de muerte del tercero. Que si El Juli recogió una embestida ya cosidita a los vuelos de salida, hocicada, y lo de caballo y picador fue una pantomima asquerosa, en el fondo eso fue nada. La lidia del toro bravo pasó a mejor vida en un abrir y cerrar de ojos. Toro a modo, con algo más de pecho y badana que los anteriores, pero ningún misterio a resolver. El Juli se puso a torear en redondo en los medios sin más probaturas. El público, que no se había enterado de cómo ese toro había llegado hasta allí, porque no había habido nada de qué enterarse en los momento previos, se alegró un huevo. Sin miramientos El Juli. Pim-pam-pum. La faena salió de una tacada. Incluso con el torero permitiéndose mayor encaje y reposo de riñones, como para no desentonar entre tanto artista. No se dio ni un alivio. Pases por aquí y por allá. Los inicios y finales de cada serie: De triunchera, de pecho, cambios de mano. Temple y profundidad en el toro que ya de salida pespunteó los vuelos de los capotes,  pero de final algo desentendido, aligerando el remate. Largura de los muletazos. Nivel a izquierdas y el pifostio julista al final: trinchera, los circulares invertidos y el desdén, la plaza en pie, gritos, estocada traserilla en lo alto y dos orejas sin misterio.

El misterio estaba por llegar, mientras y para corregir tanta nada o sumisión bovina se hizo presente un tal 'Taponcito' muy bajo, más descaradito de cuerna que ninguno y con gestos de bravo. Como derribar por los pechos al piquero y encelarse con fijeza al segundo encuentro. El castaño oscuro estaba más apretado de carnes, con un tren delantero más cargado y ese punto de raza palpable que lo hacía repetir con codicia. Manzanares cimentó la faena sobre la diestra, con ligereza, al son del 'Taponcito'. Toro de embestida a puñetazos, picante, que se sujetó con alivio. Por el izquiedo, una colada, un pisotón y ya solo volvería por ahí una vez más. Sobre la diestra apretó el final. Espadazo. Oreja.

Y por fin se hizo el misterio: se vio, se saboreó, se erizó la piel y se dibujaron sonrisas de pura pasión. La nada y el nuevo orden sacralizado por la masa se vieron absorvidos por el toreo eterno, sentido y emocionado que perdura eternamente. Y entre sus autores, Juan Serrano 'Finito de Córdoba', quien no olvidará las Fallas del 2014. Doblete. Ayer aquí sustituyendo a Enrique Ponce herido grave la víspera. Casi nada. Y como en su primera comparecencia, dejó brotar el toreo en un halo de misterio embriagador. Apolíneo El Fino, un natural, otro, la muleta relajada, el torero metido, atornillado en los medios. La piel erizada. Sin exageraciones el toreo en redondo. Y ese poso. Parece que Finito toree como lo debiera hacer, si pudiera, un figurón de épocas pasadas con 80 tacos. Así fue el toreo de Juan Serrano, tan clásico y a la vez tan arrebatador que en día de naderías y neotauromaquias, brilló a los 40 y pocos con ese regusto y de repente se puso de moda.

Todos querían torear como el Fino. Así de encajados, así de largo, con ese empaque que se envuelve de la embestida. Que juega con ella de trinchera, por alto, y así y de repente la circunferencia se ceñía a la faja. Los ayudados por bajo, cayeron como perlas buscando la muerte. Faena en la que no había nada escrito ni imaginado y que surgió del mismo misterio, pese a un toro de noblona condición pero sin acabar de entregarse. El toreo, vaya que sí. Le dieron una oreja cuando era para suspender la corrida y sacarlo a hombros sin más.

De repente Morante, de naraja y oro. Otro del que pasarán los años y será imposible olvidarse de aquellas verónicas del de La Puebla del Río en aquellas Fallas. Si aquellas, las del pasado sábado, fueron un manojo de saludo. Al sexto le dejó tres por el lado derecho, que duraron tanto que dio tiempo a esculpirlas a piedra en la misma memoria conforme sucedían. Tres verónicas recogidas en el tercio, largas, detenida la misma embestida, de enloquecer allí mismo. Tres verónicas que surgieron de eso mismo: del misterio que da sentido a la estampa viva y real del hombre traejeado de seda y lentejuelas frente a un toro de lidia. Fueron esas tres verónicas, una media de El Juli al rematar su quite y las tafalleras elevadas y rematadas con una tijerilla de Morante todo el toreo de capa que le dieron.

Y todo el mundo se asomó a la faena de muleta. La banda puso melodía a ver si encontraba aquello. Una embestida, otra ligada. Una que se vence. Morante cita, al animal le falta la codicia. Sale en cuentagotas, la música que calla y de repente el silencio. La plaza de toros de València calló, como en una película de misterio, Morante ponía todos sus motivos al toreo, y los 12.000 mudos, esperando esa revelación que no fraguó ni con la espada. Porque esas tres verónicas que no se olvidarán jamás, a todo esto, ¿cuánto valen? El silencio del público mientras Morante era Trending Topic en Twitter no dejaba de ser la acojonante reivindicación de que el toreo --la lidia, la tauromaquia-- es misterio.

Lo que quedaba de fartà se acercó a la nada. Blandengue el castaño chorreado, vulgar El Juli de aquí para allá. Y materialista Manzanares tirando líneas sin profundidad ni ajuste para rebañar una orejita con escaso convencimiento cuando de pronto ya era tarde.

La tarde tuvo un triunfador, pero salió de la nada, de la lidia desaparecida. Mientras que los misterios que desentrañó el toreo de Finito de Córdoba o Morante de la Puebla tienen trazos para perdurar si entre tanto y tantos días de toros de estas Fallas aún me acuerdo. Lo demás, a la cremà.

2 comentarios:

Carlos Aguilar dijo...

Cada día me gusta más como escribes. Un abrazo

Andrés Verdeguer Taléns dijo...

Carlos, viniendo de ti, solo puedo decir que gracias. No se si vale la pena todo esto, pero es lo que nos sale y sobre todo no hace sentir libres.

Abrazos!!