13 noviembre 2013

en el cierre de rtvv: el fracaso de todos

El cierre de RTVV es la metáfora de un fracaso, de varios fracasos, que han estallado en las mismas narices de todos los valencianos. Unos lo vimos llegar, a otros les ha supuesto una hostia repentina en la que creían su realidad, que ahora se demoronaba y la verdad resulta que era otra muy distinta. Otra, que de tanto andar sobre el alambre de la corrupcción, la manipulación y la mentira ha acabado quedando patente a unos y a otros. Así, ya no queda otra que asumir el fracaso entre todos. Porque las penas compartidas dicen que son menos penas.

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Porque del fracaso que retrata la caída de RTVV no se libra nadie. El fracaso es político, democrático y social. Y a todo esto, si es que cae, porque uno todavía no las tiene todas y ve al gobierno autonómico capaz de seguir tomándonos el pelo con una supuesta y 'esforzada' resurrección de RTVV. A ver.

Es un fracaso político por la incapacidad manifiesta de gestión. Un ERE fraudulento, ilegal, la escasez de voluntad negociadora y el carpetazo sin escrúpulos a 24 años de emisión en una decisión que solo necesitó de escasas horas para filtrarse antes de hacerse oficial. Hasta en eso se gestionó peor imposible la situación. De todas formas el fracaso ya se había asumido. Pero no se había reconocido y sigue sin reconocerse pese alguna que otra muy tardía disculpa.

El cierre (uso y gestión) de Canal 9 y Radio 9 por parte del Consell que ahora preside Alberto Fabra, que es lo mismo que si lo presidiese Francisco Camps, porque los problemas, en vez de solucionarse, tras equivocar una acción tras otra siguen rodando montaña abajo, es el resultado de un estrepitoso fracaso democrático. O lo que es lo mismo: el resultado de un continuada falta de respeto amparado en continuadas mayorías absolutas, que se entendían perfectamente tras analizar sin profundizar en exceso en lo que ofertaban los informativos.

Canal 9 fue instrumento político antes que medio de comunicación público en manos del Partido Popular en los últimos casi 20 años. He ahí la constante falta de respeto al conjunto de la sociedad valenciana, que en Canal 9 encontraba la ventana necesaria a todo aquello que consideraba suyo y contado a través de su lengua propia. El plan perfecto: sus costumbres, su oratge, sus calles, sus fiestas, sus sucesos... y la propaganda sin rubor. Había tardes en las que enchufabas el informativo y de repente con grandes gráficos, empezaban a llover millones y millones de euros: para la industria, para el empleo, para la agricultura, para la solidaridad, para la construcción, para el sector servicios. De boquilla había dinero para todos. Y así, un informativo tras otro. Daban igual los presupuestos. La cifras en una espectacular rotulación impactaban en una sedada sociedad, esa que en Canal 9 sólo quería ver sus cosas, en su lengua. Y el fracaso democrático se escribía en la falta de respeto y en la evidente falta de transparencia de la irrealidad televisada que escondía la verdad.

Serà per diners! Era todo tan divertido. O no. La tomadura de pelo ahí la tienen, ahora: ni la CAM ni Banco de Valencia ni Bankia cuentan con capital valenciano. Pero lo duro ha sido cerrar Canal 9. Decirle a la sociedad imbuída y a la otra también, a la que no podía ni asomarse al canal por salud, que se cierra la paraeta. He ahí el fracaso social.

Una sociedad desconectada de sí misma. Incapaz de comunicarse entre sí para analizar y compartir la realidad que se estaba cociendo a sus espaldas. La comunicación entre la sociedad valenciana ha fallado en la calle, el muro de la manipulación ha sido demasiado grueso, demasiado alto. Y los 'profesionales' que la servían, estómagos agradecidos. Meros funcionarios al servicio de esa mayoría absoluta o funcionarios silenciados o funcionarios que, lo que es peor, callaban y tragaban (¿pero se puede ser periodista y hacer periodismo ejerciendo como funcionario?).

Esos funcionarios que ibas a buscarlos y siempre los pillabas en su hora libre y hoy no tienen reparo en tomar el megáfono sindicalista o son capaces de poner cara de indignación, esos funcionarios que tan bien hicieron la pelota cuando pisaron el centro de Burjassot como becarios. Cualquiera diría, pasado el tiempo, que sabían de antemano que iban a hacer carrera allí.

La fauna en el nido de Canal 9 es tan amplia y tan culplable como quien más del fracaso social. Como la propia sociedad que vio, pero no supo encender las alarmas ante la que se avecinaba, y prefirió cambiar de canal.

Por esa libertad, pero sobre todo por la certeza de que posible tener esa televisión pública que hable de nuestras cosas y en nuestra lengua, desde la calidad y el respeto, y asumiendo el fracaso colectivo, RTVV debería renovarse desde ya, evitando su cierre.

Logo RTVV Nou

La situación que se vivió en la pantalla de Nou (aunque la mona...) la semana pasada fue paradójica cuanto menos. De repente se indignaron todos. Sí, de repente. Sin previo aviso a su audiencia. Los valencianos de la política, de los medios, los valencianos de la calle nos habíamos faltado el respeto. Y ahora de repente, hemos descubierto el pastel. Los que no hiceron por hacer sostenible, transparente, veraz y respetuosa la televisión pública valenciana, mejor que se tapen. O incluso dimitan. Luego, entonces, ¿queda alguien visible que no se sienta fracasado? Porque toca levantar demasiadas cosas.