12 mayo 2015

#sanisidro15/ ¡un novillero cargando la suerte... y las ventas a por uvas!

Se dejó sin excesos la de El Parralejo en su estreno en Las Ventas para tomar antigüedad. Faltó fondo, empuje, transmisión. Sobró simpleza. Madurez y valor en Gonzalo Caballero, aguerrido cuando no quedaba otra. De Fernando Rey apenas se enteró Las Ventas. La cátedra venteña estaba a por uvas cuando llegó un novillero que cargó la suerte de verdad para torear con mando y profundidad. Un pena. Apetece verlo con los mejores a este Fernando Rey de Málaga.




El primero de El Parralejo trae nobleza y sosería a la par. Cosatalazo de salida. Templado y despierto Gonzalo Caballero. La segunda serie en redondo ya recoge perfecta la embestida y la liga en el tercio. Muy despacio. Le falta chispa al novillo. Y fondo. Sitio, firmeza y suavidad con las telas de Caballero. Abandona la ayuda y torea al natural sobre la diestra. Sereno en las cercanías. Obra madura y limpia. Estocada en la yema. Alguna oreja se ha dado por menos este San Isidro. Solo ovación.

De Fernando Rey, el saludo de capa, la media, el galleo, la larga de remate... Dicen y mucho: Temple y gusto. Era su presentación en Madrid y ya andaba por allí con tremenda torería el malagueño. El novillo iba a ser el más ofensivo. Buena hechura, las puntas miran hacia arriba y buen son, pero sin la transmisión esperada.

Los doblones de inicio de Fernando Rey son un monumento. La embestida recogida, genuflexa la figura, por ambos pitones parece mejor de lo que realmente es. Temple en el trazo larguísimo. Abre la faena al sol, pero pronto se sale a los medios y ofrece distancia. Cita y ya la primera serie la embarca, la manda y la somete por abajo, y además carga la suerte.

Mano baja. Al novillo le duele. No se entrega y Rey que se lo trae a la cadera. Lo liga, se lo enrosca. La mano izquierda obliga a rectificar. Lo hace fácil. Encuentra el sitio rápido y sigue por ahí. La inteligencia de Fernando Rey impide los vacios

Al natural también se embragueta y manda mucho. Hay varios que son tremendos. De media circunferencia, ajustada al eje que carga la suerte, la pierna adelantada. Siempre. Pero algo sucede, la cátedra madrileña debe estar pensando en las musarañas y no se entera de la película. Sobra la última tanda a derechas. Novillo a menos, faena. Cierra por manoletinas. Espadazo a la segunda. Ovación.

Francisco José Espada torea con facilidad a la verónica, pero muy por fuera. No humilla el colorado tercero. Muy suelta la cara. No hay acuerdo ni tampoco luces. Fue el novillo de peores opciones.

Más pinta de toro el cuarto. En bastote. Seriedad del castaño. También más pechos. Bruto. De najas en la primera vara. Fernando Rey en el quite por lopecinas vuelve a demostrar capacidad capotera. En la larga de remate lleva muy toreada la embestida. El novillo se deja, sin más gracias. Permite la ligazón a Gonzalo Caballero, pero no impacta más allá. Llega el arrimón. Voltereta seca y tremenda cuando intentaba pasarlo por detrás. Órdago por manoletinas y estocada tirándose a matar sin muleta. Y claro, otro volteretón tremendo (que se suman a las tres que sufrió ayer en Sevilla). Oreja luchada.

Otro manojo de verónica de Fernando Rey para parar al quinto. Dionisos es su nombre.

Ayudados de inicio por arriba y por abajo. No humilla. A su altura. Pronto le hunde la mano. Es su forma natural de torear. No se entrega la embestida, rebrincada como una mala resaca. Este Dionisos no está borracho de raza. Más de garrafón. O de gañafón. Consigue someter por ambos pitones al menos en una tanda de cada. Embestida incómoda. Firme siempre Rey. Otro espadazo.

El sexto se movió sin mayor expresión. Espada ligò en líneas naturales y sin apreturas. Con continuidad sobre la diestra. Sobre la zurda faltó convencimiento. Y otra vez manoletinas. A la tarde le sorbró monotonía.