25 agosto 2013

#astenagusia13/ la torería todavía tiene premio: alberto aguilar lo demuestra en bilbao

La tarde de toros, con casi tres horas de metraje, tuvo por momentos media en toda la cruz y una fumada como para echarse una buena siesta. Peor no pudo ser la presentación de la ganadería charra de Adelaida Rodríguez en Bilbao con dos toros devueltos al corral y una mansedumbre tan atanasiada y una falta de casta tan generalizada, además de la flojera que motivó los pañuelos verdes, que dio a la tarde pocos agarraderos. Pero hete aquí que la corrida dio cabezadas, pero también espabiló en momentos clave y tuvo sus cosas. Bajando por General Concha dos señoras muy aseñoradas comentaban: "Pues yo no me he aburrido, la tarde ha tenido de todo", y hasta se acordaban del tumbo que el primero dio al picador. Qué tendrá esto de la Tauromaquia que en tarde de tres sobreros, frio, llovizna, derrumbes vergonzosos de los toros sin fuerza, la gente todavía se entretiene, mantiene la atención y sale con una sonrisa en la boca. Quien más hizo por ello fue un Alberto Aguilar pertrechado de una torería a prueba de toda inclemencia, como que te devuelvan tres toros al corral, nada pudo con su determinación que no cejó hasta obtener premio.


Que la torería todavía es valor que toma relieve en la tarde que menos te los esperas y merece premio lo demostró Alberto Aguilar. En su presentación en Bilbao la primera norma que asumió y plasmó en la negra arena de Vista Alegre fue no dar una paso atrás. La segunda, la que lleva bien mamada: la pureza del toreo.

'Cala Poco' enlotado como quinto, salió como segundo bis tras la devolución del titular, y al final fue el mejor de los cinco de Adelaida lidiados. Sacó nobleza y clase sobre el alambre. Y de repente Alberto Aguilar se puso dibujar naturales con enfrontilada entrega de puro placer. El temple atanasiado. Los vuelos, una caricia. Un buen manojo que debieron ser más. Faltó insistir por ahí. Hubo naturalidad y aplomo, ningún retorcimiento. También faltó una estocada letal. Pero el toreo se vio por naturales interpretados por Alberto Aguilar.

Hasta tres toros tuvieron que salirle para desarrollar el quinto capítulo. Tras los rechazados de Adelaida Rodríguez y El Puerto de San Lorenzo --que se llevó un buen manojo de verónicas en el saludo--, quedó otro del Puerto que fue enorme, gigantesco. 676 kilos rezaba la tablilla. Era el remake de David y Goliat una vez más, pero esta vez sin violencia. El gigante fue pacífico. No derribó ni al picador, porque no quiso ni lo intentó, pero lo habría hecho con tremenda facilidad si solo con chocar contra el peto hizo retroceder al caballo cuatro o cinco metros. Espectacular de volúmen, más frente al menudo Alberto Aguilar, pero no sobrado de fuerzas para sostenerse y una voluntad escasa que necesitó de incentivos.

Fue a partir de ahí, en el mismo empeño de la torería de Alberto Aguilar, que se agigantó a través del toreo, cuando el toro sostiendo con alfileres (y el temple de Aguilar) toda su masa, encontró esos incentivos. De nuevo la zurda de Alberto Aguilar se entregó, pulseó y desplazó con el lomo llegándole al cuello toda esa embestida. La fe de Alberto Aguilar (en su torería) logró mover, torear la mole. Primero lo intentó ofreciendo distancia, pero el Goliat buscó la querencia de la madera y allí fue donde surgió todo. Hasta la última gota de embestida condujo con tremendo ajuste y pureza Alberto Aguilar al del Puerto de San Lorenzo. La faena inexplicablemente fue a más, convenciendo con total entrega al toraco y sobre todo al público, que estaba noqueado tras ver dos toros devueltos al corral y al final acabó entregado a la causa de la torería y tras los doblones torerísismos y la estocada sincera de Aguilar le concedió el premio en una faena que no necesitó ni de música. Un oreja inventada en la tarde más torcida frente a un toro salido de madre y pero una oreja que es un premio a la torería de Alberto Aguilar. Que le reserven fecha para la Aste Nagusia del 2014 ya.

Los otros despertadores de la tarde fueron los Adalid, Fernando Sánchez y Tito Sandoval, quienes a las órdenes de Javier Castaño pusieron emoción y sus actuaciones recibieron rotundas ovaciones. Muy asomados a los amplios balcones que lucieron los atanasios de Adelaida Rodríguez Adalid y Sánchez en los dos toros que banderillearon. Y de manual lo de Tito Sandoval a caballo y vara en mano. La facilidad y pureza, las ventajas que da al toro. Tres varas medidas le recetó al cuarto, la tercera --tras una fenomenal quite por faroles de Alberto Aguilar-- muy en largo, a un toro de escasa entrega pero que en el peto tuvo sensación de poder por esas mismas ventajas. Y a Marco Galán los buenos capotazos que le dio al cuarto también valieron para saludar.

La rajada mansedumbre afloró en el último tercio. Tiempo de siesta. Tranco, pero sin emplearse. Huyendo con ese trotecillo absurdo del toro que no quiere ir a ninguna parte y Castaño con montera calada no se enfadó, acompañó al trotecillo, acompañó a la siesta. Antes con su primero, con toro muy aplomado, se justificó de arrimón.

David Mora no eligió bien los terrenos del abantón que hizo tercero de la tarde. Muy corretón, no se detuvo desde la segunda vara hasta que llegó a la muleta de Mora. Se sujetó fácil hasta en terrenos equivocados, muy cerca de los medios y sin ajuste. Pero ahí se empleó mal. Más cerrado, a lo mejor, tal vez, quizás, también más de verdad...

Y el sexto de Adelaida tuvo la cara muy suelta y se empleó poco. Aunque tampoco David Mora se implicó en exceso, más allá de las verónicas de recibo nada, más pendiente de abandonarse que de imprimir mando y temple. Así la tarde acabó fumada, echada con media en la cruz casi tres horas después, pero con el recuerdo de que la torería todavía cotiza. Enhorabuena, Aguilar.