18 septiembre 2013

el juli arrolla en una intensa tarde de toros en albacete

Salvo porque la corrida bajó en la cara menos ofensiva del cuarto o la hechura más recortada del quinto, tirando a anovillado, y de los seis (cinco de Daniel Ruiz y uno, tercero bis, de El Torreón) ninguno empujó con clase al peto, sino que al contrario se defendieron, cabecearon y les dieron mal que bien un sola vara, por lo de más, y ahí mira si queda, la corrida estuvo cargada de intensidad. De las que saturan por contenido, con mucho toro, muchas embestidas que meter en la muleta, una así, otra asá. Y enfrente tres actitudes de figura que va de la científica a la arrolladora, pasando por la que va a caraperro. Ponce, El Juli y Sebastián Castella y en plaza de Albacete con el público bien apretado. Así da gusto.


No hubo momento de echar las cartas, de pedir pasar página rápido, de aburrirse. Cada faena tuvo un hilo de misterio que nadie se atrevió a cortar antes de tiempo y ahí dieron la cara los tres. Pero de los tres fue Julián López 'El Juli' quien redondeó a compás mejor su tarde. En parte porque se llevó el lote. Pero en el resto porque se encajó perfecto con cada toro según tocaba y exprimió las embestidas y ligó el toreo hasta ese punto límite donde o cruje el propio toreo o te crujen.

El segundo, 'Golondrino' (en la foto), fue un pera en dulce. El más franco, noble, el de embestida más hocicada, más entregada. Desde el minuto uno hasta que la muleta de El Juli dijo basta. Faena incontestable de dos orejas y de reconocida nobleza y entrega --esa que no tuvo en el peto-- del Daniel Ruiz con la vuelta al ruedo. Desde el principio, un circular en las rayas. El cambio de mano. Un trincherilla única por temple y naturalidad y uno del desprecio sin violencia alguna, muy toreado. El temple, como quien dice, venía de serie. La naturalidad trató de imprimirla El Juli en las dos primeras series. A derechas y a izquierdas. Y por ahí creció la faena. La embestida hocicada y una muleta que cada vez quería llevar su trazo más allá. Con la bamba a rastras y muy dispacio. Por la vía de la profundidad y el temple El Juli argumentó un faenón que hubiera sido ya la repera si en vez de dar la cadera hubiera dado más el medio pecho, la suerte se cargase antes y, sobre todo, el cuerpo en vez de volcarse hacia adelante se descargase sobre los riñones.

Pero más allá de matices artítiscos, queda su muleta, la de El Juli, que conveció cuando parecía que el toro iba a negarse. Prodigió de temple. Sujeta la embestida por el hocico, con los vuelos. La embestida a más, el natural de más largo todavía, la ligazón creciente. Y la mano derecha que también la cuajó. De cinco y un cambio de mano contestado de gañafón apuntando a la ingle.  Y otra más en redondo y redonda. De mano soterrada y otra vez la naturalidad. Y esta vez sí, arriñonado, con el pecho yéndose tras la embestida, muy atrás, y un remate por abajo que no es un trincherazo ni un molinete, pero que fue de lo más torero e inspirado. El arreón final por circulares y borrachera de toro. El espadazo y las dos orejas. La vuelta al ruedo al de Daniel Ruiz. Mucho toro y mucho torero.

Como a oleadas, siempre viniendo muy en desordenada tromba fue el quinto (en la foto). De trapío más escaso, pero con una película que plasmar en las telas. Venía así, entre gazapón y probando siempre. Sobre todo en el inicio de faena en el que la solución no se vio clara. Temple y tragadaras. Atar la embestida a la tela y ganarle el pulso. De nuevo fue la zurda donde apuntaló El Juli su poder. Tragando hasta llegar a ese cuarto muletazo en el que el pulso o se ganaba profundo, como sosteniendo el tiempo, o se jugaba con el fuego de unos pitones que lo tenía medido. Se libró por poco de la cornada que se perdión en el pechera de la chaquetilla. La reacción sobre la diestra apabullante y el abaniqueo en una faena en la que poder y emoción se palparon. La estocada necesitó de tres golpes descabellos, y aun así sumó una tercera oreja para culminar una tarde en la que vació total El Juli.

Lo de Castella no debe pasar desapercibido. Por la forma, el modo y fondo con el que plantó car al lote de más complejo. Es lo que decíamos al principio, siempre hubo un hilo de misterio y el Castella fue el del suspense. Así lo quiso el tercero que se rompió al primer lance y ni el mismo Florito con sus bueyes en Albacete pudo con él. Tuvo que ser Castella a estoque tras casi media hora trajín como aperitivo al sobrero de El Torreón (en la foto) que era un tío con dos velas y buen cuajo.

Poca entrega. Fijo pero por arriba en el caballo. Castella, en el sitio, le propuso el envite con el valor y más. Pero no se fue tras los vuelos más de serie y media. Lo tardo y probón que era se agudizó hasta negarse y cuando parecía que por la vía de la épica había final feliz musicado incluso, todo fue a peor. Con la espada también.

Así que la única carta que le quedaba, la del sexto, no iba a devolverla. Se venía sin franqueza, midiendo mucho. Pero el comienzo fue a caraperro. Atornillado y por alto a pies junto. El ay se hacía presente. La cara suelta, los gañafones desparramándose y el francés como un témpano. Había que atar la embestida y no dejarle la mínima rendija, tampoco que hiciera presa. Y de eso a punto estuvo en la primera serie. Tras someter dos muletazos abajo, vino otra vez el ay. La cara a media altura y un par de pitonazos, pasando como sin ir metido en la tela. Y Castella a caraperro. Puro hachazo de valor sin estridencias ante un toro incierto, que se la guardaba siempre, en una faena de poder, de mando y aplomo. Enorne el mérito. Y el aguante hasta el heroico tercer muletazo, y esa zurda que ha crecido tantísmo esta temporada --en València, Madrid-- y que en Albacete se reivindicó mandona y sedosa entre tanto gañafón. Y el pulso lo llevó Castella al límite, hasta ganarlo sobre ambas manos tras ofrecer pecho y muslos. Y apuntarse el tanto del cuarto natural de la serie sin perder las formas, ganar la partida y demostrar poder con los circulares de remate. Pese a pinchar antes de la estocada, un orejón para el francés Sebastián Castella.


Ponce si no tocó pelo fue en parte por la espada y porque su lote se quedó muy medias y también porque Ponce tiró por más por la ciencia. Así, apenas trascendió su labor al primero, un tal Puñalero de Daniel Ruiz de poca entrega, la cara muy suelta y metiéndose por el derecho. La labor de Ponce con más fondo que vistosidad y tras la media caída quedó el premio en ovación. El cuarto (en la foto), hondo y menos ofensivo, tuvo un excelente arranque, yendo siempre a galope pero sin rematar. Frenándose, sin finales que dicen. Luego en el último tercio tampoco repitió. Toro en definitiva mentiroso que se llegó a brindar al público. Por el derecho lo logró romper adelante e incluso hacerle repetir. La ciencia de un Ponce que no acabó de pegar ese arreón con el que marca tantas diferencias. Por el izquierda, pésimas las formas. Otra vez la espada, muy caída. Quedó en otra ovación.

La tarde tuvo a El Juli que reventó de toreo con el mejor lote. A un Castella que pese a irse a pie le quedará el regusto de haber podido a un toro más allá de su voluntad. A un Ponce que sin acabar de decir allá voy, enjaretó dos faenas con su chicha y solo la espada le privó de palabras mayores. Y por último, la tarde tuvo la variada, encastada y bien presentada corrida de Daniel Ruiz (que sustituyó a la de Las Ramblas) que siempre dio una respuesta al toreo, con mayor o menor entrega, mayor o menor franqueza, pero abriendo un interesante gama de posibilidades. Tantas que a la tarde no le faltó intensidad para cerrar una Feria de Albacete ejemplar.