07 octubre 2013

román, el más listo de la clase en medio de una moruchada infame de simón casas

Plaza de toros de València, 6 de octubre de 2013. Primera de la Fira de la Comunitat. Novillos de Los Galos bien presentados pero imposibles por descastados. Fernando Beltrán (ovación y ovación tras dos avisos), Román (oreja en ambos, salió por la puerta grande) y Lama de Góngora (vuelta al ruedo y silencio). Casi media plaza (unas 4.000 personas). [VÍDEO]

Casi media plaza para una tarde de enormes ilusiones. La culpa, la faena soñada de Fernando Beltrán en la última de Algemesí. El triunfo lo emparentaba directamente con Román y en València. Ambos triunfadores de Algemesí, el cartel provocó la paradoja de anunciar además al 'triunfador de Algemesí'. ¡Pero si ya están anunciados! Nada, había que poner a otro que también hubiese dicho algo en el pueblo de La Ribera y la muixeranga, aunque el sentido común pidiese a gritos el mano a mano. Y entró Lama de Góngora.

La tarde, la novillada, se planteó entre Beltrán y Román como 'La Batalla de València', auténtica y sincera, a la que también se apuntó el sevillano Paco Lama. Pero el productor y hoy también ganadero, Simón Casas, metió una moruchada infame de su propiedad para estrellar tantas ilusiones. Por ahí se despeñó la tarde sin remisión, las ilusiones al garete y el personal maldiciendo al francés y sus toros 'galos'. Y solo Román, el más listo de la clase, se abrió paso con suficiencia hasta atar de sendos espadazos la puerta grande que el presidente Amado --otra vez Amado y Román-- no pudo negar esta vez.

La novillada de Los Galos fue de casta nula. En el lado positivo, la nobleza. Pero luego, nada más. Novillada de excelente presentación, pero hueca. Cuando la fecha de este 6 de octubre tras los sucesos de Algemesí centró toda la atención la primero duda que se me planteó fue ¿pero eso va embestir? La respuesta, finalizada la novillada, fue de no rotundo. De seis, ninguno. Más que mansedumbre. Descastamiento. Más cerca de lo morucho que de lo bravo. Se paraban. Y el que más llegó a tener cuatro series.

El primero de Román no tuvo más de serie y media. En el principio ya lo marcó: metiendo bien la cara pero costándole un mundo irse. Al tercer muletazo de la segunda serie echó el freno a la altura de los muslos y así. Tragó Román, lo esperó, lo dejó llegar y lo acabó por vaciar. Y así hasta meterse dentro de los pitones a ver quién aguantaba más y exprimió la nula voluntad hasta límites insospechados, soportando miradas y parones sin cambiar la respiración, tirando con temple e infinita paciencia, la del que lo ve claro y se agarra al piso con una seguridad insultante en su muleta y su espada: estoconazo y una oreja.

El quinto fue manso, pregonao y de muy escasa casta. Mientras pudo campó a sus anchas, corrió, arrolló, buscó puertas por las troneras de los burladeros y así hasta que de repente la muleta de Román le dio ventajas: el necesario inicio por doblones, la distancia, pero a la mínima que marcó el manso tomar las de Villadiego, Román le ganó el paso, lo ató a la franela, y esos andares tan campantes de pregonao, se vieron reducidos, relentizados en tres muletazos en redondo en el corazón de la segunda tanda. Ahí la voluntad del novillo echó la persiana por fin de existencia de casta. Pero la capacidad de Román siguió hurgando donde había poco. El atragantón con estómago, corazón y bragueta más que suficientes. Sobrados. El terreno donde tenía que ser sí o sí. El secreto, esos tres muletazos de la segunda serie y el sitio al que le llegó al toro como quien dice que colecciona sonrisas así como así. La manoletinas acabaron por pegar el calambrazo y el espadazo ratificó el trofeo, la puerta grande y que Román en medio de una moruchada había sido el más listo de la clase y alguna que otra cosa más.

Fernando Beltrán ratificó lo que nos emocionó en Algemesí, que estamos ante un torero distinto, de acusada torería con un sello de melancolía en su toreo que arrebata a quien lo contempla. Su tarde, estrellada ante dos animalejos tan lustrosos como descastados, fue de detalles. Más con el capote que con la muleta, porque al último tercio le llegaron parados ambos novillos.

Con la capa un par de medias inventadas de saludo a su primero cuando parecía ya acabado el novillejo. Una larga torerísima para dejar en suerte el toro al picador, otro remate con las vueltas de la capa y un maravilloso quite de dos chicuelinas y una media recogiendo tela por arriba tremendamente amorantao. Y cuando decimos amorantao lo decimos con todas las de la ley. Porque eso, esas chicuelinas al sexto, para irse dejando buen sabor, para darlas así no hay casualidad. O se sienten o se sienten. De esa media Beltrán salió apretado por el novillo, ya quedándose en su viaje por la nula casta, y cayendo a merced de animal sin más consecuencias porque los capotes llegaron a pronto.

Con la muleta dejó su empaque en un par de naturales ante la embestida inexistente y otros tantos en redondo. Muy entregada la figura, hundido el mentón y asentado sobre los riñones siempre y hasta que el descastado se metió en tablas. Como haría el cuarto. Los dos novillos tuvieron una falta de casta muy semejante y ya de salida tendieron a barbear y a pararse rápido. La faena al cuarto se estrelló con el de Simón Casas pegado a tablas, negado a cualquier movimiento y ante todo estímulo. Hubo una serie breve en ataque desesperado, pero de gran belleza por los tres que ligó y el remate por abajo. Con la espada hay que encontrar el sitio, Fernando. Y la temporada 2014 se plantea ilusionante. Será tu año, seguro. Ha quedado claro que estamos ante un torero especial.

Lama de Góngora no quiso resignarse a su papel de convidado de piedra. Entendió perfectamente la tarde desde el momento en que Román se fue a hacer el quite al primero de la tarde. Había batalla, pero la munición venía mojada por la falta de casta. Pero siempre trató de ser más este sevillano.

A punto de tocar pelo con su primero, quizá el novillo de más duración. Le duró el depósito cuatro series, no más. Muy cornalón y amplió de sien, fue capaz de tomarla por abajo y Lama de irse al sitio y correr la mano con temple, echarle su empaque y ligar aquello hasta que tuvo apretar, tirar de firmeza y dejarse llegar los pitones muy encima. La estocada de primeras pero caída le dejó el trofeo a centímetros. Del marmolillo sexto, otro mulo solo pudo extraer muletazos sueltos casi de pura casualidad.

La tarde que se prometía de ilusiones y emociones intensas acabó en el tostón que produce la falta de casta. Solo Román echó a volar con tremenda suficiencia por la puerta grande. Y eso dice mucho ya de lo que es capaz.

PS: Ojo a la tarde que echó con capote y banderillas el torero de plata Javier Rodríguez. También se desmonteró Raúl Martí.