13 marzo 2014

#fallas14/ el manifiesto fortes

FICHA DEL FESTEJO
Plaza de toros de València, 13 de marzo de 2014. Quinta de la Feria de Fallas. Seis toros FUENTE YMBRO bien presentados y de juego desigual. Encastado el segundo, nobles tercero en manso y sexto. Manejable el cuarto, sin fondo el primero y bruto, sin emplearse el quinto. ANTONIO FERRERA (silencio; gran ovación tras aviso), JOSELITO ADAME (silencio tras aviso; palmas con saludos) y JIMÉNEZ FORTES (oreja tras aviso; oreja y salida por la puerta grande). Al finalizar el paseíllo se ovacionó a Antonio Ferrera por su presencia. Algo más de un cuarto de entrada (unos 3.000 espectadores)

[FOTOS :: JESÚS CAMACHO].


Antonio Ferrera vino a València con la herida de Olivenza todavía fresca. Con el distinguido azul y plata que lució allá. Gesto de torero y ejemplo de torería durante toda una fría tarde de la que emergió un Saúl Jiménez Fortes macerado en hielo, vestido de caliente grana y oro. Sujetó el valor, explicó el concepto con el más templado lote y el conjunto, según remataba de dos espadazos antológicos cada faena y más allá del premio --un oreja de cada toro--, se antojó la lectura de un manifiesto. El manifiesto Fortes. Punto uno: el valor es ponerse aquí, no rectifar y pasarse los pitones del toro más cerca que nadie. Punto dos: las telas vuelan sutiles. Punto tres: los aspavientos sobran, nuestro hielo no se derrite... Y así.

Fortes se apuntó al quite del muy encastado segundo. Las chicuelinas, de infartar. Era el primer aviso. El punto primero del manifiesto. El que todos se sabían. Así, el inicio de faena al tercero por estatuarios fue un 'como íbamos diciendo'. Largo y fino, pelo castaño, 'Sabueso' el nombre, hasta el momento el de mejor hechuras y más temple. Ahí el sorteo sonrió a Saúl. Los dos toros más finos, menos apretados de carnes no se abrieron y la bolita fue para el malagueño. Y así se explicó. Venía el castaño haciendo cosas raras, atropellando por el derecho, metiéndose. Susto a Fortes al llevarlo al caballo cayendo de culo en la misma cara. La virtud, el temple. El inicio por estatuarios en el mismo platillo, de ay. Y del ay, el toreo. Punto dos del manifiesto: Las telas se agitan sutiles. Y el del desdén y el de pecho sin enmendar la planta brotaron desde los mismos vuelos perfectamente enganchados, perfectamente ligados. El manifiesto, de efectos inmediatos. Los adeptos se sumaban como un resorte. Tres: cero aspavientos. La actitud forma parte de la propia naturaleza de Fortes. No hay tensión aparente. Y al toro, suavidad. 

Manseó, buscó la salida. Fortes resuelve. Lo sujetó primero frente al cinco y el seis. Ese temple, más el temple de la embestida que traía al toro. El muletazo tiende a enroscarse, las zapatillas bien amarradas.  El cuerpo siempre encajado de riñones, la cintura acompaña la embestida. Rajado ya el animal, el fuenteymbro buscó chiqueros. Allí ligó el imposible, acortó las distancias que siempre le había concedido y cerró por bernardinas de cardiólogo. La estocada, la ejecución de la suerte, de libro. La oreja.

El sexto fue un bendito. Con la raza sufiente como para no irse y no derrumbarse, con el empuje como para venirse alegre en los primeros cites, aunque le faltaba un final más intenso. El Fortes de hielo, imprimió la calidez del temple. El toro fino, con cuello, escurrido. Hechurado para embestir. El manifiesto se propagaba y València se preparaba a para abrirle la su Puerta Grande de para en par. Fortes se enroscaba la noble embestida a la cintura, templó el natural con largura y acabó en su sitio, entre los pitones con esa suficiencia que transmitió toda la tarde. La rúbrica al manifiesto Fortes fue otra estocada cobrada con especial lentitud. Despacio, como dice su manifiesto --y el de todos-- que se debe hacer el toreo y se debe andar por la plaza. Fue otra oreja y a hombros que se fue Jiménez Fortes. Por si alguien no lo había tenido en cuenta: este quiere guerra.

Antonio Ferrera fue otro que echó una tarde de toros tremenda. Torería y madurez. El gesto de venir a València herido no tuvo más que la ovación de gratitud del público. Ferrera no escatimó ni en banderillas ni como direcctor de lidia. Siempre al quite, siempre colocado. Su primero tuvo poco fondo, raza escasa. Colorado claro, muy musculado y hondo. Ferrera le hizo todo a su favor. Pero del peto salió muy afligido. Falta de facultades o de casta, se empleó mal en las telas. Ferrera sobre ambas manos le tragó hasta que hizo ademan de escarbar el bicho, y lo asó de estocada caída.

Conforme estaba Ferrera de metido en la tarde, más el gesto de venir herido, no habría estado de más que se hubiera aplazado la merienda (o que hubiese venido más gente: muy floja la entrada). Más que nada porque la mayoría ni se enteraron de lo que fue toda una lección de cómo se lidia un toro. Desde el quite al sacar al toro del caballo por chicuelinas. Fue un toro bajo. Tal y como cantaban sus hechuras, muy expresivo en su actitud al embestir. El efecto de la puya se hizo de notar. Pero Ferrera, que había brindado al Niño de Leganés, hizo alarde de inteligencia. Dio todas las ventajas y administró perfectamente esa casta buena. Ofreció distancia. Hasta cuatro series citando a más 10 metros, y a más cada una, en encaje, ajuste y gusto. Y la mayoría del personal, sin enterarse, estaba todavía de merienda. Los natulares fueron recrados, ya en corto, en terrenos de adentro. Como pinceladas, vertical el torero, hombros caídos, mentón hundido. Pero se le fue la mano al entrar a matar. La ovación de reconocimiento fue de gala. Pocos en el escalfón son capaces de dar una tarde de toros así de complenta en todos los tercios, en todas las lidias.

Joselito Adame mostró actitud, capacidad, pero no trascendió a cotas más profundas. Vibrante fue Víbora. Encastado, con motor. De buena reata le viene al fuenteymbro. Toro más terciado. Fuerte por delante, escurrido de atrás. En negro. Con pies, escarbador. Faena de distancias, con abuso de la diestra. Ligazón y repetición, pero sin saltar las chispas. Lo más ajustado, en la única serie al natural con la pata para adelante. Luego, la demora a la hora cuadrar, la necesidad de doblarse con el tal 'Víbora', evidenciaron que había faltado sometimiento. Y Adame que es de sangre caliente acabó viendo como al conjunto le acaba ganado el frío. Y con el bruto, basto y altón quinto, más allá del buen tercio de quites entre las bien mecidas verónicas de Fortes y las espectaculares y resultonas zapopinas del mexicano, Adame se estrelló pese a intentarlo de todas las maneras y todos los terrenos.