25 mayo 2014

la huella de #sanisidro14 (II), por ángel moreno

Tras el éxito de la primera entrega, el amigo, buen aficionado y abonado de Las Ventas, Ángel Moreno, vuelve a compartir su impresiones tra lo sucedido en la segunda semana de este #SanIsidro14. Un análisis sentido y sereno en el que imprime la huella de una semana de toros en Las Ventas en la que el dolor y la gloria fueron tan intensos como solo pueden ser en una plaza de toros. Ahí va, partiendo del domingo 18 de mayo, la segunda parte de La Huella de #SanIsidro14:

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El segundo domingo del abono programaba un cartel muy apetecible, con tres toreros con mucho que decir, pero como viene siendo habitual, se había elegido para la ocasión una corrida con pocas garantías de embestir. No por la ganadería, sino por lo feos y contrahechos para hacer el toreo que fueron los animales de Couto de Fornilhos y Gerardo Ortega.

La corrida fue más un ejercicio de imaginación que otra cosa. Imaginamos que si le embiste uno a Paulita podemos enloquecer con su manera de componer la figura y acompasar con la cintura y el pecho las embestidas. También podemos llegar a imaginar cómo sería de puro el toreo de Morenito de Aranda viendo como cita e intenta rematar con hondura las suertes, y podemos seguir creyendo que Sebastián Ritter puede llegar a torear bien porque su concepto se basa en un valor impresionante.


Fotos :: Juan Pelegrín - Las Ventas |



Como era lógico, la corrida no dio ninguna opción de triunfo y todo quedó en un espectáculo aburrido pero que genera ilusión por ver de nuevo a estos tres toreros.

José Antonio Carretero hizo en la lidia al cuarto lo más sólido y apreciable de una tarde de imaginar. Fueron sus cuatro capotazos ilustrativos de lo que es lidiar un toro para ayudar a éste a desarrollar virtudes y mejorar su condición.  

La segunda novillada de la feria fue preciosa de hechuras, inmejorable de presentación, ojalá siente precedente y las próximas que veamos en esta plaza se acerquen a la lidiada de El Montecillo.

'Ilustrado' se llamó el novillo que hizo cuarto, y que ahora estará en el olimpo de los toros bravos. Serio y formal en todas sus arrancadas, extraordinariamente bravo. Si cabe alguna pega es que del caballo del picador se fue suelto pero esto de la bravura nunca es exacto. Lo que evidenció su bravura es que cuanto mejor se le toreaba mejor embestía, que cuanto más se le exigía mejor respondía y eso es bravura. También lo es ese ritmo en las embestidas con el hocico arrastrado por el suelo, ese fondo de nobleza, esa clase en la forma de colocar la cara en la muleta del torero, esa profundidad... 'Ilustrado' fue para soñar el toreo.

 

Y lo soñó Francisco José Espada, novillero de Fuenlabrada. Fue una faena de alma torera y de las que no apetece meterse en matices técnicos. Espada se entregó desnudo de experiencias defensivas a la bravura del animal y surgió la comunión. Un toreo frágil y sutil que tuvo su momento más sentido por pitón izquierdo, al natural, con un trazo suave y virginal que embriagaba por su pureza. La faena también rayó a un nivel altísimo en dos tandas sobre la mando derecha. Acabó el torero volcado sobre el novillo con absoluta entrega y le valió para cortar un trofeo. El asunto bien podría haber servido para sacar a Francisco José por la Puerta Grande, pero faltó sensibilidad para enjuiciar la obra del joven Espada.

El martes 20 de mayo se disfrazó la tarde de tragedia en la plaza de Las Ventas. Nadie habrá sido capaz de olvidar aquellas imágenes de los tres toreros gravemente heridos, David Mora, Antonio Nazaré y Jiménez Fortes. Se vació la plaza tras la muerte del segundo toro con el publico derrotado por la cruel realidad que hace grandioso este espectáculo y con horrible sensación de tristeza y amargura.

Al día siguiente había toros de nuevo en la misma plaza, como si nada hubiese pasado, la vida sigue, pero hay que dejar constancia de la admiración a esos tres héroes que seguro ya están intentando olvidar el dolor y pensando en volver a ponerse en el lugar que el destino le tendió una trampa mortal, en la que por su superioridad para afrontar la vida, ésta, no les dejará caer.

Repitió paseíllo Juan del Álamo tras su brillante actuación de días pasados. Hoy lidiaba con una fuerte y astifina corrida de Juan Pedro Domecq pero que tuvo poca potencia. En el tercero estuvo la clave que puso argumento a una insulsa tarde. 'Gerolimpio' se llamaba el toro. Fue picado con acierto por Óscar Bernal y  lidiado de forma primorosa por Pablo Saugar “Pirri”, lo cual mejoró notablemente el comportamiento del animal.

'Gerolimpio' tuvo movilidad y obediente nobleza durante toda su lidia. Siempre iba fijo en los engaños tras las pautas técnicas que le ordenaba el torero. El animal tuvo el defecto de renquear de los cuartos traseros al salir del embroque. Ese último golpe de riñón le impedía desplazarse lo suficiente en el remate de los muletazos y siempre se quedaba muy cerca del torero. Tan dúctil era el animal que jamás hizo por arrollar a Juan del Álamo. Este matiz, por física pura, impedía que la faena fuese lo ajustada que todos deseábamos porque el torero estuvo sensacional.  


Decidido el de Ciudad Rodrigo, pronto se puso a torear, con la muleta muy adelantada, enganchando muy lejos y estirando al máximo las embestidas del animal. La segunda tanda fue más obligada y la tercera por el mismo pitón más encajada aún. El toro por el izquierdo tenía un punto menos de calidad y la faena perdió intensidad. Terminó la faena por el pitón más potable y con la tanda más rotunda de la faena. La suerte de matar la hizo perfecta y la estocada quedó en el sitio preciso. Nueva oreja para el torero de Ciudad Rodrigo.

Llegó el día que más expectativas había levantado en la feria, ese que nadie quería perderse, ese en el que pensamos que se hace todo con sumo cuidado para que nada pueda salir mal, llegó ese día, y de nuevo los responsables del entramado taurino fallaron. Un encierro impresentable de Montalvo, impropio para un festejo de tal categoría reventó la ilusión de mucha gente.

Aun así, con todo en contra, encontramos un oasis con el que paliar la tediosa tarde. Surgió la magia del toreo de las manos de Alejandro Talavante. Un recital de toreo al natural, toreo puro y salvaje impuesto a un toro cobarde con tendencia a huir pero que tuvo un embroque de extraordinaria clase. 


Soplaba el viento, pero a Talavante parecía no molestarle. Se colocó en los medios con la muleta cogida por el centro del palillo, mejor que nunca la ha cogido, para llamar al distraído 'Saqueador', que así se llamaba el toro de Montalvo. El toro venía y se iba cuando le parecía pero entre el me voy y me quedo, Talavante, siempre perfectamente colocado y arriesgando la vida en cada cite, le enganchaba con los vuelos, ceñía a Saqueador a su esbelta cintura y lo conducía con temple inmaculado hasta donde permitía la longitud de su brazo y el juego de su privilegiada muñeca.

La faena alcanzó cotas de triunfo, pero el matador se precipitó a la hora de entrar a matar y todo quedó en una cariñosa ovación desde el tercio.

Alejando Talavante siempre ha tenido un magnetismo especial con el público de Madrid, además de la muñeca más sensible del escalafón. Se coloca de una forma más natural y la dimensión que alcanza su toreo es realmente estremecedora. Nos quedamos con ganas de más, esperamos que el destino ponga en suerte al extremeño un toro bravo con el que podamos disfrutar de este cambio evolutivo en su concepto del toreo que parece surgir de la más íntima libertad.

Cerramos las segunda huella de #SanIsidro14 con la explosión de toreo de Miguel Ángel Perera, tres orejas y Puerta Grande para el torero que ha pasado por la feria con más rotundidad. Quizá haya sido tarde más importante de su carrera. Impresionante su toreo, apabullante su serena actitud y aplastante su autoridad.

Su primera faena rozó la perfección y a ello colaboró un gran toro de Victoriano del Río. Un quite por chicuelinas rematado con dos cordobinas sublimes fueron la carta de presentación del torero. Antes de coger la muleta invitó a sus banderilleros Juan Sierra y Joselito Gutiérrez a recoger una merecida ovación por la exquisita lidia que le dieron al toro.

La faena tuvo un inicio por estatuarios de infarto rematados por bajo con torería, a partir de ahí comenzó la sinfonía de toreo que tuvo al temple como argumento principal. Más despacio creo que no se puede torear, como imposible parece torear más ajustado y profundo. Hubo muletazos tan largos que daba tiempo a fumarse un cigarro. Resultó maravilloso ver ese tiempo que el torero ofrecía al toro entre un muletazo y el siguiente para que el animal tuviese la oportunidad de elegir entre seguir la tela o el cuerpo de quien lo toreaba asentado en la arena.    

La imagen imperecedera en la memoria de los presentes será la de toro y torero fundidos en un solo espacio. El hocico del animal imantado a los flecos de la templada y dominadora muleta de Perera y el flexible cuerpo del bruto enroscado al cuerpo del torero.

Hubo más cosas interesantes a lo largo de la tarde, El Juli se jugó la vida con un toro que quería meterle en la enfermería y Manzanares estuvo elegante pero no acabó de aprovechar un toro que parecía hecho a su medida. Rayaron a gran altura las cuadrillas. Extraordinarios con el capote José María Soler, Curro Javier y Rafael Rosa.

Acabó la tarde con un toro de condición áspera y desagradecida que acabó sometido a la voluntad de Miguel Ángel Perera. El extremeño se impuso con firmeza y consiguió cortar otra oreja. A esas alturas de la tarde todo el mundo estaba ansioso por sacar a hombros por la Puerta Grande al que a día de hoy es el indiscutible triunfador de la feria.