18 mayo 2014

la huella de #sanisidro14, por ángel moreno

(Hacía tiempo que quería contar con su colaboración en el blog. Desde que lo conozco, pero sin insistir demasiado, algún San Isidro atrás le pedí que se escribiera algún breve apunte de cada tarde. Hoy hace el debut por aquí Ángel Moreno. Repasa la huella de lo ya sucedido este #SanIsidro14. Merece la pena atender sus reflexiones, porque es de los pocos buenos aficionados que uno conoce --y eso de ser buen aficionado y ejercer de tal es cada día más difíci. Bienvenido, Ángel)





LA HUELLA DE #SANISIDRO14. Por Ángel Moreno.

Comenzó la feria, llegó Diego Silveti y se jugó la vida, así, de primeras. Con una corrida de Valdefresno vacía de raza, mansa. No le quedaba otra al mexicano, que había pasado desapercibido en su primer turno. Salió el último de la tarde y puso todas sus cartas boca arriba. El peligroso animal no ofreció ninguna embestida propicia para ejecutar el toreo con lucidez y el torero no tuvo más opción que tirar de la épica para que el gentío saliese de la plaza hablando de él. ¿Coraje? Quizá fuese la necesidad, pero merece la oportunidad de demostrar si fue coraje o se trata del fondo torero que deja entrever.

Sigue la historia con Juan del Álamo. La evolución de éste matador está siendo digna de admiración. Cada tarde más maduro, más solvente y capaz delante de los animales. Es apreciable un crecimiento en la técnica del torero de Salamanca. Ahora fluye todo más sutil, con más suavidad en los toques, apenas perceptible la brusquedad a la hora de vaciar el muletazo. Cortó una oreja tras una rotunda faena a un sobrero de El Vellosino. Toro de avanzada edad al que le costó definirse, pero que tuvo fondo de bravura que el torero supo aprovechar de forma inteligente. Inició la faena sometiendo al animal por abajo y remató con un pase por bajo de esos que tanto eco tienen en esta plaza. Continuó con la mano derecha, sabiendo que aquí no se puede perder el tiempo. Fueron varias las tandas de muletazos por ese pitón, cada una más importante que la anterior. Probó al toro por el izquierdo, como es de recibo, pero sabía el torero que por ahí no habría posibilidad. Volvió a la derecha para finalizar con la tanda más rotunda y lenta de la faena.



Dos protagonistas en la segunda tarde, el grandioso Fernando Téllez, que tuvo una magnifica actuación tanto con palitroques como con el capote. Y el picador de toros Óscar Bernal, que protagonizó en el último toro de la tarde un emocionante tercio de varas. Magistral sobre la montura, acertado al soltar el brazo y medido en el castigo.

En la tercera celebramos también la actuación de dos toreros a las órdenes de Fernando Robleño, el siempre espectacular Ángel Otero y el extraordinario picador Pedro Iturralde.

Los de la ganadería de procedencia Albaserrada sacaron un fondo de nobleza que descolocó al personal. Al mismo Robleño le dejaron fuera de juego las bondadosas embestidas del primero de la tarde. La de José Escolar resultó tan noble y obediente que no transmitió nada al tendido. Cabe resaltar la digna actuación de Miguel Ángel Delgado, torero poco placeado pero de un exquisito concepto, que quiso demostrar esa tarde pero no hubo posibilidad para crear nada aparente estéticamente.

Llegamos con buen ambiente a la primera novillada del serial. Una mansada infame resultó la de Fuente Ymbro. A pesar del deslucido juego de los novillos, vimos presentarse a Román de forma espectacular, como cuentan que venían antes los novilleros a Madrid. No desaprovechó ninguna embestida, y tal disposición le valió para cortar una merecida oreja al conjunto de la tarde. Cayó de pie el valenciano en Las Ventas. Ese mismo día ratificó lo mostrado Garrido en la feria de la Comunidad, que es un prodigio de técnica y que posee unas condiciones extraordinarias para ser un torero grande.

Otra vez, el joven Fini, banderillero e inseparable compañero de José Garrido, volvió a cuajar una tarde magnífica.

Llegó Fandiño y conmocionó al personal. Una corrida de Parladé que será recordada el día que haya que otorgar los premios de la Feria, sobre todo por su gran fondo de bravura, por querer siempre ir a más y no renunciar nunca al castigo que exige el toreo. Llegó Fandiño y abrió la Puerta Grande, a ley. La gente salió emocionada de la plaza y en eso se basa este espectáculo, en la emoción. El toreo es efímero, no da tiempo para analizar mientras contemplas su creación cuando esta es pura y sincera. El público se emocionó y premió a un torero que fue todo entrega, valor y firmeza. Un inicio de vértigo en los medios a su primero con un viento horrible, luego, el grueso  de la faena, basada en la mano derecha, de poder con un exigente animal que se quería comer la muleta y se iba venciendo tras cada muletazo, una estocada perfecta y la primera oreja en el esportón. Con el quinto, casi todo al natural, faena limpia, de mucha exposición y de torear intentando someter con los vuelos al animal, muy de verdad, pasándose al toro muy cerca en cada embroque, sin dar un paso atrás. Apostando su vida en cada cite a cambio de la puerta grande más cara del toreo. Sorprendió su forma de tirarse a matar sin muleta y la plaza estalló. Como no podía ser de otra forma, le sacaron en hombros.

Esta tarde tuvo una brillante actuación el torero el plata Miguel Martín, que si con la capa estuvo soberbio con las banderillas estuvo colosal.

El miércoles vino la pesadilla que todos los años vuela por Madrid alguna tarde. Interminable de sobreros y toros inválidos, la gente, aburrida. Maquilló la pesadilla un sobrero potable de Torrealta de casi seis años con el que Joselito Adame estuvo lúcido e inteligente. Fue una faena de administrar, de torear para convencer al toro, y de esperar a que fuera sacando su fondo el animal, más que de ataque. El momento álgido llegó con un sincero toreo en redondo a unas serias e imponentes embestidas. Satisface ver colocarse para torear a Joselito Adame, tan de frente que a veces le falta flexibilidad en el cuerpo para ligar con armonía, porque además intenta no perder ni un paso. El presidente tuvo a bien no concederle una oreja, el sabrá por qué, quizá porque la petición fue más sonora que visible.


Primer “No hay billetes” en la taquillas, día del patrón, y el regreso de Enrique Ponce a la plaza de Madrid que le recibió con una cariñosa ovación tras el paseíllo. La corrida de Victoriano del Río no se quiso sumar a la fiesta, fue bruta en líneas generales. Aún con ese material Ponce calentó la tarde con el segundo de su lote, el más áspero del encierro. Fueron tres verónicas por el lado izquierdo monumentales, un inicio de faena marca de la casa, con cambio de mano incluido, y una búsqueda insaciable de convencer al toro para que siguiera el engaño, que cuando menos es para quitarse el sombrero con un torero con una bragueta y una afición infinitas después de un cuarto de siglo en la cabeza de la tauromaquia. Consiguió pasajes hondos y templados en redondo, poco pudo componer  por el lado izquierdo y concluyó el  trasteo con unos estéticos muletazos por bajo. No consiguió matarlo a la primera y todo quedó en cariñosa ovación desde el tercio.

En la tarde de San isidro hay que mencionar entre los hombres de las cuadrillas de los matadores, el buen hacer de Javier Ambel, a buen nivel con el capote y enorme a la hora de poner banderillas. El público le obligo a saluda una ovación.

Volvió Fandiño a Madrid, ahora tocaba lidiar con una de Jandilla, desigualmente  presentada y al límite de raza. Salió uno más bonancible, quinto del festejo y segundo de su lote, de poca fijeza. Aunque no se entregase en los primeros compases, si que fue sacando cierto fondo de nobleza, que unido a la movilidad que tuvo como tónica general la corrida, le hicieron parecer bueno al único colorado de lo lidiados esa tarde. Nos encontramos con un Fandiño menos visceral, más lidiador, menos guerrero. Comenzó toreando con limpieza y sin agobiar al toro, no se fuese a rajar. Continuó con la mano derecha cada vez más ajustado con el toro. Probó con la izquierda, pero el toro dijo nones. Volvió a la derecha y esta vez sí, obligó al toro al máximo y surgió la mejor tanda de toreo de la tarde. Ahí explotó el personal. El torero en ese momento decidió irse a por la espada y remató la faena con unas manoletinas. La gente esperaba alguna tanda más de toreo. No acertó a matar al toro a la primera y fue aplaudido tras el arrastre del animal.


Fotos :: Juan Pelegrín - Las Ventas |