29 mayo 2014

#sanisidro14/ lo que va de 'tomillero' a la siesta

 
Luis Bolívar con 'Tomillero' | Foto :: Juan Pelegrín - Las Ventas


La tarde comenzó agarrándose a la piedra y levantándose sobre el asiento de pura emoción, y enrarecida como el tiempo, acabó echándose una larga, profunda y preocupante siesta. Hace 20 años te lo cuentan, con 'Bastonito' por ahí merendándose la muleta sincera de César Rincón y nos echamos un 'pechá' a reír, que dicen por el sur del sur. Del calentamiento global debe cuestión también lo que va del Toro, en mayúsculas, a la siesta.

Por delante una corrida de Baltasar Ibán. Astifina e imponente. Saltaban ahí con todo su lujo y apariencia de toro bravo. Y dos lo fueron a la que dicen voy. Primero y segundo. De embestida humillada, profunda, noble y seria el primero. 'Camarito' su nombre. Un toro que no llega a salir tan de pronto, y se valora en su justa medida y a Fernando Robleño se le reconoce en consonancia. Porque llegar al toro por el terreno que pedía y tratar así esa forma de embestir tan seria fue el gran mérito. El pulso y la ausencia de mínima violencia. El tiempo administrado y el recoger esa forma de meter la cara desde que cató el capote. El incio en los medios a pie firme para ponerse a torear en redondo, dejándose venir de lejos la embestida, tuvo emotividad. La estocada al tercer intento también estuvo cargada de pureza.

Y salió 'Tomillero' con poder por arrobas, las casta levantada al estímulo del cite y el carácter indómito cuando hacía presa. La tarde, en su ir y venir metereológico, azotó con las rachas más molestas entonces. Justo cuando Luis Bolívar tenía que hacer los esfuerzos. Qué trago. La historia se podía haber repetido. De nuevo un colombiano con uno de Baltasar Ibán, César. 
 

Este Ibán de nombre 'Tomillero' se lució con generosidad en el caballo, demostró su poder y más tarde evidenció que era toro con bravura de sobra para tres o cuatro entradas. El carácter de toro, esa animalidad necesaria expresada perfectamente al tomar las telas. Un toro con el que la palabra torear adquiría su más amplio significado y no quedaba solamente relegada a mero ejercicio estético. Cuando el toreo debe ser mando sí o sí; cuando el toro es poder y hay que ganarle la partida embestida a embestida y someterlo inmerso en esa tromba. Cuando el toreo debe ser temple; cuando la embestida quiere apoderarse del engaño y la animalidad brota al mínimo roce. Un toro fiero, bravo, encastado. En definitiva: Un toro. Dignidad en Luis Bolívar. El viento lo hizo todo más difícil todavía.

A partir de ahí la tarde fue preparando la siesta. Dos grande toros. Más todavía por comparación. El lote de Rubén Pinar fue muy de pasar por allí sin expresión alguna más allá de la nobleza y la falta de raza y entrega. El cuarto, tras un nuevo tercio de banderillas en la cumbre protagonizado por Ángel Otero --su segundo para es de premio-- y ser también lucido en varas, echó el freno mano cuando parecía que había toro para hacer faena de 20 muletazos. La torería de Robleño se quedó con hambre. Un tarde para enmarcar la suya. Y el quinto salió del primer encuentro con el caballo como lesionado o muy afligido y no dio para más. A Bolívar le quedaría un quite riesgo en el sexto, cuando la tarde ya dibujaba zetas de siesta. Zzzzzzzz...