24 mayo 2014

#sanisidro14/ ¿qué dice la prensa del triunfo de miguel ángel perera ayer en las ventas?


Foto :: Juan Pelegrín - Las Ventas

Zabala de la Serna:

Amo, dueño y señor de Madrid. Miguel Ángel Perera atravesó la Puerta de los más grandes con una autoridad incontestable. De principio a fin. Rindió la plaza a sus pies atados a la tierra para tocar el cielo a fuego lento. Conquistó Las Ventas con la profundidad serena de un temple inagotable como un manantial de lava. Volteó una tarde arisca de tendidos iracundos: el «7» levantisco y atrincherado contra las figuras como se esperaba. La unanimidad última agiganta la huella de sus tres orejas como tres soles para dos faenas que la tranquilidad de una mente toreramente asentada unió en sus diferentes registros. 


Antonio Lorca:

Ayer, Perera fue un torerazo de principio a fin. Le cortó la oreja al sexto tras una labor que fue todo un compendio de inteligencia torera. No era ese un toro de triunfo, pues a su natural nobleza unía unos andares cansinos y poco espíritu bravo. Pero una vez más quedó claro que un torero henchido de ilusión y fortaleza, con la cabeza fría y el corazón de un atleta, es suficientemente capaz para cambiar el destino de una tarde.


Carlos Ilián:

Perera nos ha enseñado dos caras distintas en las dos faenas. En su primer toro lo bordó con el capote y se dio un festín en la muleta ante un ejemplar noble y repetidor. Derechazos templadísimos y naturales muy rematados, pero, ¡ay!, esa patita retrasada para ligar el siguiente muletazo. Faena con más fantasía que pureza a la que le sobró la segunda oreja. Sin embargo yo se las habría concedido en el sexto donde Perera hizo un toreo purísimo, auténtico, midiendo la fuerza del toro con sabiduría y embarcando con la panza de la muleta en derechazos y naturales hondísimos. Gran faena y triunfo indiscutible.


Patricia Navarro:

Salir a hombros pareció un castigo. Un sufrimiento atravesar el umbral soñado hacia la calle de Alcalá. La multitud agolpada a los pies de la Puerta Grande, a los pies de Miguel Ángel Perera acosó al torero hasta derribarle, o casi, se perdía en la visibilidad al diestro en la horizontal. No había horizonte. Aquello se convirtió en una vía crucis, una penitencia exagerada después de la grandeza vivida en el ruedo. Perera fue el rey. Dueño y señor de la tarde. Estaba para él. Ayer o nunca. Y anduvo el extremeño perfecto en dos faenas antagónicas, en las antípodas una de la otra, ambas llenas, roto Madrid, porque antes había irrumpido con fuerza Miguel Ángel. Versión renovada, depurada, mejorada fue la que dio con el tercero.



Barquerito:

 La faena fue, por cierto, de una seriedad mayúscula. De estar Perera metido con el toro y solo con él. Ni un gesto de más, ni un guiño al sol. Ni siquiera lo fue el brindis desde los medios, que fue como firmar un compromiso. El temple fue la clave, pero también la inteligencia de elegir el terreno conveniente -la segunda raya y en paralelo a tablas, y ahí pasó prácticamente cuanto tenía que pasar- y, desde luego, las tres razones básicas del toreo mayor: ajuste, ligazón y firmeza. No se le fue a Perera ni un pie ni medio ni una sola vez.




Paco Aguado:

La corrida de hoy tenía sobre cualquier otra circunstancia el interés, y el morbo, de reunir en el mismo cartel a tres de los cinco toreros que este invierno se negaron a actuar en la plaza de toros de Sevilla.
Ante la fuerte polémica suscitada en los medios taurinos a lo largo de los últimos meses, los tres estaban obligados a reivindicarse y a justificarse hoy en la feria de San Isidro. Y fue sólo Miguel Ángel Perera quien consiguió dejar su nombre en alto, después de un rotundo triunfo de tres orejas y la consiguiente salida a hombros de Las Ventas.
El torero de Badajoz se justificó en su orgullo con auténtica rotundidad, como rotundo y sólido fueron el toreo que le hizo al tercer toro de la tarde, uno de los dos destacados de la corrida, y el alarde de valor que hizo ante los cabezazos defensivos del sexto.


Marco A. Hierro:

Perera ha hecho un trato, no hay duda. Debió ser con los dioses, porque nunca se supo del Diablo que acariciase así. Perera ha hecho un trato con los pilares que sostienen el arte de torear toros, con la historia que nos ha traído a todos hasta aquí, con la mágica perfección de la palabra temple. Con todos ha pactado Perera, y ha venido a firmarlo a Madrid.


Javier Hernández:

Era el tercer acto de una tarde en el alero, todavía. Don Miguel Ángel Perera salió al ruedo, lo pisó, lanceó a su toro, lo estudió y se subió al púlpito. Y desde allí, la primera lección del toreo ceñido ora por chicuelinas, ora con el envés del capote dos cordobinas de ponerse al toro por fajín y la revolera. Se hace así. Y nadie se atrevía a decir que no.