10 junio 2014

la huella de #sanisidro14 (y IV), por ángel moreno

Ángel Moreno cierra con este último artículo la que ha dejado impregnada la huella de haber sido el mejor San Isidro de los últimos años. Especialmente esta semana han pasado varias hechos dignos de ser recordados y que se han encargado de dar mayor importancia a un ciclo que nos ha mantenido más que atentos en el último mes. Infinitas gracias a Ángel Moreno por compartir con todos sus reflexiones desde este blog, que, dicho sea de paso, ha superado su particular record de páginas vistas, acercándose a las 40.000 siguiendo esta isidrada. Un placer. Siempre.



Fotos :: Juan Pelegrín - Las Ventas

Llegamos a la etapa final de la feria. La inteligente torería de Alberto Aguilar tuvo premio la tarde del domingo que inauguraba el mes de junio. Su astucia fue clave para cortar una oreja del noble toro que se lidió en quinto lugar. El de Montealto tuvo alegre movilidad mas nunca terminó de entregarse. Atendía obediente a los cites, pero pasaba con escaso celo por la jurisdicción del torero. 

Hábil el matador, aprovechó las virtudes del toro. Exacto en la colocación, siempre en la distancia justa para que el toreo tuviese importancia, pero sin agobiar al animal, dejándole espacio para no desconfiarle. Manejó los engaños con naturalidad, siempre acompasados al ritmo de las embestidas y sin obligar en demasía. Además de precisión en las cuestiones técnicas, la faena de Aguilar estuvo preñada de gusto y torería, las cotas más altas llegaron cuando surgió relajado el toreo con la mano diestra y en los sabrosos adornos que sirvieron de epílogo. Firmó la obra con un soberbio volapié y paseó el merecido trofeo.
        
El lunes se lidió la corrida de Cuadri. Esperando una bravura agresiva y espectacular, las principales características de los toros esa tarde fueron su noble intención y la movilidad, aunque exenta de flexibilidad, codicia y humillación. Sólo la vibrante violencia del sexto puso un punto de emoción a la tarde.  

Mentalizado Javier Castaño para enfrentarse con una corrida más dura, pareció desubicado por el bonancible juego de su lote. Rígido en su expresión, fue incapaz de dar el trato suave que demandaban sus oponentes. Planteó ambas faenas a la defensiva, ejecutando un toreo precavido y de trazo periférico, más de expulsión que de reunión.

Confirmó la alternativa José Carlos Venegas, su actuación fue ganando enteros a medida que él fue ganando en confianza. Al toro de la ceremonia le plantó cara con firmeza y queriendo imponer ajuste a su labor. Consiguió torear con limpieza cuando advirtió que el toro necesitaba espacio para pasar por debajo de las telas su gran corpulencia. Cuando se olvidó del trazo preconcebido y llevó largo animal fue cuando ligó las tandas de muletazos más conseguidas de la tarde.

El encastado y fiero que cerraba el festejo, 'Macetero' de nombre, supuso una difícil prueba para Venegas. Faena de entrega y decisión que le costó una voltereta espeluznante. El violento animal se quedó sin picar y en la muleta fue indomable. Se lo pensaba antes de acudir al cite pero una vez arrancado se quería comer el mundo. El matador logró imponerse por momentos, incluso hubo muletazos estimables con la mano izquierda. Se reconoció el mérito de la faena y la capacidad para solventar la situación con seguridad.
   
La famosa cuadrilla que acompaña a Javier Castaño no tuvo una tarde lucida. Sólo cumplieron los montados y fallaron a la hora de clavar banderillas los de a pie. Estuvo templado y eficaz el lidiador, pero incorrecto a la hora de evitar querencias y corregir defectos a los toros. Aún así, se les aplaudió por reconocidos más que a Joselito Rus y a Curro Vivas que estuvieron impecables toda la tarde.

El martes venía otro plato fuerte, la corrida de Adolfo Martín y el segundo compromiso de Miguel Ángel Perera. Completaban cartel dos excelentes toreros como son Antonio Ferrera y Diego Urdiales. El complicado juego de los cárdenos de procedencia Albaserrada y su falta de raza marcaron el desarrollo de un festejo interesante por el buen hacer de los diestros y que tuvo como colofón la segunda Puerta Grande de Miguel Ángel Perera.

El momento cenital llegó en el último acto pero antes sucedieron cosas de importancia sobre el ruedo. Pese a tener la suerte de espaldas Ferrera, sus actuaciones fueron una demostración de capacidad técnica para ocultar los defectos de sus toros y hacer gala de una maestría lidiadora sublime.



Diego Urdiales dio una lección sobre la pureza del toreo en el quinto, hubo quien recriminó falta de ligazón entre los muletazos, pero hubo otros que vieron que el toro pese a que humillaba con franqueza y calidad en el inicio de su embestida tendía a salir distraído de la suerte. Intención de ligar la faena tendría el torero más que nadie, de hecho, dejó la muleta muerta en el hocico del animal cuando este no se escupía de su trayectoria y el toro hizo caso omiso a los flecos de la muleta, las veces que el toro se iba, Urdiales, le intentó provocar para que cogiera el engaño pero éste no consentía repetir, cortaba el viaje y buscaba los tobillos del torero.
  
Aún así, sin llegar a darse la necesaria acción de ligar, hubo en la faena de Diego Urdiales una docena de muletazos que bien podrían servir de ejemplo para explicar la verdadera pureza del toreo. Esa que habla de colocarse frente al toro, citarlo, adelantar la pierna tras la arrancada de éste para meterse en el terreno por donde va a pasar, embeber toda la embestida con los vuelos antes de que llegue a la reunión, ajustárselo a la cintura, acompañarlo con templanza y por abajo hasta donde permita la flexibilidad del cuerpo, vaciar la embestida y girar para quedarse colocado de nuevo en el sitio adecuado. 

Llegó el segundo turno de Miguel Ángel Perera, quien había estado muy por encima de su peligroso primer toro, y aquello fue una exhibición de capacidad, temple y dominio.

'Revoltoso' no había apuntado buena condición en los primeros tercios, pero tras su compleja embestida escondía cierto fondo de ritmo y clase. Extraer esas virtudes del toro y dominarlas no está al alcance de cualquiera porque el animal vendía caras sus arrancadas.
 
Empezó el torero a descifrar los matices de la embestida por el lado derecho, la primera clave del triunfo fue ese valor fuera de lo común para esperar a que el toro tomara la muleta, que lo hacía sin fijeza. Otro secreto estuvo en ese toque imperceptible a mitad del viaje para convencer al toro y corregir su intención de vencerse hacia dentro buscando a quien le toreaba. Esta precisión milimétrica permitía al diestro alargar los muletazos que hacían girar al animal sobre el eje de su cuerpo con temple inmaculado.

El toro estaba dominado y entregado pero el torero quería más, quería abrir de nuevo la Puerta Grande y atisbó la rendija al rematar un pase de pecho, el pitón izquierdo del toro le brindaba la oportunidad. Ahí llegó la perfección, dos tandas al natural indescriptibles, no es posible hacer el toreo más profundo y templado. Mató al toro de una gran estocada y se proclamó triunfador indiscutible de la feria. 

Este año la corrida de Beneficencia se celebró de una forma más entrañable por ser la última que preside el Rey Don Juan Carlos tras ser conocida su abdicación en favor del Príncipe Felipe. El público se deshizo en muestras de cariño hacia el monarca y él correspondió con humana gratitud.

La corrida de Alcurrucén elegida para uno de los carteles con más competencia del abono fue seria y de armónicas hechuras. La faltó casta y la sobró mansedumbre, tuvo movilidad mas no entrega, evidenció clase y flexibilidad para fijarse en los engaños pero no tuvo raza suficiente para perseguirlos con codicia. Salvó el encierro 'Pelucón', el lidiado en quinto lugar. 

El Juli hizo alarde de su poderío, si parece insultante el trato que recibe de cierto sector del público, más insultante se antoja su autoridad delante de los toros. Afrontó la tarde con enorme responsabilidad.

El primero de la tarde fue un buen toro, pero sin el temperamento necesario para que su lidia tenga importancia en esta plaza. Hubo hondura en el recibo con la capa, un vistoso quite por cordobinas como réplica a unas gaoneras ajustadas de Fandiño y con la muleta le hizo Julián todo cuanto pudo. Fue una faena bien estructurada, lo mejor llegó con la izquierda en unos naturales con media pañosa arrastrando sobre la arena. Los postres  fueron un sinfín de diabluras con el toro entregado y dejando que los pitones del animal le acariciasen la taleguilla. Mató de una estocada y el presidente concedió una oreja innecesaria. 

El cuatro se rajó nada más ver a un torero tan firme delante de él. En este toro hay que destacar el quite a la verónica de Julián, quizá el toreo de capote más caro que hemos visto en la feria.

Fandiño afrontó la tarde con una actitud aguerrida. Participó en quites y demostró un valor de hierro. La tensión acumulada y las ganas de triunfar no ayudaron a mantener en pie al endeble animal que sorteó en primer lugar, necesitaba buen trato y el torero le obligó demasiado.
 
'Pelucón' pasó inadvertido en los primeros tercios pero se vino arriba en la muleta. Toro encastado, intenso y de explosiva arrancada. Fandiño le plantó cara con coraje y aunque tardó en coger el pulso y la distancia llegó a acoplarse mediada la faena que tuvo como punto álgido una profunda tanda con la mano izquierda. Lo mató de una estocada contundente y cortó una merecida oreja. 

Satisfecho debe estar el de Orduña con el nivel demostrado durante la feria aunque su ambición no le hará conformarse, la siguiente meta a superar debe ser desorejar un toro en esta plaza.

Talavante fue convidado de piedra la tarde de Beneficencia, sorteó el lote menos agradable y mostró su versión más desangelada.

El Puerto de San Lorenzo lidió un magnífico encierro al día siguiente. Preciosa corrida de toros, cuajada y de serias pero bien colocadas defensas. Ofreció un juego extraordinario, los seis animales tuvieron calidad y permitieron el triunfo de los matadores. Brava en el caballo, empujando con estilo a golpe de riñón, alegre galope en el segundo tercio, demostrando fijeza y clase, y almíbar en el tercio de muerte, derrochando nobleza en sus largas embestidas.

Juan José Padilla y El Cid estoquearon con oficio la corrida pero sus trasteos se diluyeron por falta de sentimiento y confianza.



A Daniel Luque le tocó en suerte 'Cartuchero', el toro más bravo de la feria. El comportamiento de este hermoso animal es sin lugar a dudas el paradigma de bravura. Apretó con franqueza en el peto en dos puyazos de Juan Francisco Peña, atendió con prontitud a los cites en la brega de Curro Robles, y en el último tercio fue extraordinario, noble pero con emoción, embistiendo largo y humillado, con mucha profundidad y siempre a más, ganando importancia su bravura cuando mejor se le toreaba.
  
La frescura de Luque conectó con un público predispuesto, la bella expresión de su toreo caló sobremanera. Tuvo importancia el inteligente planteamiento de la faena, perfectamente gestionada en tiempos y plagada de adornos cargados de torería. Faltó toreo fundamental para redondear la obra pero quedan para el recuerdo unos derechazos de templada ejecución, tres naturales y un cambio de mano que enloqueció al personal. Fulminó Luque de una certera estocada a 'Cartuchero' y se premio su labor con la oreja de un toro al que se le debió dar la vuelta al ruedo póstuma.
 
Convencido y entregado afrontó la lidia del sexto, sabiendo que en sus manos tenía la posibilidad de abrir la Puerta Grande, también consciente de que pocos días está la plaza de Madrid con tan buen talante. Con soltura y mucho temple sacó partido del sexto, que tuvo buena condición pero transmitía lo justo. Tuvo que poner Luque mucho de su parte y de nuevo cargó la faena de pinturería. Pinchó al toro antes de recetar un estupendo volapié y la concurrencia decidió sacarle a hombros. 

Llegó la esperada corrida de Victorino, impecable de presentación pero aviesa, dura de patas  y con mucho peligro en su comportamiento. Ni siquiera tuvo la cualidad de humillar, estandarte del comportamiento de los toros de esta ganadería. Corrida ingrata para los que se pusieron delante, todos profesionales del arte de torear de sobrada experiencia y curtidos en mil batallas.

De forma cruel, injusta e incomprensible sentenció el público de Madrid a los matadores y a sus cuadrillas.  Uceda Leal, Antonio Ferrera y Alberto Aguilar, junto con sus hombres de confianza, hicieron un gran esfuerzo para lidiar con lucidez una corrida de toros que engañó a la mayoría de los presentes. La corrida pudo gustar, todo es respetable, pero faltó sensibilidad en una afición que pareció haber perdido la sensibilidad para reconocer el merito de unos hombres que se jugaron la vida con unos animales inciertos, mansos y peligrosos.

Dentro de la solvencia que demostraron las cuadrillas con la complicada corrida, hay que destacar la profesionalidad y brillantez en las intervenciones de Rafael González. En contrapunto, lamentar la cogida de Manolo Rubio, herido gravemente cuando intentaba apuntillar al endemoniado quinto toro. 



La última huella de la Feria de San Isidro 2014 queda marcada con el hierro de Miura. 'Zahonero', lidiado en segundo lugar fue el toro más destacado de una corrida de juego más que aceptable y que agradeció el extraordinario trato que le dieron los grandes profesionales, de oro y de plata, que se encargaron de lidiarla.

Generoso Javier Castaño lució a 'Zahonero' en tres puyazos donde el animal fue depurando su bravura. Se encargó de lidiarlo el capote templado de Marco Galán, quien también dejó lucir al toro ya que pocas veces asienta los pies para lancear, se los pasa por delante, lo cual exige poco a los toros y los confía el ánimo de seguir las telas. Banderillearon con vistosidad Adalid y Fernando Sánchez. Luego, en la apagada muleta de Castaño el toro repitió incansable de forma exuberante. Hizo las delicias del público la imponente movilidad del toro y la pena fue que lo mataron sin conocer el verdadero alcance de su bravura sometida al arte de torear.

Esa tarde el toreo vino de manos de Serafín Marín, que sin poder ligar porque el toro no repetía, instrumentó los muletazos más templados y jaleados de la tarde que despedía la feria más importante de los últimos años.