07 diciembre 2014

un milagro y la vida; una nueva ilusión para el toreo: rafael de foios


El milagro del toreo en sí. No entremos en disquisiciones. El toreo es un milagro que se produce, se preserva y emociona. Es la vida. Ya le puedes dar las vueltas que quieras. Foios aceptó el reto. Diría que se retó a sí misma. Se trataba de la vida y esos nexos misteriosos que nos atan, conectan y vertebran. Cultura más sentimiento la suma. También el resultado. Respeto a veces lo llaman también. O libertad. Y ganas de vivir. La excusa perfecta para afrontar el más difícil todavía, que en estos tiempos debe ser algo así como montar una corrida de toros donde antes no había nada, querer ser torero, sentir el toreo. Tal vez no hay mayor ejercicio contracultural hoy que levantar la bandera de la tauromaquia. Ahí hay que dejarse la piel.

Por ahí hay que entender la corrida de toros que se ha programado en Foios a través de la cual Rafael de Foios alcanzó la soñada y necesitada alternativa para afrontar la más cruda de las realidades: la que impone el toro. Cruda porque es de verdad. A partir de ahora la lucha no ha hecho más que empezar. Otra vez. Es la vida. El futuro puede continuar. Apadrinó El Soro. Un milagro. Si alcanzar la alternativa y sentirse torero ya es casi imposible, y Rafael de Foios lo alcanzó, casi que más lo era hacerlo con un cartel así. Vicente Ruiz 'El Soro' de padrino y Vicente Barrera de testigo. La edad de oro de la tauromaquia valenciana (Soro, Ponce, Barrera como principales pilares) cerraba su círculo: 1982 (año de la alternativa de El Soro) - 2014 (día en el que por fin Soro y Barrera compartieron cartel como matadores de toros, cosa que nunca antes había ocurrido). Lo demás está por contar.

Rafael de Foios, más allá del paisanje, se abrió paso como matador de toros con argumentos sobrados. Y lo más importante, sintió la acción/reacción del toreo, de su toreo de las yemas y las telas a la agitación del tendido. Muy despacio, ligado y en un palmo de terreno se dejó venir en larga distancia la mejor embestida de la matinal, la del sexto premiado con la vuelta al ruedo, y que por cierto fue bregado por César Fernández y banderilleado por Raúl Martí con nota.

Rugió de verdad el olé, y Rafael de Foios se convenció definitivamente. Encajado de riñones, impronta vertical, la mano abajo, la ligazón y el giro sobre los talones con formas distinguidas. Eran argumentos para que su presencia en las Fallas de 2015 ya no sea ninguna quimera, sino una ilusión para el toreo. Porque eso es lo que necesitamos.

Tuvo que esperar toda la corrida Rafael de Foios para dejar el toreo de mayor calado de la mañana, sobre todo en redondo en cuatro tandas reunidas y sentidas y con el racimo de ajustadas mondeñinas en medio del silencio expectante que se podía cortar. Y ese es otro punto a favor del público que llenó la plaza y saboreó lo bueno, captó los detalles y distinguió lo mejor.

El toro de la ceremonia (Campanito-70 de Núñez Benjumea), que brindó a sus padres, no tuvo la clase ni la raza ni profundidad que requería el momento. Por ahí, en general, la corrida no acabó de estar a la altura. Facilidad y soltura con una embestida que transmitía poco, pero que aliñó en las cercanías y con detalles. La espada funcionó en los dos turnos para redondear un triunfo que llama directamente a la Feria de Fallas.

Lo de El Soro es auténtico rock and roll. La fuerza que derrocha y que es capaz de contagiar. Como empuja y se impone a las circunstancias y siente el toreo y anda sobre el alambre una y otra vez. Si bien su primero no tuvo condiciones para sus condiciones. Escaso recorrido, cara alta. Al hondo cuarto le armó un zipizape de impresión. Capote y banderillas. Raza y entrega. Magnífica brega de Javier Rodríguez. Toreo de primeras, en redondo. El del desprecio mirando al tendido. Mucha muñeca y todo con los vuelos. Así, roto de tronco, largo el trazo. Un victoria tras otra. También al natural. El Soro en estado puro. Pura vida de quien andó demasiado por el lado salvaje de la oscuridad. Otro milagro del toreo. La plaza de Foios asintió en auténtica conmoción tras el arrimón, el péndulo y el desplante agarrado de los pitones como en una moto. Llega a matar al cuarto de espadazo y le dan el rabo aquí y donde sea. Es la vida y se trataba de vivirla, equivocarse, rectificar y dar ejemplo. Y El Soro lo hizo todo a través del toreo.

Paró El Soro a sus dos toros con suficiencia, fuerza y vistosidad, ganado siempre la acción, quitó por chicuelinas y nutrió de argumentos sus tercios de banderillas. El primero tuvo acento foiero. Otro orgullo: palos para Rafael, Raúl Martí. Y el del cuarto con Montoliu, que también tenía su aquel.

Vicente Barrera aceptó otro reto. Celebrar 20 años de alternativa con la responsabilidad del vestido rosa palo y oro. Y sin encontrar facilidades, porque ninguno de sus dos ejemplares de caras a sueltas y a media altura le regalaron la embestida encajada por abajo, solventó con tremenda facilidad, como si no llevará un tiempo de retiro. No dudó al meter en la muleta dos embestidas de tan poca entrega, y con el temple acompasó y ordenó los viajes. Ligados los redondos. Algún natural bien enganchado y vaciado. La vistosidad de los circulares al tercero redondearon faena notable y de alto matiz técnico. La espada dejó el premio en un oreja. Al quinto le aprovechó los viajes hasta que la mansedumbre se puso en evidencia. Bien al natural. Cortó dos orejas. Y tras la vuelta al ruedo quien se despidió fue Vicente Yesteras cortándose la coleta con un historial que ya quisieran muchos.

Triunfal la corrida. Sí, excesivamente. También faltó toro por raza. La presencia a 7 de deciembre y en una portatil no desmereció. El reto aceptado se superó. Los tendidos lucieron un lleno aparente, el toreo se vivió a través de tres argumentos diferentes y Rafael de Foios demostró que viene para quedarse.