05 junio 2015

#sanisidro15/ la historia que no debió escribirse jamás


Ni Victorino ni El Cid. Esta es la historia que no debió escribirse jamás. La historia de una corrida de mala casta y corazones atenazados, a la deriva y rotos.


El primero se llama 'Murrieto' y carga 514 kilos. Un frenazo en el primer burladero. El Cid no le deja ni enterarse. Lo recoge pronto. Se frena más. De atrás. Tanto que se levanta de manos. Aprieta adentro. Buen choque en el peto. Intención de ordenar la lidia, dejándolo correctamente en suerte. Por dos veces entra con todo al caballo. En las telas no se ha empleado. Alcalareño trata de romperlo, pero el victorino no se entrega.

El inicio de El Cid es clarividente. Suave, sin tirones. El temple es un milagro. No duda en sacarse el toro a los medios. La forma natural de la embestida de Murrieto termina en gañafón. En redondo le extrae la media embestida que entrega. Y por la zurda, cuando parece imposible, se esculpen tres naturales como la copa de un pino. De enorme verdad. Con los vuelos, como El Cid nos enseñó que se podía torear al natural. Para ser el primero, el de Salteras se entrega de más. Incluso le sobra una tanda. El borrón llega a espadas con navajazo infame en la forma de meteysaca, que fulmina al primer albaserrada de la gesta que acabaría peor imposible. Aquí empezaba la cuesta abajo.

'Petraquista', cárdeno claro, sale, como segundo, muy dormido y lavado. Ligeras protestas. Ni una vez por abajo. Lanza una cornada fea al pecho cuando trataba El Cid de abrirle los caminos en el presunto inicio de faena. La cara siempre por encima del palillo y metiéndose por dentro al revolverse. Casta de la mala. De forma justificada le quita las moscas y lo tumba de casi entera en la yema.

A 'Platirrino' El Cid tampoco le deja ni darse una vuelta al ruedo. El tercio de los tendidos de sol no se pisará en toda la tarde. Del 7 al 3 una línea recta imaginaria era un muro infranqueable. El Cid trata de reunirse con él, pero el saludo es breve. Por el izquierdo se mete. Hasta el momento son las perchas más serias. Astifino que enseña las palas. Cárdeno clásico. Estrecho, largo y de cuello estirado. Rítmico y con tendencia a humillar, aunque no es del todo franco. El Cid brinda al público este tercero. Se antoja el momento clave de la tarde. Inicio clásico, citando de primeras con la diestra desde casi los medios. Pero allí nada estalla. A plomo la calor y la tarde caen al unísono según se desfonda también el toro. No se va, ni se reboza y de repente ya ni humilla. El Cid en los medios, metido entre los pitones. Tal vez más en el tercio, empezando de otra manera, tal vez habría durado dos tandas como muchísimo. Pinchazo y estocada desprendida.

'Mojonero' no tiene un gramo de grasa. Fino desde las puntas a la penca del rabo. Algo patilargo. Rollo top model. Trapío insuficiente. Le anda hacia atrás, buscando los medios. Otro nubarrón. En el peto se deja dar. No se termina de fijar y espera. Y en banderillas se arma la mundial. Espera, mide y corta. Alcalareño y Pirri pasan un quinario. Aún con todas las precauciones, a Pirri le pasea el pitón por la pechera mientras se iba (y le da una cornada en la axila de 15 centímetros). Y el personal embroncado. Con muleta ni uno. Reservón, recorta, se pone a escarbar. Una prenda que destila cloroformo. El Cid, por la vía rápida. Buena estocada y dos descabellos.

El quinto es 'Corretón' se frena antes de llegar al burladero de matadores y regatea ante las telas. La primera vara lo aploma, pero no lo rompe. El capote de El Cid tampoco. Otra guerra en banderillas. El Cid tocado. Y hundido. La embestida se queda encima. Las zapatillas bailan, las pezuñas se revuelven. El público reparte pitos a toro y torero. Palmas de tango en plan guasa. Qué trago.

Mentorillo, el sexto, salía a la hora y media y poco más de festejo. Quiere llevar la contraria y salir por el lado izquierdo. No le dejan. Sandoval es el piquero de turno. Pero el victorino quiere al que guarda la puerta.  La segunda vara sí la pone Tito. Y se lleva la ovación de la tarde. A todo eso el victorino lanza cornadas, no embiste, ni pasa y empuja de bruto. El corazón de El Cid está hecho añicos desde hace rato. Desde el hilo del pitón Manuel Jesús intenta un quiero y no puedo. 'Mentorillo' desde su mala casta se hace el amo. Incluso con medio acero metido en lo alto. El golpe de descabello finiquita una tarde cruel en hora y 49 minutos. La historia de una tarde que no debió escribirse jamás.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Es muy triste decirlo pero en cuanto se supo que se iba a producir esta encerrona casi todos pensábamos que pasaría esto. Hay que agradecerle al Cid que haya querido intentarlo (alguien que se presta a algo así merece al menos un respeto) pero espero que esto le sirva para darse cuenta de que por desgracia sus mejores épocas ya se han ido, algo que deberíamos hacer extensivo a Victorino, cuyo ganado ha sido cómplice para el desastre que se ha vivido hoy en Las Ventas