25 agosto 2012

toros en bilbao/ ¿aita, quién es el valiente?


Plaza de toros de Bilbao, 24 de agosto de 2012. Séptima de las Corridas Generales de Aste Nagusia. Toros de Juan Pedro Domecq de baja presentación, descastados y huecos. El quinto devuelto por inválido y sustituido por otro de la misma ganadería. Enrique Ponce (oreja y silencio), Daniel Luque (silencio y ovación) y Jiménez Fortes (ovación en ambos). Se desmonteró Juan José Trujillo en el sexto. Algo más de dos tercios (algo más de 8.000 espectadores).

Era su primera tarde de toros. El calor que tenía era insoportable. Sin camiseta y un discreto pendiente en la oreja izquierda. Flanqueado por su padre y su madre, allá en la primera fila de la galería del siete, justo detrás de quien firma. El crío no tendría los siete u ocho años todavía y aquello le era nuevo del todo. Plazón, calor y todo un mundo redondo a descubrir. Como el sol que caía a peso, el chaval frió a preguntas a su aita --papá en euskera--, de forma indiscriminada, sin compasión: lo preguntó todo, todito, todo. Justo al revés que los no más de 200 antitaurinos que se manifestaron en la esquina de Rakalde frente a Vista Alegre y que desde su ignorancia no les quedaba otra que 'argumentar' con el insulto y a la sombra. Lo meritorio habría sido ser capaces de insultar desde el sol.

El niño lo veía todo, lo preguntaba todo. Una esponja pidiendo argumentos. Desde el paseíllo. ¿Dónde van, aita? ¿Aita, qué hacen con las mantas esas, entrenar? ¿Y los caballos por qué vuelven, aita? ¿Aita, y por qué grita el chico? Era el paseíllo y tras él, el clásico bamboleo de capas, la salida de nuevo de picadores ya con el toro en la plaza o la voz del torero en el cite.

"Tú cuando montas a caballo no dices arre para arrancar, pues el chico igual", decía su padre. "Ya, pero él no monta al toro". La papeleta del aita de familia fue casi mayor que la que planteó una juampedrada con todas las de la ley en todo el estómago: mal presentada y muy hueca.

- ¿Y eso que lleva el del caballo, aita?
- Un lanza --y en eso el chocazo toro empujando al peto--.
- ¿Y para qué, aita?
- Para eso, para no irse a pique.
- Y qué pasa si se va a pique, aita.
- Si se va a pique, adiós Madrid.
- ¿Madrid? El Madrid es una mierda --un silencio de segundos y vuelve el crío--... ¿Y por qué el Madrid es una mierda, aita?
- Mmmmm... porque está Cristiano Ronaldo.

El marcaje era total, preguntas sin alivio. Y el padre, aficionado ocasional, con los deberes sin hacer frente a la primera corrida de toros de su hijo. El toro le supuso un misterio y la muerte otro que de alguna forma vio o sintió pasar por ahí. La barajó en ambos sentidos: en el momento de la suerte suprema al primero, dijo, "estoy un poco asustado". "¿Y si el toro mata a un chico, aita, qué pasa?" Sin darse cuenta, se iba al meollo auque también preguntara por las banderillas y sus colores, los tararís de tercios o avisos, la exclamación de la gente al caer la montera, la divisa, los números del costillar de los toros, el carrito de pintar las rayas (y por las rayas de picar en sí) o hasta por el recuadro en blanco que señala los burladeros.

La corrida de Juan Pedro Domecq --un error de presentación y contenido-- no ayudó a que el chaval se metiera de lleno en la tarde. Su atención se despistaba continuamente y en verdad nos dio la tarde el niño de la hostia. La madre le decía calla aunque sea un minuto y atiende, pero era imposible. No desistió un instante y al final de entre tanta pregunta acabó por encontrar ídolo y dejó volar la imaginación.

De Ponce no se enteró prácticamente ni su padre (el del niño). Cortó la única oreja de la tarde con esa difícil facilidad y el temple señorial que pasa desapercibido hasta que de repete te ves pidiéndole la oreja. Ese Juan Pedro Domecq que abrió plaza fue pastueño en su condición, de nobleza almibarada y Ponce le endiñó faena sin tropiezo alguno en las telas, con ese sello tan suyo y esa ligazón prodigiosa, como si estuviese a gorrazos. Eso, y una estocada y Bilbao de nuevo con Ponce. Es la diferencia de inventarse un toro, mientras uno se tiene que pegar el arrimón, va Ponce y con la gorra hace la poncina y todo.

Pero ahora ve y explica tanta docilidad y más aún metida en la tela poncista. El crío pedía marcha y algo marchoso fue el revuelo originado en la salida del segundo, que se lo estuvo pensando en el túnel unos diez minutos antes de amanecer en el ruedo. Un colorado de seriedad nada aparatosa. Y es que la corrida ignoró por completo lo que es la presentación de Bilbao.

De bravo a bravucón. Pendió en lo alto al caballo, el poder y ese apretón sobrecogieron al niño. Toro con sus cosas, de esperar y romper adelante pese a esa brusquedad y viaje corto. Luque sin excesiva entrega se conformó con lo justo que en estos casos suele ser demasiado poco.

Parado y de pocas opciones, un tanto hueco, el cuarto marcó ya el petardo sin paliativos. Más defensivos que otra cosa, los intentos de Ponce tras el chaval haber visto a Jiménez Fortes ya le permitían hacer juicios de valor: "no vayas al toro que se pone de mal humor". No querían y no había forma por descastados y eso impedía al mocoso preguntón captar aquello en su intensidad,

Entendía que con Jiménez Fortes se había puesto de malhumor el tercero. Pero es que Fortes había atornillado zapatillas sí o sí para tirar del marmolillo. Con ese temple y ese valor rebosante y sin mesura. La quietud por sistema, la obligación de no mover una sola zapatilla y esa cintura bien apretada, el eje. Fortes antes te cambia la negada embestida por la espalda que mueve un talón. Y así llegó la cornada: agarrado de raíz a la arena, muleta en la zurda, no quiere por ahí, pues te la sacó por la espalda, sí va, se queda y se lo monta de un pitonazo seco en el morrillo. Fortes ni se mira, el crío que no lo aprecia, pero percibe que ha pasado algo, está pasando: Fortes vuelve y mata el toro. El chaval ya lo sabía, si te pones ahí puedes "malhumorar" al toro.

No era tan fácil como imaginaba, pero aceptaba el reto de su padre: "Mira, vamos a hacer una cosa, intentaremos torear al toro que hay delante de casa", con esto ya suponemos que viven en un ámbito rural o con el campo muy cerca. "Pero aita, necesitamos las mantas que tiene y la muleta y sus espadas".

Con el quinto, el cabreo era general y volvía a pillar descolocado al enano la bulla y la protesta. Recortado el toro y baldado de los cuartos traseros, fue devuelto a corrales. Los cabestros otra fiesta para el niño. El sobrero de JP Domecq fue a menos. De unos primeros compases gustosos al arrimón, el tropiezo arrastrado por los cuartos traseros del remate y el desespero.

Saúl Jiménez Fortes llevaba la cornada, sí o sí quería salir a matar al sexto y vaya si lo hizo: con el mismo principio. Incapaz de moverse, ese valor seco por el toreo sobre ambas manos. Aires puros y sobrecogedores. Toreo de asustar. El ay y el tío inmóvil, la respiración contenida, y el muletazo así de largo. Un valor a prueba de bombas: ocho cornadas, con esta nueve, y hace un año desde que se doctoró como matador en el mismo Bilbao...

Como si el juampedro fuera el mejor del mundo y el sitio donde se pone uno fuera lo de menos. El sitio de Fortes, el cómo se los pasa: "Mira qué valiente está", dice el padre; "¿Quién está valiente, aita? ¿El toro?"; "¿Tú harías eso? El valiente es el torero..."

¿El torero? Era Saúl Jiménez Fortes en pleno apretón se convertía en el referente del chaval, la voltereta y aquellos segundos de tensión, la voluntad  por volver a la cara del toro ya medio noqueado fueron el gesto que dio sentido y argumento a una tarde: todo el valor de Fortes frente a la nada de Domecq. De impacto la actitud, el trompazo y la determinación de Saúl de ir al toro herido o no. Un gesto de torería mamada. De resultados: O por la puerta grande o por la de enfermería, y por ahí fue.

El crío sentía el gesto, encontraba un ídolo y soñaba: "aita, yo quiero ser como ese chico"... Un tal Jiménez Fortes.




PARTE FACULTATIVO:

'Una herida por asta de toro en la región superior del triángulo de Scarpa del muslo izquierdo. Presenta dos trayectorias de 10 centímetros, ascendente y descendente, ambas superficiales. Dislaceración del músculo sartorio y disección de cara anterior de la arteria femoral, sin lesión de la misma. No sangrado activo ni afectación de otras estructuras'.
Presenta una herida incisa de 2 centímetros en el mentón y una contusión sobre la región temporo-frontal derecha

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo era una de esas antitaurinas que se manifestaban en la sombra, sí, en la sombra, porque gracias a las artimañas de los taurinos y del ayuntamientos no nos han dejado manifestarnos donde siempre lo hemos hecho, en el sol y dando la cara a los ignorantes taurinos que disfrutan de la sangre y de la muerte.

Argumentamos mucho más que ellos: que no queremos que se REGALE dinero PÚBLICO a esta barbarie y que sólo un sádico y demente sonríe al ver un ser vivo agonizando.

Los argumentos pobres son los de los taurinos, que valientes detrás de la valla sonríen diciendo que vayamos a trabajar (qué sabrán ellos de nuestra vida privada) o llamándonos "hijos de puta", haciéndonos gestos obscenos: como agarrándose los pocos cojones que tienen o mandándanos a tomar por lejos...muy lejos. ¿Esos son argumentos de gente culta? Ah no, perdón, que la cultura no se basa en asesinar a nadie....

Anónimo dijo...

viva la libertad de expresión, no publicáis los comentarios que os llevan la contraria eh?

Andrés Verdeguer Taléns dijo...

Bienvenida anónima antitaurina. Artimaña o sentido común. Para el acceso a la explanada de la plaza de toros vuestra manifestación molestaba y me parece perfecta la nueva situación. Cada año sois menos.

La ignorancia tuya es muy atrevida. Aquí nadie disfruta de la sangre y de la muerte. Ese discurso vuestro en plan gore ya os huele. Por favor, cambiadlo

Lo del dinero público también. Una mentira por más que se repita miles de veces, no acaba siendo verdad. Y más en Bilbao donde las Corridas Generales de Aste Nagusia generan más de 11 millones de euros en la ciudad. Y si se destinase dinero público a los toros, como a cualquier actividad cultural, es porque luego estos se regeneran incluso solo en concepto de IVA. Que no estás de acuerdo, muy bien. Yo tampoco en que la policia tenga que perder el tiempo controlando vuestra manifestación con cuatro gatos. Pero mira, tiene que haber de todo.

Argumento tuyo es llamar a quien va a los toros dementes, sádicos o asesinos y tu preocuada por los gestos obscenos que te envían. Lo que preocupa es quieras prohibir una actividad cultural que aporta riqueza ecológica y mantiene ecosistemas del tamaño de Euskal Herria, diversidad cultural y actúa como motor económico. Ante esto, siempre que veo a un antitaurino y compruebo su falta de respeto me acuerdo de Hitler, otro gran antitaurino. Es así es como mejor entiendo vuestro odio…

Y vuestra ignorancia respecto al toro bravo, una realidad que al fin y al cabo os importa bien poco. Argumentos de la gente culta parte desde el respeto. Y aquí quien no lo tiene sois vosotros.

La Fiesta de los toros es un tesoro de vida en su máxima expresión. Lo quieras ver no, suma y aporta social, cultural, económica e incluso moralmente y no es ninguna imposición: la postura antitaurina, además de no aportar nada, sí es una imposición.


(y si tarde en publicar el comentario, es porque no quería dejarlo sin contestar)

Saludos.