09 marzo 2013

fallas 2013/ ¿al futuro? entre la torería de román y la casta de los fuente ymbro


Plaza de toros de València, 9 de marzo de 2013. Primera de la Feria de Fallas. Novillos de Fuente Ymbro, de excelente presentación, enrazados y de variado e interesante juego. Antonio Puerta (ovación tras dos avisos, ovación tras aviso y vuelta al ruedo tras aviso), Juan Leal (silencio en ambos), Román (oreja y dos vueltas al ruedo y gran ovación cuando pasaba a la enfermería) y Posada de Maravillas (ovación en el único que mató). Algo más de un tercio de entrada (unos 4.000 espectadores). [VÍDEO]

Román es el futuro. Su actitud promete y al final no fue que el hombro se le saliese por dos veces, y que quisiera aun así entrar a matar a su segundo, lo que impidió verlo. Ver al futuro irse, o en este caso entrar, por la puerta grande de València en el emocionante arranque de la Feria de Fallas. Digamos que lo que lo impidio fue esa malsana costumbre del sector, de los taurinos y sus moscones, y entre ellos pongo al presidente de la corrida. Un tal... y eso qué más dará. Vamos, que le ninguneó la segunda oreja de su primero, por no ver más allá de sus santas narices. El futuro lo merecía, porque esa segunda oreja no engañaba a nadie. Pero para el presidente, como a todo el sector y a casi todos los taurinos, el futuro no va más allá de sus narices y, claro, les cuesta verlo, intuirlo e interpretarlo.

Duele empezar así la crónica de una tarde de intensidad interrumpida, que puso sobre el albero muchos de los porqués sobre la grandeza de esto llamado tauromaquia. No se salió de madre al final, pero muchos condicionantes agitaron las pasiones a lo largo de toda la tarde. Desde la misma previa: un cartel modificado, un chaval nuevo que apuntaba, el de casa que no quería dejarse ganar la partida, el autobús de paisanos que han venido a verte, los quites, una señora novillada de Fuente Ymbro, su casta y sus cosas, la imprevisibilidad del todo, la volteretas, la sangre derramada, ese natural que te cruje por dentro, otro más que pudo haber sido, el galope franco de un utrero, ese subalterno que brega con temple y clava en lo alto, el dolor y la impotencia, todo lo que pudo ser y no fue y todos deseamos que un día sea.

Por si preguntan: ¿Al futuro? Pues entre la torería de Román y la casta de los Fuente Ymbro no es un mal camino para ir allá.

Los Fuente Ymbro lucieron seriedad y trapío. Un conjunto de ocho muy respetable y de contenido lleno de matices. Variado el comportamiento, pero con la casta casi siempre presente. De nota por su interés el primero, el tercero por su clase hasta incluso sobrarle un tranco de más o el cuarto, que resultó demasiado para Posada.

Lo de Román rozó la locura. El novillo lo venía cantando en sus embestidas, en su lidia. Excelentemente picado: en el sitio y medido, sin guarradas. El quite sobrio por tafalleras. El desmontere de Raúl Martí y Miguel Ángel Giménez en banderillas y el runrún de lío gordo. Lo de Román ya no es sólo frescura, ahora es naturalidad y torería. El comienzo por abajo. El toro con demasiado tranco. Un cambio de mano rodilla en tierra para enmarcar, tan clásico como arrabatadoramente moderno. Definitivamente, el chaval tiene algo.

El toreo en redondo ajustado y esa zurda que está por encima de las orejas. Profunda, intensa, emotiva. La muleta embadurnada de arena y ese pulso. Serie de cinco, y al que hace cinco el enganchón para contener la locura. Y otra vez. La bernardinas imposibles y esa sorprendente arrucina larga y templada que te desgañita. El espadazo, la petición, las narices que no dejan ver el bosque, sentir el toreo, la oreja y las dos vueltas al ruedo. Por cierto, Tañidero, pedazo de novillo. De vuelta al ruedo. Pero ni eso ni las dos orejas.

El quinto venía con la moneda en el aire. El novillo no tenía la claridad del anterior. Era de llevarlo mucho y esperarlo más. Tal y como lo marcó Raúl Martí, quien se llevó leves aplausos por su quehacer en la brega. Y fue en la primera serie, un golpe de viento, ese hueco de más y la voltereta. Sin consecuencia. Luego, al levantarse, el gesto de dolor. El hombro izquierdo se había salido.

Había brindado a la gente de Tendido Joven Román. Todo un detalle. Y lo que parecía encarrilado, se dislocaba, nunca mejor dicho. Momento de confunsión. Román a la enfermería, el toro solo en el ruedo, Puerta que pide permiso, Román que sale pasados unos minutos. El trazo bueno en redondo y al natural. Y el hombro que vuelve a salirse, el dolor, la torería del chaval del Liceo Francés de València a las claras. La intención era matar al novillo y recoger el premio que ya tenía más que merecido, pero el dolor lo impidió. El gesto de torería ante el dolor fue revelador. Nos acordábamos de nuevo del presidente...

Con Román en la enfermería la tarde quedaba en dos. Habían empezado cuatro la tarde, pero Posada de Maravillas llevaba en la enfermería con un puntazo serio en el gemelo izquierdo desde que el primero de su lote lo había herido.

Venía Posada --nieto de Juan, hermano de Ambel-- con mucho ruido. En València, en cambio, se silenció. Novillero de buen gusto y tanta o más ternura. Fácil con el capote, diría que a la verónica lo ve casi más claro que con la muleta. Ahí el Fuente Ymbro exigió mando y no lo acabó de encontrar. Varios detalles sueltos y bien embarcados, lo demás salió demasiado al aire de un novillo que acabó por encontrar hueco. Un derrote seco que ni levantó los pies del suelo a Posada de Maravillas dejó la señal y la hemorragia en el gemelo. Gesto torero de matar certero al novillo.

Entonces la novillada empezó a torcerse. La primera mitad había tenido una más que interesante carga argumental. Con el cénit de Román, pero también el más que interesante primero de la tarde y de la Feria de Fallas.

Enrazado y de querencias mansurronas, novillo de motor especial. Exigente. Antonio Puerta, novillero con el oficio aprendido, no se salió de faena moderna en los tres toros a los que se enfrentó. Y eso que el primero se lo dejó bien clarito. Circulares y manoletinas como por vicio y defecto en todos sus epílogos.

Antonio Puerta se fue a porta gayola decidido a recibir al primero. Novillo pujante, renuente en varas, con pies. Dando 'Palique', que era su nombre. De dos quites, uno Puerta y otro Juan Leal, y mala lidia en banderillas. Embestida corajuda, que se entregaba a la mano baja y se rebozaba más de la cuenta por el derecho. Una apuesta que aprobó Puerta. El izquierdo lo cantó el toro al toque fuerte y al morro, la repetición era a los vuelos de la muleta muerta. Los tropiezos se sucedieron. Era más lo que se intuía.

Para entonces el novillo tenía bien marcada su querencia a los adentros, pero no rehuía peleas. El circular sobraba, lo mismo que las manoletinas, al revés de como mandaba la casta del toro. Por ese derecho por el que se vencía y hacia la contraquerencia, voltereta segura quedándose en el sobaco y menos mal que fue sin consecuencias. A merced lo tuvo contra el estribo. Mal a espadas tras el palizón. Fue el novillo de lidia más interesante de toda la tarde.

El segundo, un castaño con cuajo, pero flojo. De poco poder y embestida rebrincada que fue quedándose. Juan Leal, espeso, alargó la faena sin sentido ni argumento. Estocada caída.

No fue para Leal la tarde. Sin lote propicio quedó como demostró ya el sexto de la tarde. Lo recibió por verónicas de rodillas, pero a la hora de la verdad, el toro quedó soso y en media arrancada o ni eso.

Antonio Puerta acabó matando el séptimo por la lesión de Román, se haría cargo también del octavo y último, que correspondía a Posada de Maravillas. Antes, con el quinto había construido faena expresiva, pero sin acople. Se venía de largo, pero salía distraído. Por su parte, el octavo fue un novillo de buen son, pero huidizo. Quería tomarla, se arrancaba de largo incluso, pero al tener tan marcadas las querencias, las fue agudizando. De salir distraído, acabo por irse claramente y apretando hacia adentro cuando le daban ocasión. Puerta, todo voluntad, hizo el último esfuerzo. Le debió servir para darse una vuelta al ruedo que dicen que dio.


PARTE MÉDICO: Partes médicos: Román fue atendido en dos ocasiones de una fuerte luxación del hombro izquierdo que le impedirá torear mañana. Posada de Maravillas sufre una herida por asta de toro en la cara interna del gemelo izquierdo de 12 cms de trayectoria ascendente que desgarra fibra muscular.

2 comentarios:

Amparo Gomar dijo...

Al leerte, me vuelto a emocionar, Andrés.
Mil gracias por ese peazo crónica.
Coincidimos en todo, pero yo no lo se contar tan bien como tu.
Enhorabuena, mestre.

Javier Martinez dijo...

Amigo Andrés:
No sé si es por la amistad o por la amistad del paisanaje, pero me parece desmedido lo que escribes (y en general lo que escribís todos los de Valencia de lo de Román de ayer). Me parece bien que os engañéis vosotros, pero al torero de ayer, con un gran novillo hay que reconocerle la disposición y ganas y todo lo que quieras relacionado con la adrenalina, testosterona y demás hormonas, pero con el toro que tuvo fue para reventar nada más empezar la feria de Fallas.
Tiene muy buenas maneras, pero ayer no fue su día. Quizás por el aire, o porque la bravura del novillo le vino grande o por lo que fuera, el caso es que con la derecha (sólo hablo de la muleta) nada de nada. Con la izquierda creo que no hubo una serie de más de tres naturales y el tercero ya salía medio enganchado o era arrollado o no era capaz de encauzar el torrente de bravura en una serie más larga, limpia y poderosa. En resumen, se quiso ver más de lo que realmente se vio.
Por cierto, yo no soy de esos, pero de la colocación y retorcimiento, que otras veces criticáis en otros, mejor ni hablamos. Vamos, que los amigos de las Ventas no le hubieran dejado dar ni dos series así.
Un saludo,
Javi.