Antonio Lorca en El País:
lo normal no es hacerse figura oliendo a chamusquina la taleguilla, y esa heroicidad la ha conseguido Manuel Jesús El Cid.
Carlos Ilián en Marca:
El calor tórrido, casi del mes de julio, y el ambiente de feria, ya en pleno auge, invitaban a una tarde de toros vibrante, como se espera cuando la corrida es de Victorino. Pero la decepción nos chafó a quienes esperábamos, al menos, la cuota del riesgo.
Para matar los victorinos se anunció un mano a mano ficticio de El Cid y Daniel Luque, dos toreros a los que nada los enfrenta y que tan solo por ingenieria empresarial se ven cara a cara. Por supuesto que allí no existió rivalidad alguna, ni tan siquiera intervinieron en quites. Todo muy plano, como plano y decepcionante fue el juego de los victorinos.
Sin embargo la tarde no se fue absolutamente en blanco gracias a que El Cid desempolvó viejos recuerdos y los actualizó en dos faenas que en muchos momentos nos trajeron a la memoria aquellas tardes del torero y los victorinos, especialmente en el quinto, el mejor de la corrida, al que templó y ligó naturales y redondos de la vieja escuela.
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