30 julio 2013

la feria de julio no merece que nadie le escatime

La Feria de Julio en la disyuntiva. Sigue donde estaba, pero con la certeza de dónde hay que incedir, trabajar y no volver a tropezar. Ha sido breve o así se nos ha hecho pese al sabor agridulce.

València por julio no tiene nada que ver con Fallas. Así que pretenderlo es un error. Julio parte del toro y quiere también carteles rematados. Pero la realidad se empeña en demostrar lo alejado de estos principios.

 
Sostener el ciclo con los dos manos a mano fue un acierto a priori --o no--, para al final rematarse en escándalo el que se antojaba más importante, fundamental y que más gente llevó a los tendidos y, consecuentemente, a más gente cabreó. Esto viene a corroborar lo ya sabido: en València las figuras campan a sus anchas; y además, esta vez, no se permitió la compensación por el otro extremo discursivo de la tauromaquia y no hubo corrida de La Quinta o Adolfo Martín, por ejemplo, con que comparar.


Que la corrida de Garcigrande-Domingo Hernández estuviera reseñada desde marzo tal vez hace más gordo el error. Así no se viene a València. Punto. Quizá se les debiera exigir a las figuras que enseñasen sus toros en la desencajonada sí o sí. Y así matábamos dos pájaros de un tiro. Porque la desencajonada también necesita recuperar su esplendor perdido, y lo perdió siempre por arriba, por el toro que las figuras escondieron. Luego cuando sale al ruedo el día de autos, pasa lo que pasa. Y lo que se vende, y se vende bien, como un mano a mano en la cumbre, acaba siendo un dolor de cabeza para los de abajo y una tomadura de pelo para los de arriba previo paso por taquilla.

El concepto mano a mano ya vende por sí mismo. Si viene emparejando nombres de postín, más. Si uno de ellos hace dos años que no se anunciaba, más aún. Lo que luego no cabe es que se deje clarinete que aquello era un mano a mano de la mano, un mano a mano de palo éste y el otro. Como los de rejones. Sin roce ni competencia, que es lo que de verdad deberían ofrecer y asegurar.  Y en ambos casos los asegurado fueron dos manos a manos sin agresión

Y mira que El Juli se fue a porta gayola y todo para que al final su actuación quedara un tanto sobreactuada: demasiada tensión para andar con una corrida de Domingo Hernández y Garcigrande que ni quiso ni aparentaba; y Manzanres echara las cartas antes de hora

Todos no tienen la suerte de un Morante de la Puebla que hace así y pone la plaza boca abajo. Los que vieron a Morante, volverán.

Hasta entonces, València no puede seguir siendo la plaza que las figuras toman por el pito del sereno. La plaza en la que el toro de las figuras baja varias cuartas respecto al toro de los no figuras o mediopensionistas. Estamos en las mismas. Eso pasa en Fallas y también en Julio. Y si reducimos el catálogo y hacemos un menú únicamente para feriantes de postín y cambios de cromos estamos echando de la plaza a una parte considerable de público, al más comprometido pero también más crítico, y quedándonos con el más circunstancial y volátil.


 Los toros de la Fira de Juliol en València siguen siendo, hasta el momento, el gran acontecimiento y el evento que más público aglutina de todos los actos que se celebran en la ciudad. Esta edición a una media de 5.000 personas por día, con dos tardes rondando los 9.000 espectadores. La feria de toros por Sant Jaume demuestra que no necesita de apenas alicientes externos para funcionar. Por eso lo mejor será que no le pongamos trabas desde dentro.

Pongan el toro en su sitio, al que aparentemente lo es. No más. Y hagan carteles especiales que no vengan ya caducados de fábrica, porque eso es lo que predominaba esta vez en unas combinaciones que olían naftalina.

Al final la Feria de Julio vino negando el futuro y regalando triunfos huecos, sin fundamento, que no merecieron salir por la puerta grande. El palco hizo aguas desde el momento en que negó las dos orejas a Román, tragó una corrida infumable de Garcigrande que hasta a los mismos taurinos sorprendió cuando la aprobaron, ya que tenían otra en el campo lista para ser embarcada esperando un rechazo que no llegó, y concedió orejicas absurdas que abrían puertas grandes de risa.

Que se apliquen el cuento o si lo suyo se guía por filias y fobias, mejor que dimitan. Al final, como se veía venir, acabaron pegando el petardo.

Pegó el petardo la autoridad al servicio de las figuras que a la postre también se estrellaron. En su (nada de) toro, algo que sucede de manera muy habitual, su falta de casta o por el contrario su exceso, que los acaba pillando desprevenidos y como se antoja València territorio de pachangas, nunca hay un esfuerzo real y definitivo.

Por eso de repente Morante con una serie de toreo y un molinete pone en pie al público; por eso Iván Fandiño, presente de rebote, con dos series de naturales a ralentí cargando la suerte tiene bastante para llevarse el título de mejor faena; por eso Castella con andar con suficiencia, con temple, frescura y en torero se convierte en el triunfador; y por eso Román arrolla con todo y demuestra ser el único que no se pone límites en conseguir el triunfo; o por eso al toro de la feria, 'Amante' de Victoriano del Río, Alejandro Talavante solo le corta una oreja en vez de dos.

La Feria de Julio no merece que nadie le escatime. De pachanga no hace falta venir a València y mejor abstenerse de rellenar carteles para ello.