02 junio 2014

#sanisidro14/ alberto aguilar, un trofeo por formas, concepto y torería


Fotos :: Juan Pelegrín - Las Ventas

La domingada de Las Ventas antes de alcanzar la particular 'semana grande' de San Isidro traía un tapado: Alberto Aguilar. Debía traer otro, Paco Ureña, pero por entrega y disposición el murciano cayó herido en la tarde del tributo a la verdad del toreo.

Así, quedó Alberto Aguilar emparedado en un cartel entre El Capea y Ritter (sustituto de Ureña), que todavía no han empatado con nadie. Y ayer tampoco.

La evidencia fue que con un toro mediano de Montealto, más tirando a vulgar, con la entrega justa y una alegría moderada, Alberto Aguilar compuso una faena preñada de gusto. El gusto impreso en cada detalle, por mínimo que resultase. En el ir al toro o el irse del él, en la forma de componer su menuda figura, siempre arriñonada y vertical, estacada en la arena las plantas; y el modo de correr la mano, sin tirones y de forma delicada. El gusto impreso de forma natural, naturalmente sostenido por el valor. La faena salió inventada. El toreo no fue mando ni sometimiento. El toreo fue un ejercicio de torería con la única de finalidad de escarbar en las escasas virtudes del toro, y lucirlas. La distancia, el respeto de los terrenos, el temple, la forma de aprovechar ambos pitones. El colofón de una estocada a ley reveló la grandeza de una faena merecedora de premio.

En recuerdo otra faena de Alberto Aguilar también inventada a un enorme toraco en Bilbao el año pasado. Y ojo, cuando un torero se sabe capaz de imponerse al toro encastado, y al tiempo es capaz de invertarse una faena y preñarla de gusto y torería... ¡ojo con él, ojo con ese torero que es capaz de cualquier cosa! Y Alberto Aguilar es de esos.