pónganse a trabajar (by paco aguado)
Vía :: Al Toro México |
Ayer lunes, exactamente a la misma hora en que el líder socialista español Pedro Sánchez
recibía a una comisión de la Unión de Criadores de Toros de Lidia, una
docena de jovencitos nerviosos y liderados por una histérica veterana
intentaba reventar la inauguración de la decimotercera edición del curso
de periodismo taurino de la Universidad Complutense de Madrid.
Apenas
a dos kilómetros de distancia, mientras que en la calle Ferraz un
aspirante a presidente de gobierno les hacía una faena de aliño y sin
compromiso a los ganaderos, un pacífico acto académico era boicoteado
impunemente por un puñado de niñatos en nombre de esa nueva religión
urbanita y fundamentalista que se basa no en el animalismo sino en la
zoolatría, o quién sabe si en la zoofilia.
Así
están las cosas en estos tiempos negros para la tauromaquia, en los que
hay que pedir audiencia a un político para que perdone la vida a
quienes simplemente ejercen su derecho a presenciar y a crear en pleno
siglo XXI un culto rito milenario, pero que por eso mismo son agredidos
de palabra y obra por los terroristas de esta nueva moral tan alejada de
la realidad como del humanismo.
La
escena vivida en el Salón de Grados de la Complutense, contra la
libertad de expresión y contra las palabras de uno de los mayores
talentos que ha dado el reciente cine español, como es Agustín Díaz Yanes,
nos recordó a los más metidos en años vivencias no tan lejanas,
imágenes de los tiempos duros de la entonces recién recuperada
democracia.
La
actitud, los gritos, los gestos airados, la agresividad de los rostros,
la inquina de las miradas, eran las mismas que tenían aquellos cadetes
de la ultraderecha que irrumpían en las incautas asambleas estudiantiles
de finales de los años setenta con puños de hierro y pistolas en mano.
Si
aquellos llevaban "loden", el típico abrigo austriaco de pelo verde que
ocultaba las camisas azules recién sacadas del armario de papá, estos
de ayer vestían uniformes de "progre", con disfraces desaliñados de
jóvenes “concienciados”. Sin pistola, pero con el mismo odio no
meditado, con idéntica furia parafascista contra los señalados por los
líderes de la secta.
Pero
no pasó más. Los "valientes" activistas vocearon las cuatro simplonas
consignas de rigor –como también las usaban aquellos cachorros de Fuerza
Nueva– y
se fueron ilesos tan contentos y ufanos a tomarse unas cañitas. Casi
con la misma "satisfacción" con que un ratito después salieron de la
sede del PSOE los cinco ganaderos a los que Pedro Sánchez les dijo que su partido respetaba la tauromaquia y el derecho de la gente a asistir a las plazas.
¡Faltaría más!, señor Sánchez,
que ni siquiera eso se nos reconociera. Pero si es verdad que la
comisión salió contenta de una cita de puro trámite, en la que ni
siquiera les dejaron hacerse una foto con el anfitrión, con qué poco nos
conformamos los taurinos de ahora: apenas con la perogrullada de un
joven político que nos pega pases por alto, igual que el torero medroso
pasa sobre los pies la embestida molesta de un sobrero inoportuno y
desagradable.
A
todo esto, las fuerzas vivas del toreo, empresarios y toreros, andan
estos días perdiendo el tiempo cruzándose patéticos y apocalípticos
comunicados con veladas acusaciones de “y tú más” acerca de la crisis, y
pidiendo sin ganas ni verdadera convicción la unidad de los estamentos
del toro en un último reconocimiento a su dilatada incapacidad para
afrontar la dura realidad.
Pero
déjense de lloros y de reuniones de plañideras. Aparquen de una vez su
abulia de empresarios abotargados, sus conciliábulos y sus falsas
alianzas más propias de meapilas que de figuras del toreo. Sequen sus
lágrimas de cocodrilos que devoran los últimos restos del cadáver y no
se vistan como para un baile de señoritas de sociedad cuando acudan a
una manifestación en defensa de su dignidad.
Porque,
puestos a repetir tópicos, toca ya arremangarse, ponerse el mono de
trabajo, mojarse el culo, partirse la cara y defender con uñas y dientes
este patrimonio colectivo e internacional que tanto les ha dado y que
se han dejado ir.
Ya
casi desde las catacumbas de esta sociedad de lo virtual y del inhumano
buenismo que nos señala como apestados, nos toca salir a la luz sin
complejos a divulgar nuestra verdad, a defender nuestra sincera moral, a
hacernos respetar frente al paganismo que convierte en dioses a los
perritos meones que ensucian ciudades y ocupan en las casas y los
corazones el lugar que antes tuvieron los hijos.
Si
solo saben torear, criar y dar toros de tan bizarras maneras en desuso,
y no todos bien, miren por primera vez a su alrededor e intégrense en
el ritmo de la sociedad. Inviertan, gástense una parte de lo mucho que
ganaron, los pocos que lo hicieron, y contraten asesores, abogados,
comunicadores, publicistas, economistas, sociólogos que les marquen el
camino, que les diseñen sobre el mapa la estrategia de la urgente
batalla.
Abran
las puertas de sus tétricos despachos, iluminen las páginas de sus
oscuros libros de cuentas y acudan pertrechados de números y de datos,
de cifras incontestables, a las trincheras de la administración.
Avergüencen al político roneante de cada callejón, tápenle la boca a la
demagógica coleta sin añadido… Pero háganlo ya. Queda poco tiempo para
evitar el lamento eterno por haber perdido nuestra razón de ser.
Pónganse a trabajar de una puta vez.
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