22 mayo 2015

¿qué dicen por ahí de castella y lenguadito?

"...no quedó otra que recurrir al sobrero, que con el hierro de El Torero, como si lo entendiese, vino a poner todo lo que faltaba: la casta, la nobleza, la fijeza y la entrega hasta el final; y ahí se encontró 'Lenguadito' con Sebastián Castella en una faena que se construyó a puro pulso."

"Muy despacio. Ritmo. Sin apenas toques los cites. La embestida sólo se recoge. Y mucha largura y entrega en el viaje, que se trae perfectamente Castella en los mismos vuelos. Así, también al natural. Y una serie rotunda, larga y reunida por la derecha en los mismo medios. Faena larga, embistiendo perfecto, ni una duda en las muñecas del torero, ni un renuncio en la casta brava de Lenguito."
 

Tal vez faltó misterio; tal vez un torero menos vertical, un torero más hundido, un toreo más imperfecto... seguramente una estocada un poco más arriba. El caso es que yo no hubiera dudado en las dos orejas y la vuelta al ruedo al toro.

Pero, tras ver la faena otra vez, veámos: ¿qué dicen por ahí?






Javier Hernández

Toro fino en todo, en sus cabos, en su pelo negro, en la apretada cuerna, en su culata ligera, en sus pechos nada cargados y en su cara limpia, de fiera y noble expresión. Lenguadito, con sus estrechas sienes, sus dos puntas engatilladas puestas para coger, se puso a usarlas persiguiendo todos los estímulos con ellas, con absoluta entrega, con distinción, con perfección quería coger Lenguadito. Ni un derrote mal dado, ni uno. Fue lidiado con tempo y temple, bien cuidado por el banderillero Chacón, ahormado en dos varas cabales, y así Lenguadito llegó a la hora de la muleta con ritmo, conectándose con los flecos de la muleta del francés Castella


Zabala de la Serna

Castella trenzó un lío formidable en los medios. El suyo con el sello de la casa. Un cambiado por la espalda y a pulso la muñeca zurda. Y toreó a cámara lenta al toro de más calidad que haya pisado el ruedo venteño de todo San Isidro. 'Lenguadito' repetía y repetía y no levantaba el hocico de la arena, ni de los vuelos de la muleta que, en cuatro series, deletreaba cada interminable derechazo arrastrado. El toreo ligado, encajado el elegante galo, Le Coq en estado de gracia. La ayuda para sujetar la muleta ante el viento por la izquierda, hilvanada más que ligada, fina, engrasada y liberada de la sujección. Un cambio de mano de la siguiente serie arrancó el rugido de la comunión. La simbiosis (cuasi) perfecta de Sebastián, Lenguadito y Las Ventas. ¿Por qué cuasi? No lo sé. Más despacio no habrá toreado nunca Castella en Madrid. Quizá porque la estocada rinconera restó.

 

Patricia Navarro

539 kilos de animal, tocado de pitones, algo protestado de salida y un dios en la muleta, siempre descolgado con clase inaudita, prontitud y ganas de repetir el viaje una y otra vez, con el ansia de dejar soñarlo para poder perderse en ese volcán de ilusiones, en esa erupción de embestidas que lo daban todo con mucha claridad. El viento estuvo presente. ¡Cómo iba a faltar lanzados ya en esta racha interminable! En suerte le cayó a Castella el toro y después de brindar al Rey Juan Carlos le esperó en el centro del ruedo, con la mirada en la arena mientras el toro galopaba.


Paco Aguado

Se llamaba Lenguadito , estaba marcado con el hierro de Toros de El Torero y le correspondió, en segunda suerte, al francés Sebastián Castella, que acabaría cortándole la única oreja concedida en esta corrida de máxima expectación. Tuvo ese sobrero alegría, claridad, prontitud y clase en unas embestidas incansables, a pesar de que no estuvo tampoco sobrado de fuerzas.
Castella le dio en los medios un recreado pase cambiado por la espalda que prologó una muy dilatada labor en la que la obsesión por la quietud de planta y la ligazón de los pases, con mucha rigidez de planteamientos, primó más que el temple y la fluidez de los pases, que era más bien lo que pedía el enclasado toro de El Torero.
Fue ese concepto de movimiento continuo del trasteo lo que más calentó al tendido y lo que avaló la concesión de esa única oreja, tras una defectuosa estocada y un aviso que sonó cuando Castella aún estaba toreando, en concreto con unos ayudados por bajo que fueron los pases más recreados del conjunto.