23 mayo 2015

#sanisidro15/ así de raro, extraño y desagradable



Hay tardes extrañas. Tardes de esas en las que todo parece que transcurre como a disgusto. Justo como esta en la que se anunciaban toros de El Pilar para Padilla, Manzanares y Perera en Madrid. Y encima Las Ventas, que tiene sus demonios ¿o sólo es falta de afición y cultura taurina generalizada? Y cuando todo de repente se junta, todo parece tan desagradable que el espectáculo de la corrida de toros se antoja tan alejado de ese preciso momento, y el aficionado de sofá o de cemento ni sabe donde meterse ni sabe porque esto es tan raro, extraño y desagradable.


Padilla que no está. Todo le supone un enorme, indisimulable y desordenado esfuerzo repleto de brusquedades. Su primero más atrancado, el cuarto, un pilar de la saga de los guajiros de toda la vida. Desarmó a Padilla colándose feo. Pero tuvo buen aire humillando, aunque también barrió las tablas alguna que otra vez. Gobernó el tal Guajiro en los primeros tercios y en la muleta sin temple se desgobernó en una faena sin gracia ni argumento.

Manzanares nada entre el yin y el yan de una plaza ruidosa especialmente cuando él aparece en escena. Tantos detractores como gente del colorín a su favor. Contexto y materia desagradable. El sobrero de Charro de Llen es destemplado por lo general. Embestidas movidas, pero sin objetivo. Josemari acepta esa guerra. Algún lance de capa, alguna tanda coreada, otra estropeada por el viento de siempre, otra más atropellada, una robada al ataque, todo a esa altura que no conmueve y al final estocada en modo sartenazo. Los tendidos con sus historias no sé si se enteraron de algo.

Esto de El Pilar cada vez da más la sensación que se mueve y embiste como tambaleándose. A veces es por falta de fuerzas y otras por mera constitución. De altones son descoordinados. Como el negro tercero, bien estrecho de sien. Le dio por humillar. A veces. Un serie de Perera muy despacio y un de pecho mejor, enroscado a la cintura y rematado por la hombrera izquierda. Luego una colada fea, otra embestida que atropella con el lomo y ese viaje tambaleante una vez así y otra asá como para sacar de quicio a cualquiera. Una vez el viaje es para enmarcar y otra lanza a dar. Pero Perera al menos ya no enfrenta a los tendidos venteños como Manzanares o es que la batalla con Josemari los deja agotados a unos y otros.

Y Manzanares a la suya. Su primer lance al quinto se convierte en un circular. Sorprendete. ¿Agradable? Un atragantón. El negro tiene hechuras, zancudo, pero estrecho y fino. Y cuando toma las telas lo hace por abajo y con temple. Manzanares quiere. La faena es movida. Ese viaje tambaleante se vuelve a apreciar y a sufrir. Una colada al segundo muletazo. Otra en la tercera tanda. Dos tandas breves ligadas con la muleta muy por delante. Otras dos que vienen rematadas por de pechos marca de la casa, envolviéndose de toro y muleta. Naturales rematados más por arriba que por abajo. Ayudados y esa pelea en la que lleva la iniciativa Manzanares. Estocada en lo alto. Aviso y oreja para prender la guerra en los tendidos que durante la faena estaba muy achantada. Qué cosas.

Perera se agarra bien a la verónica con su primero. Abriéndose, marcando mejor el viaje. La raza le va a menos. Va desperdigándose con la lidia y eso que en varas no lo apretaron. Para variar. El tercio de banderillas es más incómodo que una chincheta en el culo. En la muleta pulcra y segura de Perera no dijo nada el último Pilar.