09 abril 2016

insultante suficiencia de el juli en plena batalla de sevilla

Preciosa corrida de Victoriano del Río. Por fin, los feligreses en el bar podíamos asentir aquello de que a Sevilla van los toros mejor hechos. Un núcleo central tuvo la corrida de guapura fenomenal, los toros tercero, cuarto y quinto. Aunque, para variar, les faltó carbón en los momento finales. El tercero conforme vino planeando nada más aparecer, metiendo la cara perfecta tras las telas, la mansedumbre le asomaba de salida, yéndose suelto. Perera, que se toreaba encima, le pegó un apretón de primeras que lo acobardó. Lo dejó sin terrenos y el toro ya salió de najas. Y hasta luego. Se prometía faenón hasta que durase la raza, y la raza no duró ni medio suspiro.

Punto y aparte ese tercio de banderillas al tercero con Curro Javier con los palos cuadrando en la misma cara. El toro apretaba. Y un lance de Javier Ambel que fue pura delicia encendió a la banda. El último par de Curro Javier, sonando la música y el silencio de expectación, es uno de esos momentos que te regala el toreo y que sólo pueden suceder en La Maestranza de Sevilla.


Morante, torero diferente y libre, vino con hambre. Parece que quiere el triunfo y que su toreo busca las orejas, y cuando busca las orejas se enfrasca en alargar lo que no cabe y la lidia entonces pierde su sentido y el colofón de la muerte se complica, y otra vez por poco, Morante se vio salvando el tercer aviso por los pelos. Qué cruz. Antes, raptos de arte. Un toreo de capa sublime. Barrocas verónicas las del cuarto. Un quite por tafalleras sentido al tercero. Y una media, otra vez al cuarto, a pies juntos, que fue un monumento. Sevilla enloqueció.

Pero la tarde fue de El Juli. Desde que se abrió de capa. Insultante su suficiencia. Dominio absoluto. La mirada traquila y voraz. Administró ciencia a su primero. Pulso exacto. Casi que con la gorra. Más despacio imposible. Milimétrico el toreo. Una oreja de ley. Galones de figurón cuando se fue al portón de chiqueros. Cosas de líder. 'Impuesto' era la belleza hecha toro, y además bravo. Encelado en el peto como si no hubiera mañana. Más de cinco minutos ahí. Roto el toro tras tanta pelea, luego no rehuyó ninguna embestida, aunque quedó con menos poder. El Juli administró todas las enormes virtudes del toro. A placer, pero con total entrega. Con total firmeza y todas las ventajas. Insultante El Juli, el orgullo de figura espoleado en una temporada en la que la competencia se palpa a kilométros de distancia, por Sevilla pasó en su primera cita El Juli más natural, convencido y pausado. Daba miedo. Daba gusto. La tarde y esa faena al quinto eran como para abrir la Puerta del Príncipe. Pero un pinchazo y el descabello torpedearon los deseos. Le queda otra.

A Perera le sobraron ansias, pero es que la temporada ahora mismo no está fácil para ninguno. La batalla está en su pleno apogeo y no se apiada de nadie.