26 septiembre 2016

(re)huelga de emoción (crónica de la tercera de #bousalgemesí16)

Debe dar vértigo. Pero Algemesí es así. Es lunes y todavía queda por delante una semana entera de toros y juerga. No hay tregua. Por eso con uno de los carteles estrella se rozó el lleno. Como si nada. Casi 4.000 encaramador en los cadafals. Volvía Rehuelga, que el año pasado echó una de las novilladas más destacadas del ciclo, con dos de los novilleros de mayor vitola del escalafón por diferentes motivos: Pablo Aguado porque es una de los novilleros que mejor anda; Alfonso Cadaval, porque todavía muy tierno juega además con esa arma de doble filo de ser 'hijo del moranco', cosa que no debería importar ni haría falta mentar si se hubiera quedado tapado cuando tocaba en la tarde que nos ocupa.


A la novillada de Rehuelga, desigual de caras, pero bien comida y bien hecha, le faltaron demasiados condimentos. Empezando por las fuerzas, el poder, la transmisión o la casta para querer embestir de verdad. Todo transcurrió, en general, demasiado a media altura. A favor quedó la nobleza y que no se comieron a nadie. En contra, que la sangre santacolomeña fue en exceso discreta y la emoción propia que transmite el encaste con sello Buendía se declaró en huelga.

'Cortijero', el primero de la tarde, fue el único de capa negra. Altón y zancudo. Venía de la línea ibarreña. Su hocico recordaba muy mucho a lo de Cuadri. Las defensas, cómodas y discretas. Flojo de apoyos, se derrumbó estrepitosamente tras una vara sin excesos. No era el mejor toro para brindar al ganadero, como así hizo Pablo Aguado ya pensando en la preparación del invierno. El buen pulso de Aguado para sujetar la embestida e imprimir cierto gusto fue lo más destacado. Vertical y arriñonado, acompaña y torea con todo el cuerpo. Muy a media altura. Sin acabar de profundizar. Buen corte de torero y poco toro y mucha nobleza cogida con alfileres. Estocada caída tras pinchazo. Una orejita instrascendente.

'Tocador', el segundo, fue el primero de la gama de cárdenos. Éste perfectamente entrepelado. Breve y cómodo en exceso de pitones. Es algo que hay que entender que también va con la sangre. Otra movilidad. Fácil se abrió Cadaval de capa. Las fuerzas vuelven a flaquear. Cara altita, sin emplearse. Lo mejor de su tarde Cadaval lo hizo en el buen inicio de rodillas. Pero la faena y todo se vino a menos. Faltaron finales en  la embestida, distraída y suelta en los remates, sin celo, como aburrida; y faltó poso al toreo de Cadaval. Salió como bastante ligero todo aunque cada tanda la celebrará como si de una revelación divina se tratase. Estocada efectiva delantera y contraria. Y una oreja concedida previo show del padre, rey del humor, que incitó a las masas pañuelo en mano desde el balcón del ayuntamiento, que es también el balcón presidencial. Poco serio. Oreja de ningún peso.

Cárdeno claro y una pintura fue el tercero, 'Sombrero'. Muy en la línea de Buendía y luciendo ya más respetables defensas. Pablo Aguado, sin traicionar sus formas clásicas, de toreo gustoso y encanjado de riñones, supo tocar perfecto las teclas del público de Algemesí. Y entre desplantes, tandas suaves, poca transmisión y sonrisas, montó una faena que desperdició con la espada en plan pinchauvas.

'Carnaval', número 15, siguió la gama con su pelaje cárdeno oscuro. Pitón negro y mazorca blanca. Muy expresiva su mirada. De tío. De los que debe pesar con solo estar delante. Por su seriedad. Metió el hocico de salida. Mera ilusión. Midió y probó por demás. Desarmó pronto a un Cadaval, que anduvo siempre tras la mata. El novillo acabó la lidia con la boca cerrada.

Las próximas citas de Algemesí son dos novilladas sin picadores. Más futuro.