11 enero 2012

antonio carpio, torero de catarroja (en el 117 aniversario de su nacimiento)

Hace unos meses pedí a unos amigos si conservaban el primer número de una revista de carácter local que sacamos adelante entre varios. 'Catarroja Descoberta' se llamaba y duró unos diez números y un par de años. Lo que quería era recuperar el artículo que firmé recordando la figura de Antonio Carpio, torero de Catarroja en los inicios del siglo XX, además del nombre de la calle en la que víví hasta hace un año y pico.

Xavi Bellot --moltes gràcies!-- me hizo el favor de hacerme llegar aquella doble página del primer número del 'Catarroja Decoberta' en la que hablaba de la vida y tragedia de Antonio Carpio y lo hubiera posteado antes aquí de no comprobar que al poco, exactamente hoy 11 de enero, se cumplía el aniversario del nacimiento de Antonio Carpio Asins en Catarroja, concretamente el 11 de enero de 1895, hoy hace 117 años.

Así que celebrando el aniversario del torero, recordando su vida, su temeraria tauromaquia y su final trágico, además de compartiendo algunos datos sobre su figura ante la escasez que ofrece la red, aquí van este artículo (con alguna insensatez final) y las citas de Carpio en las Memorias de Clarito o El Cossio.

AÑADIDO: Recomendable el post de Fabad en el blog Aula Cultural de Granada en el que recuerda la figura de Antonio Carpio a través de varios artículos en viejas publicaciones taurinas. Desde su vida y tragedia hasta el festival benéfico organizado por el torero Rosario Olmos, natural de Algemesí --el otro pueblo del cual desciendo--, y que permitió traer desde Astorga hasta Catarroja --mi pueblo-- los restos de Antonio Carpio.

Antonio Carpio, torero en la Edad de Oro

Mientras Joselito 'El Gallo', el torero más completo del mundo de los toros, y Juan Belmonte, el del antes y el después, ponían patas arriba el toreo, Antonio Carpio Asins se encargó de darle a Catarroja un pequeño hueco en la Edad de Oro de la Tauromaquia.

La historia de Antonio Carpio es de las de antes. Una historia plagada de romanticismo, donde el toro y su gloria lo son todo. Gloria o fatalidad, nuestro torero estaba destinado al más amargo de los sinos.

En el número 3 de la calle Mayor de Catarroja nació Carpio el 11 de enero de 1895. Sus padres, Antonio Carpio Gil y Dolores Asins Guillem, querían que Antonio estudiase. Y estudió, y fue un alumno brillante. Pero a los 13 años, al ver una novillada en la plaza de toros de València, le alcanza el venenoso aguijón que le impregna en toda la sangre la afición a los toros. Enfermedad de difícil curación, Carpio no tiene más remedio que buscarse un trabajo en la capital para subvencionarse las entradas a los toros.

Con el veneno en el cuerpo, como dice la gente del toro, el torero de Catarroja empieza con sus escapadas a las capeas. En cualquier fiesta de pueblo, en cualquier placita de talanqueras, Antonio Carpio sacia su deseo más fuerte: torear. Y será en esos lugares sin nombre donde se empiezan a ver los primeros destellos de un toreo pleno de valor, que ya en sus inicios se enmarca en la más pura línea belmontista.

1913, el año clave
Ese año alza el vuelo la rivalidad más perfecta que se ha dado en el toreo, que no es otra que la que se da entre Joselito y Belmonte; y también ese mismo año Antonio Carpio decide hacer realidad esos sueños que se vestían de seda y oro. En marzo de 1913, mandado por su padre, va a cobrar unas facturas. Antonio las cobra, pero el dinero se lo entrega a un conocido y vecino de Catarroja para que se lo haga llegar a su progenitor. Solo en la capital y sin un duro embarca sin billete en un tren con destino Madrid.

Casualidades de la vida, en los vagones de primera clase viajan los dos reyes de la fiesta. Su objetivo era llegar a Madrid y seguir hasta el campo charro de Salamanca. Pero cuando el tren dejó atrás Valdemoro y estaba a punto de llegar a Pinto, fue descubierto por el revisor. Su reacción fue escapar por la ventana con el tren en marcha pasando por un puente. Al saltar Antonio se agarró con las manos a las vigas de hierro, y un tren que pasaba en sentido contrario le cortó un dedo a la altura de la uña.

La aventura acabó con su detención. Al regresar a Catarroja terminó sus estudios y obtuvo el título de Maestro Elemental Superior. Entonces la vida de Carpio se centró en el toro, su propio padre, al ver las ganas del chaval, es quien le consigue su debut de luces.

El 25 de octubre de 1914 Antonio Carpio se presenta en el coso valenciano de la calle Xàtiva. Al salir de casa se despide y su madre le dice: "déjate la vida en la plaza si quieres ser torero". El debut resulta del todo exitoso. La quietud y el valor de Carpio asombran a los tendidos, y en triunfo es sacado en hombros de la plaza y traído hasta... ¡Catarroja!

Tras las primeras actuaciones, la afición con ansia le espera para la temporada de 1915. El 7 de marzo debuta con picadores en València. Triunfo y puntazo son el resultado. Y la se empieza a decir aquello de:

"¡Carpio en la gloria se cuela!
¡Carpio será millonario!
(Primer maestro de escuela
que al fin comerá a diario)"

Carpio, punto de referencia
La carrera de nuestro torero ya está lanzada. Se convierte en uno de los puntos del escalafón novilleril. Y su nombre aparece en los carteles de las plazas más importantes; Barcelona, otra vez València y luego otra vez Barcelona, Almería, Zaragoza. Apoderado por Francisco Nin de Cardona el 26 de marzo debuta en la madrileña plaza de la Carretera de Aragón. Su actuación en la capital del reino es calificada como el más grande acontecimiento taurino de la temporada madrileña.

La temporada del 16 continúa. Triunfos y cornadas acompañan a Antonio Carpio. En Madrid, Málaga, San Sebastián, Gijón... su toreo asusta por su quietud. "Eso no puede durar", dice la gente. Es el rey del parón, su toreo es de brazos y muñecas. Las máximas belmontinas Carpio las lleva a su última expresión.

Con más de 20 novilladas lidiadas y otras 20 contratadas y la alternativa a la vista, que tenía que recibirla en Madrid por octubre de manos del gran Joselito, Antonio tiene ue torear el 27 de agosto en la plaza de Astorga (León). Era una corrida mixta. Acartelados estaban el matador Serafín Vigiola 'Torquito' y Antonio Carpio, al que corresponde en maldita suerte el novillo de nombre 'Aborrecido'. Manso de condición y dicen que burriciego, 'Aborrecido' hiere al valiente lidiador cuando éste lo lanceaba con la capa de forma pasmossa. Negándose a pasar a la enfermería en gesto muy torero, Carpio toma la muleta para darle muerte. Pero en un cambio de mano 'Aborrecido le cornea brutalmente en el muslo partiéndole la femoral.

Por la inmensa herida la vida del valiente empieza a esfumarse. Nadie, ni en la enfermería ni en el hospital, es capaz de hacer cesar la hemorragia. La cuadrilla acompañaba al joven Antonio Carpio en la intensidad del dolor, José Abad 'Torero', su picador, le abraza cuando éste balbucea sus últimas palabras: "Me muero, me ahogo ¡Madre mía! ¡Madre!"

Antonio Carpio amortajado.

La muerte del torero
La noticia de la muerte consternó toda Catarroja, València y todo el planeta taurino. El 29 de agosto es enterrado en Astorga y ese mismo día la tirada de El Mercantil Valenciano se triplica. El regreso definitivo a Catarroja de Carpio es iniciativa de otro grande de la torería valenciana, Rosario Olmos, que organiza un festival benéfico para su traslado y para la construcción de un panteón en su pueblo natal. El festival se celebró el 3 de diciembre de 1922 y el 8 de mayo de 1923 definitivamente Antonio Carpio descansó en Catarroja.

El precio de dolor que pagó Antonio Carpio nunca estuvo parejo con su gloria. Vivió la Edad de Oro del toreo y dos toreros se bastaban para coparla, la maestría sevillana de Gallito y la revolución belmontina del Pasmo de Triana lo eran todo. Pero entre los novilleros logró destacar uno, nuestro Antonio Carpio. Y hoy gracias a fotografias diversas podemos adivinarle un estilo en la línea belmontina, o incluso más avanzado al toreo que practicaba Juan Belmonte. Lo curioso es que ambos tanto el trianero como el catarrojense, empezron a plasmar su tauromaquia en la misma época; y también de ambos esperaba la afición que la vida se la arrebatase un toro. Antonio, al igual que Belmonte, se olvidaba del cuerpo para torear y conjugaba los tres verbos precisos: parar, templar y mandar. Y quizá, el toreo de Antonio Carpio ahondó más que el de Belmonte en la profundidad.

Primera página del artículo en Catarroja Descoberta.
Segunda página del artículo en Catarroja Descoberta



4 comentarios:

fabad dijo...

En en enlace siguiente hay algo sobre Antonio Carpio. Me llamó la atención y lo subí al blog.

http://aulataurinadegranada.blogspot.com/2011/03/antonio-carpio-otra-vez.html

Andrés Verdeguer Taléns dijo...

Muchas gracias Fabad. Voy a echarle un vistazo.

Saludos!

Anónimo dijo...

enhorabuena por el articulo lo recuerdo de la revista mencionada y la he vuelto a leer otra vez con igual entisiasmo que la primera vez que lo hize.
soy aficionado de catarroja y poco he podido encontrar sobre nuestro torero así que cuando encuentras algo y de esta calidad....no tiene precio.

Andrés Verdeguer Taléns dijo...

Muchas gracias, aficionado anónimo! Pero a la próxima indentificate!

saludos.