12 febrero 2013

no a la politización de los toros

Cuando a finales de julio de 2010 el Parlament de Catalunya, a través de la iniciativa de una ILP, prohibía las corridas de toros en su territorio --para entonces sólo quedaba con vida Barcelona-- se trató de inculcar con gran empeño la idea de que en aquella medida no había reflejado ningún odio a España, que aquello no era con afán de dividir, sino que era por mero amor a los animales.

Hoy, cuando otra ILP propone, en sentido contrario, declarar la Tauromaquia Bien de Interés Cultural ya son unos cuantos manipulando y tratando de inculcar su manipulación. Por ejemplo el PSC, diciendo que es "la maniobra típica y clásica del PP y del nacionalismo español de querer levantar según qué banderas en momentos muy complicados". Al parecer no han entendido nada y tampoco es que pongan se esfuercen demasido en ver si captan algo.

La ILP de los toros fue promovida por la Plataforma de Entidades Taurinas de Catalunya y fueron los aficionados los que a pie de calle recogieron el más de medio millón de firmas: En Barcelona y toda Catalunya, Bilbao, Madrid, Alicante o València. En eso no hay ninguna maniobra típica del PP, sino el afán de un amplio grupo social por defenderse democráticamente ante el ataque sufrido y la negación mediante prohibición de su cultura, pasión e identidad.

http://1.bp.blogspot.com/_hfWKjF0dzjI/SRISDI5oLoI/AAAAAAAACzI/fk-P4IIKNes/s400/lorca.jpgPero la realidad es que hoy esas firmas por la cultura y la diversidad, por el toro y la tauromaquia, en son carnaza para la demagogia y la politización en manos de los políticos. Hoy más que nunca. A favor, en contra o abstemios por naturaleza, da igual, esto es en definitiva todo el ruido que les conviene y más, sin reparar en toda la torpeza que son capaces de ejercer en nombre de los ciudadano y así tirar una espesa cortina de humo.

Que todo lo tapen dos Iniciativas Legislativas Populares y la demagogia barata de enfrentarlas manipulando la realidad, reduciéndola, empobreciéndola. Y la toros, la tauromaquia, riqueza vital y poética, cultura, pasión e identidad, reducida a arma arrojadiza (o lo que es la demostración del escaso argumentario político desde la izquierda) o escudo sobre el que se descarguen todos los improperios (donde la derecha tapa sus vergüenzas y su sordera ante dramas sociales que ya se han dejado varias vidas por el camino).

Puro oportunismo político, un auténtico circo. Por una lado, más de medio millón de firmas por la Fiesta de los Toros, que viven su peor momento o eso dicen. Y por otro, cerca de millón y medio de firmas para aprobar la dación en pago, tras el hundimiento del sistema económico, el fracaso del sistema financiero que provocó la época en que se firmaron mayor número de hipotecas y una crisis que nos sitúa en los seis millones de parados.

Las circunstancias son compartidas, la agónica realidad socio-económica afecta a todos por igual, pero nos encontramos ante dos ILP diferenciadas, que no se niegan entre sí más que en las obtusas mentes de la demagogia política y el pseudo periodismo. Una quiere atajar un drama de cruda actualidad, la otra busca el reconocimiento de lo que ya es, riqueza cultural. Y si hubiera auténtica riqueza democrática ambas iniciativas serían aprobadas para ser debatidas en el Congreso, que es lo único que nos jugamos hoy.

La dación en pago se ve como una solución ante las crisis que viven miles de familias hoy en España y la declaración BIC para la Tauromaquia es la demanda de una manifestación cultural en su más amplio término que no quiere ser agredida nunca más. Pero paradojas, ahí está vapuleada, es decir: politizada hasta el extremo.

No a la politización de los toros es una exigencia, un auténtico deseo ante la triste realidad de recurrir a la política justo cuando ésta alardea de su propio fracaso, su argumentario descansa en la demagogia y el mal uso de la democracia se ha convertido en la negación mediatizada del otro.

No a la politización de los toros, sí. Pero ahí se ha llegado por el fracaso de la industria taurina por no saber defenderse a tiempo, tocar fondo justo cuando la política también lo hace y tener recurrir a ella en el peor momento.

Pero pese a todo, no a la politización de los toros por la libertad de expresión de una manifestación cultural más allá de la ideología de cada cual y que desde la más absoluta diversidad es auténtica riqueza vital, artística y ecológica, pura inspiración y nido de hondas emociones y pasiones.

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