14 agosto 2013

fuera coñas: toros en dax, francia

Era la primera vez en Francia viendo toros. Y las diferencias, quedaron plasmadas. Vistas. Vividas.
GRAN NOVILLADA DE EL PARRALEJO EN LA PRIMERA DE LA FERIA DE DAX
El sustento, más de media plaza de aficionados o gente con ganas de saber, conocer y sentir. El habla, afrancesada al 98%. Pero la gran diferencia: esa total ausencia de coñas. Total es el respeto y admiración del rito. Y no cabe la mínima chanza: hay un toro y un tipo con ganas de jugarse el ídem y hacer más a partir de ahí. Silencio. Un silencio que se creó desde el mismo inicio para que lo rompieran cornetas y timbales anunciando al primero de El Parralejo.
Dos datos: la mayor bronca de la tarde-noche se la llevó un picador de Armillita por, precisamente, mostrarse incapaz de picar a un novillo que por tres veces le ganó la partida del peto y lo derribó dos veces. Y el otro dato es que los únicos olés de la tarde el público se los cantó a Clemente cuando le extrajo los muletazos más meritorios (por mando y exposición) al quinto. Lo vieron y cantaron el toreo cuando fue más auténtico. Y ya puestos obligaron a desmonterarse a un subalterno de Martín Escudero tras parear con verdad al cuarto.
Otra señal por omisión: no hay tablilla. Ni falta que hace. Kilos? Trapío, trapío! La novillada de El Parralejo fue una tía. No por destartalada. Sino por trapío. Con el lote de Martín Escudero resaltando por arriba. El cuarto fue pisar la arena y llevarse una ovación.
A los novilleros no hay nada que reprocharles, ante semejante novillada navegaron con dignidad y resolvieron no sin alguna duda, pero siempre tiraron hacia adelante. Pisaron con firmeza y solo hubo una voltereta en toda la tarde, y fue más por causa de la impericia capotera de Clemente que por las malas ideas del novillo.
Y es que la de El Parralejo si fue encastada y lució importantes goterones de bravura, también fue noble. El primero fue muy rematado, con mucho cuajo. A su nobleza le faltó una pizca de motor. A Martín Escudero, aseado con la zurda, le faltó cierto poso y le sobró una velocidad.
Más vareado el segundo, Laminado su nombre, pero sobrado de trapío y con pies. De los bravos de verdad. Humillando en las telas, pero llevando la cara arriba en el peto, le dieron una lidia pésima y desordenada, repleta de capotazos sin ningún sentido.
Clemente se encontró mejor con la muleta, demostró que no le pesa pisar ciertos terrenos y acabó por sentir la buena (y maltratada) embestida del segundo 'parralejo'. Siempre por abajo, a Clemente le faltó imprimir más mando y largura al trazo. A su favor decir que aguantó serios parones frente a los mismos muslos. Dejó media estocada tras volcarse muy de verdad. Marró a descabellos.
Espectacularmente bravo fue el tercero y espectacular el tercio de varas que deparó, saliendo vencedor de cada uno de los tres encuentros con el piquero de la contraquerencia. Al suelo lo mandó a la segunda y a la tercera sin que hubiera brazo ni vara capaz de frenar aquello y así, lamentablemente, al bravo le tuvieron que dar estopa en la misma puerta de chiqueros.
Esa bravura encastada del novillo tenía la virtud del temple y el ritmo en la embestida cuando lo enganchaban por delante. Lo enseño de salida, porque Armillita si algo maneja con soltura es la capa y lo afianzó en la brega buena de Carretero, un torero que ya de por sí era un lujo para semejante novillada con tantísimas cosas de toro: el trapío, las formas, la seriedad, el poder...
Ese temple lo pasó Armillita sin excesos en las apreturas y con corrección, evitando enganchones, sobre la derecha. Por el izquierdo el primer enganchón fue un desarme. Así era la casta del animal. Armillita desde su ternura montó faena como para un orejita, simplemente por la capacidad de aprovechar de forma ordenada el pitón derecho y por dejar la estocada de primeras que habría podido ser suficiente. Pero la bravura del novillo hasta por tres veces le dio una votereta a la misma muerte, se levantó ante el puntillero cuando ya estaba pata arriba incluso y vendió carísima su vida en medio de una gran ovación. Muy bravo fue Hostelero, que así se llamaba.
La novillada ya iba para nota y el cuarto, con cuajo de toro, de salida se llevó una merecida ovación. Empujó con todo en la primera vara y derribó con facilidad al piquero y el caballo aguantó la tromba. Pero se apagó, quedó sin celo al último tercio. La casta de la fue dejando. En el estímulo al natural un Martín Escudero más reposado sacó nota por ahí. Firme y encajado tiró de izquierda una embestida ya muy quedada. Le había brindado ese novillo a André Viard, que al final se puso complicado para la espada. Ovación merecida a ambos.
Quinto y sexto sacaron mansedumbre y pusieron el punto negro a una novillda ejemplar por contenido y continente.
Genio, casta, mansedumbre la del quinto. Rebotado en los petos, poco orden en la lidia, volteretón a Clemente, apretando en banderillas. El rubio Clemente fue volteado seriamente por su falta de destreza capotera. Ahí naufragó. Pero le sobra el valor y eso lo dejó claro con ese quinto, tragándole, llegándole mucho hasta que de repente lo había desengañado cruzando esa línea hasta ligarle una serie en redondo de enorme mérito. Ahí llegaron los únicos olés de la tarde, cuando el toreo fue meritorio y sorprendente, y no es que lo otro no hubiera tenido su mérito. Estocada tras pinchazo y orejón para Clemente.
El sexto fue rebotando de caballo en caballo hasta que lo agarraron bien y el toro reaccionó con una seria y larga pelea. Le dieron lo suyo, lo que pidió más bien. Pero la mansedumbre la mantuvo, y si bien tenía cierta clase siempre buscó las tablas. Armillita no volvió la cara, le buscó las vueltas y lo despenó de bajonazo.
No me quiero ni imaginar cómo será la experiencia de ver batirse a Perera y Fandiño con una de Fuente Ymbro y ver una de Cuadri en Dax mañana 15 de agosto.