09 octubre 2013

la torería añeja de ángel de la rosa y la cruda realidad


 La última tarde de toros de la temporada en València fue verdad y realidad. Cruda desde que los tres anunciados fueron cayendo ante el toro: Manuel Escribano, Joselito Adame y Jesús Duque plasmaron la realidad de la sangre y perdieron la valencianísima fecha del 9 d'Octubre. Y cruda desde que puso la oportunidad a seis valencianos, seis, arma de doble filo, ante una corrida de Lagunajanda tan atacada, exagerada y basta en la gama que va del castaño al colorado y que en su dos negros tuvo expresión, otra actitud y otra aptitud.

Dos negros que llegaron en cuarto y quinto lugar. Hasta entonces la tarde tuvo su mayor sentido en lo que al arte de torear se refiere en el primer capitulo: en la torería añeja de Ángel de la Rosa. Naturalidad y poso. Ni una brusquedad. Mientras a algunos al finalizar el paseíllo con el himno se les ponían los pelos como escarpias, De la Rosa cerró los ojos mientras sonaba aquello del "per ofrenar", y pareció soñar el toreo con una medio sonrisa que duró --la sonrisa y los ojos cerrados-- hasta que el cassette acabó el tema.

Y lo quiso soñar De la Rosa ante ese castaño ojo de perdiz que abrió la tarde. Mas el toro, flojo y escaso de celo, tuvo la nobleza y un pitón derecho de mejores formas, que el izquierdo muy suelto. El viento también molestó. Pero Ángel de la Rosa reivindicó su torería de culto. Naturalidad. Los hombros caídos, la mano que no torea relajada y ese trazo que se trae la embestida templada y se la pasa por la faja. El sabor. La toreía. El toreo plasmado por quien lo vive, lo siente y no puede dejar de serlo. La estocada caída. La petición, la negación de la oreja. La ovación y la torería que en ocasiones no está para dar vueltas al ruedo pedigüeñas.

La tarde a partir de ahí encalló. El segundo blando fue devuelto. El sobrero tuvo nobleza, cierta fluidez, pero cierto desorden atropellado. A la pizca de casta le falto poder. José Calvo no acabó de encajarse. El tercero fue rajado, muy descastado. Ni medio. David Esteve se estrelló.

El cuarto, en negro, ya tuvo otra forma, otro gesto. Otra actitud, otra condición. Nobleza y son cuando se le hicieron bien las cosas. Sergio Ferrer que dejó al toro lucir en varas, acusó la falta de experiencia. No hubo mando ni seda en las telas. La faena se alargó en exceso sin lucimiento y la suerte suprema se demoró con el toro ya parado, encogido, aburrido.

Alberto Gómez demostró voluntad ferrea ya en las gaoneras que le tragó pese al viento al cuarto a pie firme. Muy ajustadas. Su quinto fue el otro negro. Toro de notables embestidas por ambas manos. Aprovechó su vieje Alberto Gómez, ofreció distancias, ligó, más bien encadenó los pases y le puso ganas. No es un fino estilista, está verde y tiene algún que otro vicio, pero poco le faltó para tocar pelo y pedir sitio en Fallas por derecho. Es todo voluntad. Buena fue la estocada, pero tres descabellos le quitaron la opción de trofeo.

Toro de poder el castaño sexto. Lo demostró en el caballo. Bruto y áspero, su condición fue a más en la muleta de Pedro de Flora (me gustaba más como Lumbrerita), que acabó por estrellarse ante el toro más complicado del sexteto de Lagunajanda.

La realidad en crudo. Lo complicado que es el toreo y lo natural que es cuando sale desde la pureza auténtica. Se vio en la última tarde de la temporada en la Plaza de toros de València. Hay que tomar nota.


PS: Por cierto, hubo un momento desagradable en el tendido. Por unas pancartas en la primera naya de los tendidos cinco y seis contra empresa y diputación. El problema se resolvió tarde --cuando salía el quinto toro-- y mal, con mucho ruido y policia nacional de por medio. Un error, porque el pobre diablo de las pancartitas solo buscaba hacerse de notar. Y lo consiguió. Pero lo que no me gustó es que a dos de los pocos buenos aficionados de la plaza, cual sospechosos por estar cerca de las pancartitas que apenas de leían, se les movió del sitio, cuando ayer no había casi nadie en el suyo correspondiente.

Y a todo esto, con los antitaurinos insultándonos a cinco metros de la entrada de la plaza. Ahí la policía no va. Lamentable.

En fin... ¿y ahora, además de Morante, de qué cosas positivas nos acordamos de las sucedidas este 2013 en València?

Venga, que las Fallas 2014 ya están a la vuelta de la esquina.