18 marzo 2014

#fallas14/ bravura, emoción y verdad

FICHA DEL FESTEJO
Plaza de toros de València, 18 de marzo de 2014. Décima de la Feria de Fallas. Toros de Victoriano del Río de correcta presentación y lote parejo, nobles en general y encastados. Bravo el lidiado en cuarto lugar y premiado con la vuelta al ruedo el quinto de la tarde. ENRIQUE PONCE (dos orejas en el único que mató); EL JULI (ovación, oreja y oreja) y JESÚS DUQUE, que tomaba la alternativa (vuelta al ruedo por su cuenta y dos orejas). Casi lleno (11.000 espectadores) 
[GALERÍA DE IMÁGENES :: JESÚS CAMACHO]

_Enrique Ponce corta dos orejas y resulta herido de gravedad
_Jesús Duque, que tomaba la alternativa, y El Juli por la puerta grande de València
_Gran corrida de Victoriano del Río con un toro bravo y otro de vuelta al ruedo


La Tauromaquia escribió una página para la historia en València tras una tarde de toros en la que bravura, emoción, toreo y la verdad más absoluta se conjugaron con una intensidad como pocas veces se suele ver. La historia dirá que el día que tomó la alternativa Jesús Duque un toro casi parte en dos a un Enrique Ponce, torero de época con 25 temporadas en la cumbre, tras una faena de absoluta suficiencia y una cornada que rondó los precipicios de la vida; que El Juli desplegó todo su repertorio lidiador frente a tres embestidas tan distintas como misteriosa es la casta brava que puso sobre la arena una notable corrida de Victoriano del Río, con dos toros, por cierto, encastados y bravos, como 'Copito' y 'Cantaor', éste último premiado con la vuelta ruedo póstuma.

La tarde en sí es bastante más que una mera tarde toros. Sino, que le digan a Jesús Duque cómo debió ser aquella cornada en Utiel, en vísperas de la alternativa anunciada para el 9 d'Octubre de 2013 y que le privó de todo y le abocó a un invierno de incógnitas, hasta que la luz se abrió con un cartelón para definitivamente doctorarse junto a Ponce, Juli y una corrida de Victoriano del Río en plenas Fallas. Casi nada. Cuando habrá mirado a los lados al arrancar el paseíllo o a los tendidos llenos, cómo habrán sido esas sensaciones...

El toro de la alternativa no hizo por calentar el ambiente. 'Jilguero', número 90, negro, apretado de carnes, alto de cruz, cuajado, pero como recortado, se enceló en exceso en el peto, no tuvo chispa. Embistió siempre como muy dormido, cansino andar, costándole una eternidad pasar y tragarse los muletazos que Duque fue dosificando en una labor aseada y que sobre todo le vino bien para tomarle el pulso a la tarde y leerla conforme sus intereses. Tras una casi entera algo trasera, fue ovacionado y se dio la vuelta al ruedo por su cuenta.

A partir de entonces la tarde pego un arreón. La corrida de Victoriano del Río comenzó a aparecer con las carnes más sueltas, más cortas las manos. Este segundo, 'Barbuqueja', incluso lucía una estructura como hecha más hacia abajo. Rematado de atrás, agradable por delante. Ponce le consintió en el saludo a la verónica, imprimiendo temple y mando, saliéndose con él. Apto por ambas manos, El Juli hizo el quite por chicuelinas de compás abierto. El magisterio de los doblones obligaron a hocicar la embestida y sucarla de arena. Ponce arrancaba con la fuerza del que empieza. El cambio de mano con las piernas flexionadas aunó los requisitos fundamentales del toreo: mando y belleza. La primera tanda en redondo la dividió en dos, una de acomple y la otra ya con el ritmo cogido. 

Menos intenso. La casta del Victoriano no rebosaba, había que sugestionarla embestida a embestida. Para ello bastaba con los vuelos. El molinete enganchado a otro cambio de mano, éste ya encajado el torero, embraguetada la embestida, fue otra obra cincelada en lo más clásico del toreo y los naturales brotaron de una muleta muerta, de toques imperceptibles y flecos todopoderosos sin apenas rozar el albero, que hacían de los naturales algo eterno. Por ahí es por donde la faena y la embestida más y mejor se sujetó, por la zurda. Pero el toreo en redondo fue dibujado a compás, cargada la suerte, erguido el tronco, reposado sobre los riñones, el pulso y el trazo acinturado, la bragueta empapada de rojo, el remate en la cadera. Ponce y el toreo en pureza. Se dobló de nuevo al epílogo. 

Cuando Ponce buscó cuadrar para la muerte, el animal había perdido la fijeza, ya con una faena que apenas había dado un alivio por arriba y pesaba toneladas en los riñones y en el cuello del animal. Tal vez, el de Chiva se había pasado un pelín de metraje. Por eso, para asegurar el triunfo tras clarividente obra, se fue Ponce tras la espada. Atrapado por el astillado pitón derecho del muslo izquierdo, lo peor vino cuando, sin dejarlo escapar, el toro, ya herido de muerte, lo buscó con saña en el suelo, metiéndole el pitón por la axila derecha como igual se lo hubiera podido meter por cualquier otra parte y rebentándole de la presión ejercida la clavícula izquierda. 

Los segundos se hicieron interminables: Ponce --¡Ponce, figurón de época, un cuarto del siglo defendidendo su sitio en la cima de la Tauromaquia!-- a merced de los pitones tras tirarse a matar para no dejar escapar un triunfo. Le concedieron dos orejones. La plaza puesta en pie se rindió al héroe, que herido respetó la muerte del toro antes pasar a una enfermería de la que solo saldría camino del hospital. Lo que son las cosas: esa faena la brindó Ponce al cielo, desde donde por primera vez lo veía torear su abuelo Leandro en València. Cuando dobló el animal, el Ponce ahora herido se volvía a acordar mandando un recadito al cielo.

Por los abuelos y las abuelas, por cierto, también se podría haber hecho una lectura de la tarde. Unos días antes Jesús Duque había perdido a su abuela, que también se llevó un brindis y que se tradujo en una puerta grande.

Pero el caso es que la consternación tras la tremenda cogida de Ponce duró lo suyo. Parece que no se aparcó hasta que el peligro volvió a hacerse evidente en el ruedo. Era el turno de El Juli y la tarde ya se había puesto en guardia. El Victoriano en cuestión no tuvo la entrega y transmisión necesaria en lo fundamental y El Juli de tirar trazos en línea, sin quebrantar ni molestar, pasó a la cercanía y ahí las guadañas empezaron a apuntar, cargadas por el diablo, el nudo del corbatín. El Juli metido entre los pitones, la embestida trenzada, los gañafones a lo alto, la firmeza, la seguridad y el mando frente al bruto. Varios 'ays'. La espada que dijo nones. Ovación.

Repetía turno El Juli para dar lidia y muerte a 'Copito', que le tocaba a Ponce. Toro zancudo, vareado. Repite con presteza por el derecho en las primeras verónicas. El Juli le coge el aire rápido. Tiene casta y bravura en los riñones. Por ahí embiste y por ahí le da al caballo una vuelta de campana: aprieta de riñones de verdad, con entrega. Igual que embiste. Un toro bravo, no hay más. De bravura atemperada. Por las dos manos. El Juli brinda a la cuadrilla de Ponce y en los medios le calza la muleta por la diestra. Temple, tranco y entrega de bravo en el toro. Julián de San Blas cimbrea la cintura. La embestida se alarga. Por la izquierda, más y mejor. Más largo, más metido, más sometido, también más sentido el torero. Los molinetes barriendo. Se recrece, el toro a más. Una nueva dimensión en el toreo ligado en redondo, la embestida planea tras la muleta templada. Un cambio de mano y un natural de 360 grados. Toreo y bravura. Pero El Juli no tuvo la espada a la altura de la tarde. Una oreja.

Se adelantó la salida de 'Cantaor', sorteado como sexto. Jesús Duque, que no se permitió el lujo de aburrirse durante toda la tarde entrando a lo quites, tuvo ese carácter como para reivindicar su momento yéndose a porta gayola. 'Cantaor' se canta en los capotes de El Juli en un quite a pies juntos y en banderillas en la brega de Raúl Blázquez, que consintió y embarcó perfecto. Hubo un lance que fue académico. 

Duque lo brindó a la abuela y le plantó la muleta desde los medios este 'Cantaor'. Recrecido en su casta y poder, el Victoriano se vino a galope, espectacular, como un tejón, fuerte con la intención de merendarse la muleta de Duque. Presto en el temple, que no el mando, el nuevo matador de Requena aguantó esos 20 viajes de raza y furia, de gran impacto emotivo en el público. Por la zurda ya fue otra cosa. Por ahí es cuando Duque empezó a mandar. Abriéndose más el toro, bajó la velocidad y a partir de ahí es cuando la moneda se decantó del lado de un Duque que ya logró reunirse y mandar sobre la embestida. Todo parecía un sueño. La vida y las cornadas, la bruvura y de repente, la tarde para la historia. Cuantos caprichos. 'Cantaor' empezó a salir con la cara alta en un final confuso, con la gente pidiendo el indulto de tan encastado toro --bravo, más bravo, fue el anterior, 'Copito'--, pero Duque al final se volcó, enterró el acero y se le concedieron las dos orejas. La vuelta al ruedo al toro. Y las lágrimas del nuevo matador de toros agarrado al triunfo tras depertarse de un sueño que no era tal, sino la más absoluta realidad.

El Juli se inventó la última faena. Victoriano parado, muy atrancado de atrás. Tanto como para ser devuelto. Pero se mantuvo y El Juli a ralentí, exponiendo y tirando de la embestida sumó para cerrar el triunfo y una tarde de toros historica.