20 marzo 2015

#fallas2015/ leo valádez, la felicidad al final de una tarde de un romanticismo desgarrador

Temporal atlántico. Valencia parecía la costa Da Morte gallega en pleno azote. El sirimiri racheado rasgaba. El vendaval de la víspera; ése, pues aumentado. Sólo faltaba que el oleaje del océano se levantase por encima de la fachada del coliseo de la calle Xàtiva. La tarde en sí era un poema romántico desgarrador, sin cursilerías. O un cuadro, como el del alemán Friedrich: 'Caminante sobre un mar de nuebes'; una obra que retrata esa incertidumbre frente al acantilado y lo desconocido, de un hombre en pose retadora frente la espesura de la bruma y la tormenta.

Pues más o menos eso eran los Espada, Climent y Valádez: en medio de la la nada y a merced del temporal, bajo un cielo de nubes, tres novilleros de escasa experiencia --Valádez se presentaba incluso con los del castoreño--, retando la embestida de una novillada de Gibaja que por momentos pareció lucir mejor trapío que los garcigrandes de la vispera con los que se dieron un festín los julis y pereras. Una novillada variada, pero de buenas láminas en general y caras más que aceptables, e interesantes contenidos. Parecía una desgracia de todos que lidiasen en medio de la peor tarde posible. Porque solo hacía día mantita y sofá o centro comercial en su defecto.  

Pero El toreo volvió a surgir de entre el temporal y el torero, ese héroe romántico, se alzó desgarrador pese a todo y los pocos allí presentes dimos la tarde por muy bien empleada.

Ni el novillero de El Puig de Santa María, Cristián Climent, ni el hidrocálido Leo Valádez tenían mejor plan que buscar el triunfo con sus armas y descaros pese a toda esa incertidumbre y mala leche metereológica.  El ejemplo de El Juli el día anterior cerraba cualquier excusa. Ambos tocaron pelo, y el mexicano sino es por la espada o porque su faena al sexto necesitaba de una jornada de más calor y quorum para lograr dos merecidas orejas, habría abierto la puerta grande con merecimiento. 

En el sexto dejó más que claro lo que sólo había apuntado con el tercero. Firmeza, actitud de novillero y apunte de un concepto que apuesta por la profundidad, junto a los efectismos propios de quien quiere ser. Si no tocó pelo ahí fue por la espada. Inició de rodillas sin pensarlo dos veces, los pitones pespuntando su pechera y un final por Manolete. Era nuevo, debutante, y se presentaba como muy hecho y con valor.

En el último turno confirmó todo y multiplicó su cotización. Valor y la quietud. La capacidad de asustar con un quite por zapopinas ajustadísimas por mediación de eolo. Músculo banderillero. Poco se notó el golpetazo tremendo pareando en el tercio por invitación de Climent en el quinto. 

El caso es que atornilló zapatillas y de pronto Valádez, de la Escuela Taurina de Madrid --la Marcial Lalanda--, se puso a torear al natural, pasándose literalmente los pitones por la barriga. Emoción en escena con la lluvia racheada. El medio pecho, la pierna contraria ligeramente adelantada y el muletazo ajustado prendido por los vuelos, embraguetado y rematado atrás. Pureza.

Sorprendió Valádez. La lluvia fina bailaba caótica, azotaba el viento, el frío hasta las trancas, pero el novillero de Aguascalientes, la ponía por delante y citaba. El compás ligeramente entreabierto. Vertical el concepto, asentadísimo de riñones. En una baldosa la templada ligazón. Faena de mucha reunión. Los cambios de manos y el tragar. Novillo enrazado. De los de no fallar. Valádez por encima. Faena maciza. Estocada desprendida. Orejón.

Cristian Climent le cortó una oreja al segundo. Mostró disposición por encima de las circunstancias desde que se presentó con un quite al primero por gaoneras, llevándose su correspondiente voltereta. Irregular con los palos, recuerdo al Soro en un molinillo y un inicio arrollador con la muleta. Un falor de rodillas casi en los medios. Novillero con oficio y recursos. El Gibaja tuvo nobleza, Climent llegó a pisar sitio comprometido y tuvo la virtud de encontrar novillo en todos los terrenos conforme se le iba rajando. Estocada y oreja.

Con el quinto quedó prácticamente inédito. El viento jugó a la contra. Se orientó metiéndose por los bajos de los capotes. Lidia muy trabajosa. Con la muleta imposible. Embistiendo a oleadas, parecía poseído por el viento. El de El Puig lo cazó a la primera.

Francisco José Espada anda estancado y mecánico. No pasó de correcto con su primero, un novillo de poco fondo en el último tercio y con el que hizo toreo de cercanías sin transmitir nada. Y peor con el cuarto, un tal 'Duquesito' de preciosa hechura. Bajo, recogido, enmorrillado; y mucho mejor su expresión de salida, ese galope y la forma de estirarae al tomar las telas. Una raza que se le amontonó a Espadas ya al cuarto capotazo y se llevó volteretón tremendo por mera incapacidad de enganchar y vaciar esa embestida y darle sitio y más sitio. Pero de la chicuelina de recurso con el novillo encima salió cogido sin consecuencias. Pésima lidia. Apenas le abrieron caminos a 'Duquesito', que aun así tuvo nobleza y repitió cuando se la dejaron.

No fue el día de Espada. Climent reivindicó que camina firme y Valádez, ante la incertidumbre del temporal y estampa romántica, se reivindicó como una novedad heróica. En tarde de perros --otra más-- un novillero se ha puesto en boca de todos. Valádez contra los elementos. Y todo frente a una novillada de Gibaja perfecta en su conjunto y con cuatro o cinco animales con enormes posibilidades. Esto de los toros es puro romanticismo. Del paisaje más desolador quedó al final una sonrisa.



FICHA DEL FESTEJO:
Plaza de toros de València, 20 de marzo de 2015. Octava de la Feria de Fallas. Novillos de López Gibaja de correcta presentación, nobles, enrazados y con enormes posibilidades, salvo el imposible quinto. Francisco José Espada (palmas y silencio tras aviso), Cristian Climent (oreja y silencio) y Leo Valádez, que debutaba con picadores (silencio tras aviso y oreja). Menos de un quinto en tarde desapacible (unas 1.500 personas).