16 mayo 2015

la huella de #sanisidro2015 (by ángel moreno)

(damos la bienvenida un año más en este blog a Ángel Moreno, que durante San Isidro, semana a semana, repasará de memoria lo que nos vaya dejando la feria taurina más importante del mundo) 
 
El viernes 8 de mayo arrancaba la feria más importante del panorama taurino. Hasta el primer domingo de junio tendremos la ocasión de presenciar mucho, y esperemos que bueno, sobre el ruedo de Las Ventas. Para fijar recuerdos en nuestra memoria, comenzamos a redactar un año más La Huella de #SanIsidro2015.



Barba Azul de la ganadería de El Cortijillo fue el ejemplar que inauguró la feria. Tuvo parecido comportamiento que el resto de los hermanos de camada que saltaron al ruedo esa tarde.  Fue una corrida mansa en líneas generales que si en algunos momentos pareció esconder algún fondo de bravura fue por el buen hacer de los matadores. Complicada corrida para entretener al personal.

Juan de Álamo cortó una oreja al tercero de la tarde, el despierto torero de Ciudad Rodrigo aprovechó las escasas virtudes del animal. Supo ver que el toro acudía al cite con prontitud  y le dio distancia en el inicio de faena para recoger en su muleta las embestidas. Acompasó los engaños mientras duró  la inercia del animal, sobre todo por la derecha. Fueron tres tandas de limpia ligazón. Una vez se agotó la inercia del manso, la faena bajó el tono porque al animal le costaba tirar de riñones para embestir. Aun así, el torero le provocó en unas manoletinas para calentar el ambiente al final de la faena. Mató de buena estocada y el público le premió su determinación.

Joselito Adame justificó su categoría de torero y faenó con dos toros imposibles. Su sincera colocación, la firmeza, el valor y el dominio del oficio quedaron patentes en sus dos actuaciones.

Pepe Moral dejó para el recuerdo un ramillete de naturales que fueron lo más sentido de la tarde. Fue en la faena  a su primer toro. Hubo armonía en el trazo, calibre en las alturas, temple y gusto. El mérito de estas dos tandas es que fueron sorpresivas porque nadie, salvo el matador, adivinaba posibilidad alguna en un animal que jamás humilló. Mató mal y perdió una posible oreja.

El sábado se lidió Agitador, de la ganadería de Fuente Ymbro. Un toro bravo. Era una pintura por fuera con su capa ensabanada y fue lumbre por dentro por la emoción que destilaban sus embestidas. Desde que pisó el ruedo embistió con codicia a los capotes, galopó con franqueza buscando pelea en el caballo de Pedro Iturralde, que estuvo soberbio, empujó fijo en el peto y fue a más en el segundo tercio haciendo disfrutar al público con sus vibrantes arrancadas. Fue magistralmente lidiado por Víctor Hugo Saugar “Pirri”. Agitador llegó al último tercio con todas las cualidades necesarias para hacer presentir a los espectadores que lo que iba a suceder en los próximos minutos sería importante.



También Paco Ureña, su matador, apostó por la bravura del toro. Generoso el murciano se fue a los medios para lucir el galope del toro que se le vino como un rayo. No llegó a atemperar en la primera tanda de derechazos la casta del toro. Volvió a probar la misma fórmula y tampoco terminó de someter las embestidas. Se torcía el gesto de los aficionados, en Madrid no caben dudas. Probó por la izquierda Ureña, por ahí el toro tenía menos calidad. Sin terminar de coger vuelo la faena el torero optó por las cercanías. Agitador no agradeció tanto agobio y se puso protestón. La faena se diluyó y jamás se apreció desde el tendido la mínima comunión entre la bravura de Agitador y el toreo de Paco Ureña. Fue arrastrado el toro entre ovaciones e incluso se pidió con fuerza la vuelta al ruedo póstuma. Nadie la hubiera protestado.

Esa tarde pasó en blanco César Jiménez con un lote insulso. Completaba el cartel El Payo, que dejó los momentos más brillantes de la tarde en lo que a toreo se refiere.  Sin realizar una faena compacta sí que dejó ver una imagen renovada de su tauromaquia. Hubo cadencia y ritmo en los vuelos de su capote, las medias tuvieron un aroma añejo muy profundo. Con la muleta su toreo ha ganado en verdad por la colocación y en profundidad por el trazo de los muletazos que vimos a las dulces embestidas que le regaló el tercero de la tarde. Se lució gustoso en los remates y dejó buen sabor de boca en la afición madrileña.

La tercera de abono suponía el regreso a Las Ventas de Eugenio de Mora y Morenito de Aranda, dos de los triunfadores de la primera parte de la temporada del coso de la capital. Se les esperaba con expectación. Ambos dieron una gran tarde de toros, consiguieron cortar una oreja cada uno de un encierro poco lucido de Valdefresno remendado con dos sobreros. Arturo Saldívar no tuvo una tarde lucida. Estuvo brillante con las banderillas David Adalid.

El toledano ha adquirido un punto de solera que revaloriza todo cuanto hace en el ruedo. Anda seguro, valiente, firme, solvente y fresco. Mantiene el temple que antaño le puso en alza pero ahora interpreta el toreo con más sentimiento.

Su lote no fue de campanillas pero le sacó partido. Al manso aquerenciado que sorteó en primer lugar  le consiguió mantener en los medios para exprimirle hasta la última embestida, la faena fue un cúmulo matices técnicos casi imperceptibles pero que fueron precisos para  propiciar tan caro toreo al natural. A éste le marró a espadas. Si acertó con la tizona en el otro, al que cuajó desde que salió de toriles, el trasteo tuvo importancia desde el cadencioso recibo a la verónica, pasando por el arrebatador inicio de faena con las dos rodillas hincadas en el ruedo y tuvo el punto álgido con el profundo toreo en redondo.

El estado de madurez en el que se encuentra Eugenio de Mora hace que sea una gozada verle en una plaza de toros. Domina el escenario con altanería, gestiona tiempos y distancias con absoluta clarividencia, además calibra con precisión toques y las alturas en los flecos de sus engaños para gobernar en las embestidas.

Morenito de Aranda volvía a Las ventas después de salir por la puerta grande el pasado 2 de mayo. Otra vez dejó huella. Demostró tener una tauromaquia amplia y valor para imponerla a cualquier tipo de embestidas.

En la tarde que nos ocupa dio un recital de toreo a la verónica. Su gusto para lancear es un primor, siempre engancha las embestidas adelante con la suerte cargada, se ciñe al toro a la cintura en el embroque y remata con enorme profundidad. 



La faena al manso de Valdefresno que le tocó en suerte tuvo más de intención que de realidad. El animal rehuía constantemente la pelea y jamás tuvo voluntad de repetir tras la muleta. Morenito caldeó el ambiente al final con una serie de muletazos porfiados junto a toriles.

Lo mejor llegó en el quinto de la tarde, un sobrero de potable fondo de la ganadería de El Risco, que sin ser un gran toro, si tuvo las condiciones necesarias para dejar expresarse al torero. No hubo ni una sola duda en el planteamiento de la faena, los cites tuvieron la dosis justa de mando y sutileza para convencer al animal a seguir el trazo impuesto hasta el final, que si no pudo ser más profundo fue porque al animal le faltaba un tranco para ser ideal. Aun así, el torero supo poner gracia al asunto e improvisó muletazos con decoro para rematar las tandas cunado el animal recortaba el viaje. Fueron de más calidad las tandas conseguidas por el pitón derecho. Tras unos muletazos de cuerpo relajado para rematar la faena cobró una soberbia estocada.

El lunes 11 de mayo tomaba antigüedad con una novilla la ganadería de El Parralejo. Se esperaba con entusiasmo el debut de esta nueva ganadería, sus éxitos en otras ferias importantes en temporadas pasadas la avalaban.

La novillada no cumplió las expectativas y ofreció un juego muy por debajo de lo esperado. Fue basta por fuera y desagradecida por dentro, sí tuvo movilidad pero la faltó humillar y querer embestir por abajo con clase.  

Lo más torero de la tarde vino de las manos de Fernando Rey, quien demostró estar a punto para tomar la alternativa. Sus dos faenas pecaron de excesivo metraje pero en ambas dejó constancia de ser  portador de un hondo concepto del toreo. Sorprendió su elegante forma de torear con el capote pero más impresionó su capacidad para gobernar las embestidas de los utreros. La aparente facilidad con la que lleva pulseadas las embestidas restó  calor a las faenas. Lo primero que debe valorarse es que siempre estuvo bien colocado delante de los animales, ofreciendo el medio pecho y asentada la planta sobre los riñones. Lo siguiente que causa sensación es que tiene valor sobrado para esperar sin crispaciones a que los animales obedezcan al cite para empezar a dibujar el muletazo. Por último, lo más importante, conduce y transporta a los animales hasta donde su anatomía le permite para luego vaciar la embestida. Eso es torear, y exactamente eso es lo que intentó hacer Fernando Rey con cada una de las arrancadas que tuvo en suerte esa tarde.

El personal que asistió a la novillada reaccionó más calurosamente ante el arrojo de Gonzalo Caballero, quien se jugó los muslos ante las aviesas embestidas de sus oponentes. La mala condición de los animales que le tocaron en suerte no le permitió lucir su puro concepto y le llevaron a tal punto de desesperación que no tuvo más remedio que llamar la atención por la vía del tremendismo. Ante el futuro incierto que se le presenta no tuvo miramientos en jugarse la vida en unas manoletinas de infarto para a continuación tirarse a matar sobre el morrillo del morlaco sin muleta. La plaza impactada con la entrega del joven novillero le premió su entrega con una oreja.



Cerraba la terna Francisco José Espada, novillero triunfador de la pasada feria de San isidro, que no se mostró decidido en ningún momento. Pasó el trámite con un toreo de escaso ajuste, mecánico y vulgar. Tiene otra oportunidad en la feria donde está obligado a mostrar su evolución. 

La ganadería Pedraza de Yeltes volvía a lidiar una corrida de toros en Las Ventas. La cantada bravura de estos astados de procedencia Aldeanueva llenaba el ambiente de esperanza. Desde por la mañana la corrida causó impresión entre los aficionados por su monstruoso escaparate. Por la tarde, sobre el ruedo, la corrida se quedó en apariencias. Tuvo interés en el primer tercio, se disfrutaron grandes puyazos de Tito Sandoval y Paco María, pero la falta de raza hizo que la corrida se desinflara en el último tercio. Sólo Joya, lidiado en tercer lugar, dio opciones a Juan del Álamo en el último tercio.

La faena mantuvo la intensidad mientras duró la movilidad de Joya. El torero de Ciudad Rodrigo, más encorsetado que en otras ocasiones, sólo acompasó la muleta a las embestidas  por el lado derecho pero no fue capaz de imponer ritmo. Mediada la faena se acabó la inercia del toro. A partir de ese momento la faena se diluyó por la falta de gobierno en las últimas arrancadas. La conclusión fue que Juan del Álamo estuvo despierto para aprovechar las arrancadas que le regaló Joya al principio pero le faltó decisión al final para imponerse y robarle las últimas cuando el toro exigía más.

Javier Castaño y Paco Ureña tuvieron actitudes contrapuestas. Si el primero tuvo una actitud precavida y desconfiada, el de Murcia se entregó por completo con una verdad acongojante. Los muletazos de más enjundia de la tarde llevaron el sello de pureza que abandera su compromiso con el toreo. La porfía con dos toros imposibles le costó pasar por la enfermería para ser atendido de un puntazo. 



La sexta de abono fue una impresentable corrida de El Ventorrillo. Fea de hechuras y descastada. Muy áspera para lidiar con ella. Talavante remataba el cartel, motivo por el cual se apreció  en los tendidos el primer lleno aparente de lo que va de feria.

No defraudó Alejandro que bordó una vez más el toreo al natural con el tercero de nombre Botijito. El parsimonioso saludo con lances a pies juntos ya dejó ver que el pitón izquierdo de Botijito era el más óptimo. No se entretuvo en probaturas el extremeño que se fue al centro del platillo para empezar la faena con la muleta en la mano izquierda con desnuda naturalidad. Colocado sin crispaciones en sitio comprometido, buscando con los vuelos el hocico del toro, todo con una sutileza inverosímil. Volaba la franela con la embestida adormecida en la panza,  se enroscaba profundamente Botijito en la cimbreante cintura del torero y era despedido al final del muletazo con ese privilegiado golpe de muñeca que tiene Talavante. Una y otra vez se sucedió el fenómeno que puso la plaza a hervir. Por el derecho fue imposible pues Botijito tampoco fue sobresaliente, duró lo justo. Para rematar la obra que valió la oreja de más ley de lo que llevamos de feria, firmó el torero unos naturales ejecutados de uno e uno que rozaron la perfección y una estocada con la suerte hecha a cámara lenta.  

La tarde tuvo poca historia más, Padilla derrochó voluntad en dos faenas preñadas de vulgaridad y El Cid pasaportó su lote con preocupante discreción. Si tuvo una brillante actuación esa tarde el genial banderillero Juan José Trujillo.

La tarde del 14 de mayo quedará marcada en el recuerdo porque la tragedia se interpuso en el camino de un torero que iba directo a la gloria. Jiménez Fortes había atravesado el corazón de la afición venteña con su impresionante actuación en el primer toro y el destino cruel quiso que un pitonazo furtivo le atravesara la yugular en sexto. Sobrevoló el drama por minutos pero ángeles de la guarda de apellido García Padrós estabilizaron su vida milagrosamente.


Recuperados de la conmoción debemos hacer justo análisis de la soberbia tarde que ofreció Saúl Jiménez Fortes y dejar a un lado la desgracia deseando al toreo una pronta recuperación. 

Fue tarde de entrega a carta cabal desde que cruzó el ruedo para arrodillarse enfrente de los toriles y pedirle a la vida justicia para su compañero David Mora. Lanceó con soltura de brazos y ganando pasos, intentando dirigir las violentas embestidas y controlando el viento atroz que hizo esa tarde.  La faena de muleta no salió limpia pero tuvo cada muletazo una sinceridad incuestionable. El torero en gesto impagable se fue a los medios provocando al toro, el viento molestaba pero parecía no estorbarle para citar con desgarradora pureza, el estaquillador firme para ganar precisión en los vuelos y valor, mucho valor. El toro no quería pero Fortes le obligó a ir hacia delante, le destroncaba la violencia con un mando sin fisuras. No fue faena limpia pero hay muletazos grabados en cada retina, por su verdad, por su riesgo, porque parecían imposibles y Fortés puso su vida en juego conseguirlos. Las manoletinas para concluir el trasteo dejaron a la gente sin aliento y tras la estocada la plaza estalló para premiar la labor con una oreja que el malagueño paseó con orgullo.

El que cerraba corrida era una mole que Fortes volvió a recibir a porta gayola. Se movió el bruto con feo estilo en los primeros tercios pero el planteamiento de faena fue similar al anterior, ni una sola duda, ni un paso atrás. En una de las inciertas arrancadas el maldito animal se le llevo por delante.
La corrida de Salvador Domecq fue de una presentación impropia de esta plaza. Vergonzosa de escaparate y sin ninguna cualidad que sirva para definir la bravura de un toro. Uceda Leal no se complicó para despachar su lote y Diego Silveti hizo un esfuerzo por agradar. Tuvo una labor destacada en la brega y con las banderillas el torero Domingo Siro. Por suerte y por desgracia la tarde tuvo como único protagonista a Saúl Jiménez Fortes, que si los astros no lo evitan será figura del toreo.

Rematamos la primera huella con el festejo celebrado el día del Santo Isidro. Primer cartel de “no hay billetes” de la feria. Molestó el viento que azotó violentamente durante toda la tarde haciendo prácticamente imposible practicar el arte de torear.

La corrida de Parladé fue hasta el momento la mejor presentada. Corrida seria, pareja y cuajada. Venía la divisa con la responsabilidad de revalidar los numerosos premios conseguidos en esta plaza el año anterior. No fue corrida tan completa pero si un encierro de mucho interés en el que saltaron varios toros de excelente nota, esta corrida sin viento hubiese sido celebrada como una de las más bravas que veremos durante el ciclo.

Miguel Abellán tuvo en sus manos un lote triunfal, además de contar con el calor del público que le aplaudió lo bueno y lo menos bueno. Facilón, de nombre, fue el toro que abrió plaza, tuvo fondo para ir mejorando su condición a lo largo de la lidia. El punto negativo fue que tanta codicia le hacía reponer buscando al torero tras el remate de los muletazos.  Abellán estuvo decidido con la muleta pero tomando lógicas precauciones por el vendaval. En la primera parte de la faena se le jalearon buenos muletazos conseguidos de uno en uno. Fue al final de la faena cuando se entregó de veras para ligar un par de series al natural muy aplaudidas por el público sentado en la parte de sol. Paseó una discutida oreja tras una buena estocada.




El cuarto fue Fanfarrio, precioso toro que estará en la lista de los candidatos al toro más bravo de la feria. Este animal fue una máquina de embestir en la muleta, de embestir con elegancia, pero Abellán no estuvo a la altura de tan excelsa bravura. La faena acabó sumida en un vulgar trasteo populista que jalearon los más partidarios pero que careció de emoción.

Miguel Ángel Perera despachó la tarde con solvencia, tuvo que lidiar con el lote más deslucido. Con su primero alcanzó momentos de gran nivel con la diestra, imponiendo al animal un toreo largo de estupendo encaje. El toro tuvo condición para seguir los engaños por abajo pero se aburría al final de la suerte, lo cual restaba interés al asunto. El quinto fue un toro medio que sin ser malo es inútil para triunfar en Madrid.

Iván Fandiño hacía de nuevo el paseíllo en Las Ventas tras el duro comienzo de campaña que lleva sobre sus espaldas. Era la oportunidad de empezar a borrar quimeras. El colorado que hizo tercero se movió mucho pero con feo estilo y Fandiño se afanó en una labor de escaso argumento. La alegría llegó en el sexto, Jirivilla, otro gran toro. Tras un espectacular inicio de faena cambiando el viaje a las embestidas se puso a torear con la mano derecha como las veces que mejor lo haya interpretado en su trayectoria. El ritmo del toro era excepcional e Iván le codujo las embestidas muy despacio con la muleta a ras de albero. La faena alcanzó alto vuelo aunque descendió el clamor al no  haber el acople preciso por la mano izquierda. Para remontar aquello Fandiño remató la faena por ceñidas bernadinas. El triunfo estaba en sus manos pero pinchó al toro además de sufrir una escalofriante voltereta. Tras el susto volvió a entrar a matar con decisión consiguiendo dejar la espada en todo lo alto. Se pidió con fuerza la oreja pero el presidente no atendió la petición.



En la tarde de San Isidro el viento nos robó parte del espectáculo porque sin su molestia la corrida hubiese sido tratada de otra manera, pese a ello cabe destacar la gran labor de los hombres de plata, en especial hay que mencionar a Joselito Gutiérrez.