26 mayo 2015

#sanisidro15/ francisco josé espada aprueba el examen sin espada


_Martín Escudero y Joaquín Galdós sufrieron dos serias volteretas que los dejaron sin conocimiento. Los partes dicen así: (Martín Escudero) Traumatismo cráneo encefálico con pérdida de conocimiento y conmoción cerebral en observación. Policontusiones. Se traslada al hospital San Francisco de Asís a cargo de la Fraternidad. Pendiente de evaluación neurológica. Pronóstico reservado que le impide continuar la lidia. Fdo: Dr García Padrós. (Joaquín Galdós) Traumatismo cráneo encefálico con pérdida de conciencia. Pronóstico reservado que le impide continuar la lidia. Se traslada al hospital San Francisco de Asís, con cargo a la Fraternidad para estudio neurológico. Fdo Dr García Padrós.


A Francisco José Espada su sueño le puso un examen. Un duro examen en Las Ventas y con una novillada seria, honda, cuajada y de feas hechuras de El Montecillo y remendada con dos rebuscados de Dolores Rufino. El toreo, sueño y verdad. Los compañeros de terna cayeron noqueados. Martín Escudero cuando apostaba fuerte en el tercio e intentaba ligar con absoluta firmeza la desrazada embestida del primero. Por la mano izquierda, al tercer natural lo cogió de lleno, lo lanzó y la caída fue seca y dura, sobre el hombro, el cuello y la sien. Y el peruano Joaquín Galdós cuando buscaba rematar el saludo al tercero. Otra voltereta seca, otra caída muy fea, golpeándose también la cabeza. Los dos, Galdós y Escudero, pasaron incosncientes a la enfermería. Al primero Espada lo mató. Al segundo, primero de su turno, lo llegó a cuajar. Lo recibió a porta gayola con riesgo. El novillo castaño y muy alto ni se empleó jamás. La movilidad a su favor. Anduvo listo ahí el de Fuenlabrada. Muchos muletazos, bien sujetados en los medios, ligados por aquí y por allá, el arrimón y actitud de novillero. La espada de Espada no responde. Cae Galdós y ya se queda solo. Ese tercero es de actitud amoruchada. Sin cuello, alto, zancudo, destartalado. Ni una embestida de verdad. El de Fuenlabrada no vuelve la cara.



Al colorado cuarto lo recibe a porta gayola. El animal sale queriendo saltar al callejón, hueyendo, manseando descarado, andando de acá para allá. Brinca una vez, en el peto topa con feo aire, a la altura de la mona del piquero. La lidia es un desatre. Y ahí es el momento en el que Francisco José Espada toma el mando. En la peor situación el pupilo de César Jiménez ordena la tarde y proyecta su toreo más allá de la actitud y gobierna al manso. El inicio por abajo es el mejor programa para ganar adeptos. La ligazón y su muletazo gana en profundidad y sobre todo en ajuste. Espada por fin lo siente. Es el momento clave. Y aparece su mano zurda. En un par de naturales le vuelta perfecto. Al manso aprovecha sus viajes, le manda y cuando se le raja, pegado a tablas mantiene el pulso. La estocada esta vez no emborroba nada. Cae la oreja.

Al quinto está a punto de cortársela. Pero el bajonazo al quinto lo impide. Es altón, como poca cara, pero fea la hechura para embestir del negro llamado 'Narrador'. Con él Espada fluye mejor todavía. De capa lo para inteligente. El novillo no es de emplearse. Se mueve. El inicio tiene pasión y soltura. Y el toreo ligado va a más. Imprime temple, lleva la embestida por abajo, un de pecho lo siente, por la izquierda ofrece los vuelos, otro de pecho. El temple va a más. Incluso ya metido entre los pitones tira perfecto de la embestida, ya recortada, ofreciendo pausa y mando si mover una zapatilla. Ahí la tarde de Espada lograba el reconocimiento. Nada había sido fácil, y más para un novillero: ahí el mérito. Un bajonazo fue la excusa para dejarlo sin trofeo. Vuelta al ruedo.

Con el sexto todos empujan ya. Al novillo de Dolores Rufino le falta toda la clase del mundo, Espada lo recibe fácil y vistoso. Y con la muleta apuesta fuerte. Las primeras tandas impacta. Luego falta el celo, resuelve con cambiados y un arrimon, la voltereta también suma, pero la espada de Espada, qué cruz, viaja atravesada. La puerta grande se esfuma sin gloria, pero seguramente nunca hasta ahora se había convencido y se había sentido tan torero. Porque el toreo no permite bajar la guardia nunca, nunca regala nada. Y dicen que es un sueño.