13 agosto 2015

salir del toril (by rubén amón)



Vía :: El Mundo |


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la ecología y la globalización, síntomas opulentos de la idiosincrasia contemporánea, deberían fortalecer y no debilitar un acontecimiento estético entre cuyas evidencias figuran la responsabilidad medioambiental y la originalidad de una misa pagana inconcebible fuera de su contexto genuino.

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No hay que buscarle excusas ni coartadas a una pasión irracional, visceral, estética, asumiendo, por idénticas razones, que la misa del ruedo requiere la muerte. Y que la muerte, en su oscuridad progresiva -la sombra consume al sol a medida que transcurre la lidia- ofrece un fabuloso contraste a la creatividad y al arte efímero. Entiendo que pueda resultar pedante aludir a la dialéctica de Eros y Tanatos, pero urge mencionarla porque la tauromaquia, aun siendo un espectáculo festivo, hedonista, excesivo, sangriento, no invoca ni convoca al gran toro bravo para torturarlo ni para humillarlo, sino para adorarlo como el tótem de una cultura que celebra la eucaristía pagana y mediterránea, toreando a la muerte por naturales y rebuscando en las entrañas de los fieles la sincronización coral, telúrica, del ole.

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