09 septiembre 2015

feria de albacete/ la quinta y escribano ponen la casta y el toreo; el triunfo menor es para adame

Es la Feria de Albacete ejemplar por la fiesta popular y también por la ritual. Son ríos de gente por aquí y por allá durante diez días enteros. Y lo que se vive en la calle feria, pasando por el pincho donde queda todo quisqui, hasta el mismo templete, que es el centro de la conocida sartén o recinto ferial, tiene su reflejo en el torero y enjuto coso, que además está en pleno meollo y forma parte indisoluble del todo, mientras el pueblo así lo disfrute. Casi tres cuartos de aforo (7000 personas) para arrancar con un cartel para aficionados como era esta corrida de La Quinta --¡qué corrida! por presentación irreprochable y contenido encastado variado y de interés-- es un lujo. El cartel traía un maduro 'recuperado', otro que está echando un temporadón de órdago, de esos que, hace 30 años, ponían a cualquiera en figura e incluso a mandar, y para cerrar un mexicano más listo que el hambre capaz de cruzar el charco de triunfo y triunfo. Para él fue el triunfo gordo, aunque más allá de sendos espadazos en la suerte de recibir, sobre todo el recetado al sexto, poco queda de imborrable en la memoria, pese a llevarse el mejor lote.

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Lo peor de todo fue el arranque. Abrió plaza un precioso cárdeno claro de frente nevada, hondo, largo, astiblanco y astifino. Vino cruzado al capote de Eugenio de Mora, rebañó por el izquierdo, pegó varios regates y luego regaló varias embestidas buenas, gateando incluso, como solo lo hacen los toros de Santa Coloma. Todo en escasos de segundos. No había hecho más que empezar la corrida y la cantidad de datos podían confirmaban que no era un corrida de toros más.

El guapo 'Quincayero', de 575 kilos, embistió al piquero Marcial Rodríguez, que no encontró toro y metió la puya en la arena. Trató de rehacerse, clavar en el lomo y detener el arreón de poder del toro, que desplazó la embestida a la grupa, levantó al jaco por ahí y Marcial cayó de latiguillo a los pies del caballo y junto a los del toro. La viva embestida de 'Quincayero', esa capacidad de cambiar en décimas de segundo hizo contener la respiración y esperar lo peor. De la pelea en el peto salió victorioso y de esa levantó a plomo al piquero y las finas puntas se perdieron por la ingle y avanzó con él y lo soltó hecho un guiñapo y con un inapelable cornadón. La Feria de Albacete, la del rito real, había empezado también.

Pero cómo fue ese tercero, de nombre 'Detenido'. El toro que encumbra una corrida en la que sale el barrabás, el listo, el que se deja, el que quiere y el que saca fondo de bravo cuando mejor se lo hacen. Pero salió ese 'Detenido' para marcar diferencias y encumbrar la tarde. Ya de salida, con un galope un tanto desordenado, ponía el hocico por delante y lo hundía en la arena, y así repetía codicioso. Ágiles verónicas de recibo hacia los medios, ganando terreno, de Adame. En el peto ganó el toro pese a empujar con feo estilo. De cara arriba y cabecear. 

La corrida, un tía seria y astifina hasta decir basta, fue por naturaleza de cara alta. De empujar petos y llegar a las maderas con la cara alta, pero tuvo la virtud --salvo el apretado y sin cuello cuarto-- de descolgar y buscar los vuelos y seguirlos (eso ya es otra película) con mayor o menor codicia o entrega. Lo que parecía que no, al final descolgaba. Y este 'Detenido' fue de nota alta. Bravo. De los que admiten pocos o ningún fallo. 

En el quite por Chicuelo de manos bajas el cárdeno de La Quinta vuelve a cantar su clase y su codicia. En banderillas corta y, como en casi toda la corrida, el segundo tercio se complicó. El toro quiere por las dos manos. Adame en tanda y media deja insevible el pitón izquierdo. Por esa mano se abre y vuelve y quiere. Pero Adame liga un enganchón tras otro y 'Detenido' un poco más y se monta encima del mexicano. Por la diestra ligo trayazos de inicio. Muletazo breve, sin mando ni gobierno. Un cuarto de muletazo vaciado de cualquier manera. Y fue, una vez reventado el pitón izquierdo, cuando por el derecho descargó la suerte e hilvano efectista toreo periférico, que tanto gusta en la afición albaceteña. No en vano el pererismo aquí es casi religión. Pero Adame descargó la suerte con descaro y no ciñó embestidas salvo cuando la propia casta brava del animal obligaba a ello. Era entonces cuando Adame salvaba los muebles con los forzados y defensivos de pechos, molinetes, trincherazos y demás. Lo mejor, la estocada recibiendo. Estaba el toro entero... y zasca.

Gran estocada la del sexto. También recibiendo. Otro toro que llegó entero a la suerte suprema y al que tampoco se le sometió. 'Botellero' su nombre. Otro toro rico en matices. Su primera reacción al sentir el hierro fue dar una coz. Pero de ahí se revolvió y empujó con fija codicia y tomó una segunda vara de largo, siendo el mejor toro de la tarde en el caballo. Joselito Adame recurrió otra vez al toreo periférico en noria. Algo que gusta en Albacete. Pero la realidad es que 'Botellero' se fue con todo. Entero al cite en la suerte de recibir, y estocada en la misma yema de la que salió rodado. Una y una dos orejas.

La tarde redonda fue la de Manuel Escribano. No es ya el momento del torero de Gerena. Es la capacidad de administrar embestidas. Cualquier tipo de embestidas. 

Su primero se llamó 'Escribano' también y aunque casi cien quilos lo diferenciaban del cabrón primero, el trapío hizo pasar desapercibido ese detalle. La visión del toro o su forma de mirar era como para volverse tarumba. Venía cruzado, medía por ambos ojos, movía la gaita y la llevaba siempre por arriba, sin descolgarse, salvo cuando las telas obligaban. Pese a todo Manuel brindó la muerte de 'Escribano' al público. Porque era su presentación en Albacete. Del inicio de faena, brillan como una revelación un cambio de mano y su ligado de pecho. La mano zurda vuela, los flecos tirán con temple proverbial. Manuel Escribano, en casa de Dámaso, se postulaba a rey del temple en la actualidad. Y el inherente, necesario y silente valor que sostiene un concepto tan clásico, como versatil. Le falta un tramo de más al toro, que se sale con la cara alta. Por la derecha se lo enrosca. Por ahí le duele menos embestir al de La Quinta y Escribano lo mece por ahí en muletazos sin fin, muy acinturados, pero en cuenta gotas. Del intento al natural surge un redondo por la espalda. Ahí la gente parece enterarse del mérito de aquello. Estocada y oreja a una faena de mérito.

Una raspa es el quinto. Serio, abriendo la cara. Es muy vareado. La suavidad de Escribano de nuevo. Todo muy con los vuelos, llegando con ellos al hocico. Por la diestra hundo más la mano. Dice poco el toro y hay que apretarle. Pero no se entrega. La estocada cae defectuosa y el descabello emborrona una tarde de triunfo.

En el entreacto que va del quinto al sexto el equipo médico volvió al callejón. Dos horas se habían pasados con el cornadón del picador Marcial Rodríguez. El público les ovacionó.

Eugenio de Mora ni se llevó el lote ni sacó a relucir recursos. Su primero fue un barrabás. Muy orientado, midiendo por encima del palillo. Pajareó el toledano de inicio y todo eso lo captó el toro. Por el izquierdo ni uno y siempre sabía que algo se quedaba detrás. Y el cuarto fue el de peores hechuras y el único negro. Muy apretado del tren delantero y sin cuello. Embestida atrancada, sin terminar de pasar. Eugenio de Mora sin recursos no dejó de sumar dudas en toda la tarde.