15 marzo 2017

toros #fallas2017/ premio para paco ureña y saludos del director de la banda de música


 Los tres Jandillas de la primera mitad lucían nombres de respeto, disnastía y épica: 'Majestad' --con el hierro de Vegahermosa-- abrió el festejo. Le siguieron un 'Omeya' y un 'Guerrero'. Nombres de grandeza, como esta Fiesta de los Toros es a veces, pero hoy menos. La onomástica de la otra mitad ya no fue tan rimbombante. Hubo un 'Locutor', un 'Garrotino' y un 'Largueza'. Nada transmitían esos nombres. La tarde, entre decadente y aparente, caminó sobre el alambre: del quiero y no puedo, las apariencias y la escasa profundidad, el toreo puro frente al toro medio, la verdad a medias quedaba en simulacro, las expectativas que se derrumbaban con jandillas por los suelos, palmas a toros sin remate que sonaban a eco, hasta un director de banda que se tomaba a chufla su papel y saludaba una ovación mientras un torero la ponía plana en los medios y ninguna embestida de los Jandilla resultaba de verdad.



Paco Ureña entraba en combate esta temporada en la tarde fallera del team Simón Casas, donde el único que gana seguro es el apoderado. Que Ureña corte una oreja y se hable de él al final quiere decir también que David Mora quedaba en evidencia o que Javier Jiménez se estrellaba contra la imperiosa necesidad. Demasiadas cartas e intereses para una partida tan descafeinada.

En tarde que se le precepitiba a contraestilo, Paco Ureña fue fiel a su concepto desde que se abrió de capa para recibier a 'Omeya'. Un negro mulato muy hondo y de considerable culata, que por delante mostraba la seriedad de los rizos. El recibo de capa, a pies juntos en el punto de partida y ligado sin perder apenas terreno y siempre adelante, mecida la tela con especial cadecia y rematado de media, fue la revelación de todas las intenciones. Aunque en el primero ya había avisado. Ojo con el quite por gaoneras y sus apreturas al toro 'Majestad', imponente como su nombre indica.

Fueron dos toros muy toros 'Majestad' y 'Omeya'. El tercero, 'Guerrero', fue el de más cara de la tarde y de toda la feria hasta el momento. Alguien debió verle las puntas nada más salir y una ligera ovación se extendió por el tendido. Cara sí, pero remate no tenía el toro como para ser aplaudido.

Imponente era el abreplaza: 'Majestad'. Grandón y enmorrillado. Hondo y pelín basto el castaño: sobre todo por el derecho; por el izquierdo se desliza mejor. Muy medido en varas: se le quedó demasiado crudo a David Mora. En banderillas Ángel Otero resolvió desmonterándose tras un buen par y otro soberbio. Y tras cerrar el tercio el toro tuvo una arrancada como si recién levantado de toriles estuviese. David Mora lo empezó al natural. Bien la primera serie, a menos la segunda. Sin acuerdo ya. Poco fondo en ambos frentes.

'Omeya' también fue torazo. El capote de Paco Ureña fue lo mejor de la tarde. Con el picador tuvo las suyas el toro. Muy encelado tras tumbarlo casi en los medios. Ahí se desgastó el animal por demás. Los apoyos le fallaron. Obligación de taparlo y llevarlo muy sin tirones. Paco Ureña se pone a torear a cámara lenta. La zurda sirve para arrancar. Dos series. En redondo lo paladea en la misma panza de la muleta y a pies juntos con la zurda pone a todos de acuerdo en el epílogo. A poca emoción bovina, la respuesta del toreo a cámara lenta y ajustado más la expresión y capacidad de llenar la escena de Paco Ureña. Petición baja tras espadazo trasero y dos descabellos. Sólo vuelta al ruedo.

No le quedó más remedio a Ureña que inventarse otra faena. La exposición de los muslos, la colocación, el toreo de cintura rota y mano baja, en definitiva, toda la pureza con la que es capaz de expresarse Paco Ureña de una vez sometiendo una embestida en los mismos medios. La entrega desmedida. De una tanda salió el torero entre roto y eufórico. El puñetazo que dio al viento fue tremendo: la ovación, en cambio, fue un rumor. El desequilibrio del espectáculo. Faltaba la ovación a la banda y el director saludando tras una interpretación deficiente del pasodoble 'Puerta grande'. Algo fallaba ahí aunque a Paco Ureña se le concediese esa oreja arrancada. Algo fallaba, y es que el tal 'Garrotino' (de Vegahermosa), con hechuras de becerrote, no embistió una sola vez de verdad.

Embestidas de verdad apenas hubo en toda la tarde. Dolientes y sin compromiso, la mayoría. En la embestida están el secreto de esto. La embestida es lo que pone en valor el toreo y la emoción en los tendidos. Claro, la embestida viene aliñada de otros ingredientes. Y los Jandilla, de muy buena presentación, eso sí, fueron como un pan bajo en sal.

El tercero fue un 'Guerrero' lisiado. La buenas intenciones por arrear de Javier Jiménez y decir aquí estoy yo se desplomaban cuando cada dos por tres doblaba la pezuña el toro. Al sexto salió con más hambre. En la porta gayola tuvo que hacer un hombre a tierra para sobrevivir. También se libró al iniciar la faena de muleta. De rodillas, muy ajustado, de pie en uno del desprecio sin llevarlo toreado, cobró y se libró de un pitón que le pespunteó toda su anatomía. Tras el susto, voluntad puso toda el de Espartinas y hasta las manoletinas aparecieron a última hora para obrar el milagro y hacer estallar la emoción. Pero no.

El personal levantó protestas ante el comportamiento mular del cuarto: 'Locutor' se llamaba. Como para hacernos una idea también de cómo está el periodimo del sector. David Mora alargó la nada hasta tropezarse en la misma cara del animal sin consecuencias. Como la tarde.


FICHA DEL FESTEJO
15 de marzo de 2017, Plaza de toros de València. Toros de Jandilla y Vegahermosa (Primero y quinto). Bien presentados, blandos, manejables, de comportamiento plano y falto de raza. Palmas en el arrastre para primero y segundo. David Mora (dos pinchazos y estocada desprendida: palmas; dos pinchazos, otro muy tendido y aviso: silencio) Paco Ureña (estocada trasera, aviso, dos descabellos: vuelta al ruedo; estocada: oreja ) Javier Jiménez (pinchazo hondo trasero al encuentro y descabello: silencio; pinchazo y estocada: palmas de despedida). Media plaza (unas 5.500 personas).