11 marzo 2008

fallas 2008/ en la alternativa de óscar sanz

Desde que las corridas de Fallas empezaran, éste el segundo momento en el que me siento al aparato con opción de actualizar blog. A partir de mañana, los días se ordenarán para ir apretándose luego conforme por aquí vaya oliendo a pólvora y al final todo acabe ardiendo.
Así empezó todo, un sábado 8 de marzo de luto, rabia y reflexión. Con la salida al ruedo de la Plaza de Toros de Valencia de 'Solterito', de la ganadería de Puerto Frontino, nacido en febrero de 2003, número 62 y con 583 kilos de peso.

Grande, hondo, largo, bien construído y bien puesto de pitones. Un toro serio, primer indicador de cómo iba a ser la corrida. En todos los aspectos. Porque luego las hechuras que lucieron no se correspondería con lo que contenían. Pues con éste, tomó la alternativa Óscar Sanz.

Un sueño del que se despertó conforme palpaba la realidad. Flojo y manso en varas, en banderillas cortó y quedó con embestida cansina, probando, echando la cara arriba. Sanz se puso en el papel, ajustó las suertes y tragó con lo que había. La estocada fue desprendida y trasera, sonó un aviso y acabó al segundo golpe de descabello.

Luego, el sexto le pondría el examen más difícil y Óscar Sanz aprobó el examen. Se le coló a las primeras de cambio por el derecho, y pese al viento porfió al natural poniendo el muslo donde corresponde. Aguantó el tirón y mostró valor más que suficiente, el que ha madurado tras casi diez años como novillero y no más de 30 y pico novilladas. Mató de estocada desprendida, y por el cariño pero, por supuesto, por el esfuerzo realizado y lo complicado de la faena se le pidió la oreja. Pero palco en ejercicio de integridad, que veremos donde lo aparcan conforme vayan asomando las figuras, se negó y Óscar Sanz, matador de toros, dio la vuelta al ruedo.

Y recalcó lo de matado de toros, porque el padrino, López Chaves, y el testigo, Paco Ramos, no fueron capaces de hacer la suerte o dejar el estoque en decoroso sitio.

El segundo de Puerto Frontino, luciendo otra bella estampa, tuvo una salida cansina, muy fría, una característica común a casi todo el encierro. Flojo, en varas, en la primera con la cara alta y sin apretar; dejándose, en la segunda. Embistió a medias, frenando con los cuartos traseros a mitad de la suerte. Domingo López Chaves, que se presentaba en Valencia, cumplió el trámite.

Lidió luego el de Salamanca al sobrero, del mismo hierro y a un mes de cumplir los seis años, que fue manso y el de la guasa. Chaves empezó doblándose y una señora nada puesta en la materia dijo detrás de mí y en valenciano, "este no torea bien". Traté de explicarle que bonito, precisamente, no se podía poner. Luego, gráficamente, cuando el toro trató de hacer por el torero en un par de ocasiones, un desarme y una colada, la señora pareció comprenderlo. Los toros así, más cuando son tan tremendos, aunque el sobrero éste era el que menos, más estrecho y sólo con 500 kilos, no son para florituras, aunque sí al menos merecen una estocada digna y no una puñalada pescuecera como la que hubo.

El tercero, concienciado el público que ocupaba más de media plaza de que la cosa iba de torazos, se llevó una pequeña ovación a su seria estampa y por su salida un poco más alegre. Luego, se mostró flojo y manso y Paco Ramos con buenas ideas, construyó faena animada, aunque la firma, un pichazo en los bajos, emborronase lo hecho.

El toro quinto fue tremendo, 620 kilos en la tablilla y con su rizos, y aunque pareció que humillaba con facilidad, la flojedad apareció de nuevo. Para entonces la gandería de Puerto Frontino ya había suspendido el examen y algún que otro pitón levantaba ciertas sospechas, aunque el cartel no invitara a ello. Se encaprichó con el caballo, al que siempre fue por su cuenta y mal tomó cuatro varas si no conté mál. La impresión que dejó Paco Ramos fue buena en sus trasteos, y a éste le plató batalla sobre todo a diestras, pero luego la espada la volvió a malemplear.

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