12 mayo 2008

fin de semana de agua y toros

No sé por dónde empezar porque varias cosas son las que se han ido quedando rezagadas y que se querían contar. Primero podría ser lo de la corrida de Peñajara, buena corrida, pero tampoco como para tirar cohetes, fue muchísimo mejor para el torero y al final acabó por no pasar nada de nada. El guapo por el que me decanté señaló que cuando iba obligado era capaz, pero cuando no era el amo.

Ese día se tenía que haber celebrado una corrida toros en Valencia, pero se suspendió. El ruedo estaba patas arriba y parecía más bien un patatal. En Valencia, probablemente la ciudad que más agua pide del mundo, cuando llueve durante un par de días continuados es una desgracia: todo se vuelve del revés y la gente como que lo lleva fatal. Claro que una cosa es pedir agua y otra que te moje.

Por suerte, el domingo, aunque tal vez de manera inconsciente, sí se dio la novillada anunciada. La metereología se había conchabado dejando un pequeño claro sobre la estación y la plaza de toros en ese rincón de la calle Xàtiva. Cinco o seis kilómetros al sur, dirección Alicante en la pista de Silla, desde Catarroja hasta la Avenida Ausiàs March, la tromba no dejaba ni ver. Pero en la plaza hasta el sol asomaba.

Era la primera novillada del concurso "Camino a Matador de Toros". Desde que empezó, con el debido retraso para intentar, sólo intentar, acondicionar el fangoso ruedo, la cosas rodaron bien, mejor de lo esperado según amenazaba el piso y el cielo. Los novilleros con ganas, las cuadrillas profesionales y eficientes, sólo la novillada de Torres Gallego pinchó de mitad en adelante.

Novillada terciada, los tres primeros, más chicos y con menos cuajo, pero con un toque de pitones que los hacía respetables, tuvieron un compartamiento noble y embestidor, que aprovecharon José Carlos Venegas, Pedro Marín y Juan Francisco Prado que recibieron una oreja por coleta.

De Venegas la base de valor que sustenta su toreo. De Marín el temple. De Prado, las ganas y la espada. La empresa, como se trataba de novillada de concurso, repartió a la prensa una hoja para puntuar las actuaciones de los chavales.


Pasó que la segunda parte de la novillada, cuando salieron los novillos con más cuajo y mejores hechuras, estos no podían con su alma y se acostaban mediada la faena (cuarto y quito) y sólo el sexto, bonito entrepelado, aguantó el tirón para responder a la muleta templada de Juan Francisco Prado, del valenciano y marítimo barrio de Nazaret, que cortó otra oreja y salió por la puerta grande.

Foto de Levante-EMV

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