27 julio 2009

feria de julio 2009/ josé calvo y josé luis moreno triunfan con una gran corrida de adolfo martín



26 de julio de 2009, Valencia. Toros de Adolfo Martín para Juan José Padilla, José Luis Moreno y José Calvo. [VÍDEO]

La emoción del toreo existe. Ha quedado más que claro en la Plaza de Toros de Valencia en el cierre de la Feria de Julio con una gran corrida de toros de Adolfo Martín ante la que han triunfado José Luis Moreno y José Calvo. Se eliminaron los sucedáneos y quedó desnuda la verdad de la fiesta. No hace falta más que la casta y la seriedad del toro y la disposición y entrega de los toreros.

La ganadería de Adolfo Martín se presentaba a cerrar el ciclo de julio entre dudas y acabó triunfando con el interés y matices de seis toros que compartieron denominador de la casta y la bravura. Seis toros finos, justos de peso, con trapío, serios por delante y de mirada vivaz. Unos con sus complicaciones, otros humillando una enormidad, desarrollando sentido o demostrando sin tapujos su peligro. Seis toros, sin más. Y todos, menos el cuarto, cumplieron en el caballo recibiendo dos puyazos por morrillo.

Ante tan importante corrida triunfaron José Luis Moreno y José Calvo, dos tipos que se saben hacer el toreo bueno, que el sistema taurino imperante tiene relegados al ostracismo, y que se encargaron de demostrarlo aprovechando la oportunidad.

De primeras el cordobés José Luis Moreno demostró que venía a Valencia como tiene que venir un torero a esta plaza. Totalmente entregado. Y eso que el principio no fue como para confiarse. En el saludo de capa a su primero, de nombre Madroñito, se le amontonó la cosa, perdió pie y cayó a merced, el toro hizo por él y lo levantó por el vientre sin más consecuencias. El susto no le cambió para nada las intenciones.

El toro se definió en bravo tras pasar por el peto con fijeza y llegó a la muleta con la incertidumbre de un toro de embestida humillada, capaz de seguir las telas hasta el final, pero sabiendo en todo momento que algo se quedaba atrás. Moreno salió a jugársela con la muleta por delante. Y brotó de ahí la emoción del toreo intenso y de poder en plena incógnita. Tapó y templó al tal Madroñito y los olés se escucharon en toda Valencia para que se enterasen los que hoy no estaban y sí vinieron a ver el decadente espectáculo de las figuritas de pitiminí un par de días antes. Moreno recordó a aquel rubio torero que pasó por Valencia otro julio, el del año 2000, y cuajó a uno de Victorino para la historia.

Intensidad. De tragar y poder, una faena imperfecta pero rebosante de emoción. Tal vez sólo hubo cinco o seis multezos perfectos, con la tela a ras de albero y rematando por debajo de la pala del pitón atrás en la cadera, pero todos fueron pura emoción. Y el torero se impuso, aprovechó las virtudes del adolfo y se tiró a matar a tumba abierta, una voltereta más y la espada en lo alto. Y otra vez el recuerdo de aquel faenón de julio de 2000 que acabó en cornada grave, pero esta vez la talaguilla del torero permaneció intacta y sí pudo pasear una merecida oreja, la de más peso de la feria.

La corrida por entonces ya había sacado dos toros como la noche y el día. Justo antes, en el primero de la tarde, Padilla ya se las había visto con uno que tuvo más cosas de brava alimaña que otra cosa. Toro de corto recorrido y complicaciones con el que el jerezano anduvo como profesional en la materia que es desde el mismo inicio toreándole de capa andando hacia atrás hasta los medios.

Y salió el tercero, Aviador, para el valenciano José Calvo, que por primera vez se medía a toros de sangre Albaserrada. Tuvo suerte porque su lote fue el de más nobleza y menos asperezas en ese misterioso tesoro de la casta.

Faena de mérito que se desarrolló de más a menos. Cuando alcanzó lo más fue por los quilates de su toreo ante un toro que permitía el cite en la distancia en los mismos medios y surcaba el albero siguiendo una muleta templada, la de Calvo, que la manejaba sin alharacas, sólo tratando de encontrar en cada una de las suertes que sucedían a ralentí la pureza. Todo eso ocurrió por el lado derecho, y se perdió fuelle al intentar el natural por no acoplarse a una embestida más recortada. La faena estaba hecha, no cabía más que una estocada y así fue. La oreja era mucho más que justa.

El cuarto fue el único que manseó en varas saliendo suelto por dos ocasiones y no humilló, sino que embistió a media altura, justo al revés de lo habitual en este encaste. Antes se había dejado, el que más, en el capote. Pero fue a menos. Protestó en la faena de Padilla, que estuvo listo y bullidor para hacer una faena de más efectismo que otra cosa y cortar una oreja tras una gran estocada.

El objetivo de Moreno seguía siendo el mismo: triunfar a toda costa. Y así salió ante el quinto, que con el hocico hacía auténticos surcos cuando le daban capa y se empleó, el que más, en el peto. Pero, otra vez los misterios de la casta, el toro se orientó como sólo saben hacerlo los albaserradas y la faena tuvo que desarrollarse en auténtico toma y daca. De mucho 'ay' y miedo. Moreno tuvo que cruzar la línea en varias ocasiones y poner en juego su propio pellejo para arrancar la oreja que certificaba el triunfo y la puerta grande, y lo consiguió.

Y Calvo sabía que esta vez tampoco se le podía escapar. El respeto que se ha ganado de buen torero tenía la inmejorable ocasión para certificar tantas cosas que en otras ocasiones había dejado inacabadas. Y así, cayó la tan ansiada puerta grande.

El sexto venía de otra reata clásica de hierro de Adolfo Martín, un Malagueño que ya enamoró en la desencajonada pero al que le faltó el fuelle que tuvieron sus hermanos de camada. Calvo puso de nuevo su manifiesta elegancia a la hora de hacer el toreo y también en buen recibo a la verónica y la media de rigor. Tras parear se desmonteró una vez más José Manuel Montoliu. Y el torero se sintió en la faena mucho más en redondo, bajando la mano ante una embestida sin remate en su final y abrochó por manoletinas, un torerísimo cambio de mano y una estocada una faena que le abría de par en par --por fin-- la puerta grande.

Se fueron los toreros en triunfo y los que quedaban sacaron a saludar al mayoral de Adolfo Martín. La fiesta se había vivido en su máxima expresión en Valencia, justo después del paso de las figuras y sus fofos e impresentables animalitos, que consiguieron dejar el ánimo por los suelos. Y es una pena, que hoy, ante una corrida tan importante que la media entrada se quedará corta en el cierre triunfal de la Feria de Julio. Pero al menos el toro y la emoción del toreo han conseguido elevar el ánimo, y de qué manera.

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