04 agosto 2011

menos literatura y menos plumas para josé tomás en huelva

Foto :: Arjona para Aplausos.es
Menos literatura, el mismo buen toreo y otra fea voltereta para seguir debatiendo. La tarde de José Tomás en Huelva, la segunda tras su reaparición, se saldó con oreja y ovación. También Daniel Luque cortó otra. Emilio Silvera abrió cartel sin demasiada suerte y poco más. La corrida fue de El Pilar, repitiendo así el hierro de Valencia.

De la poca literatura que se ha cocido por ahí es la de Antonio Lorca en El País, que no sí estuvo por València o al menos no escribió (la crónica, pero sí como nos comenta David un artículo de opinión de apoyo a la crónica de Vicente Sobrino) y ha sacado su pluma por Huelva como esperándose cualquier otra cosa... ¿En Huelva? Y más para divagar sobre los pros y los contras de la estrategia de José Tomás, que para contarnos la corrida en sí.

La multitud arde en deseos de ver al dios resurgido de las tinieblas, y ahí está José Tomás, en la puerta de cuadrillas, hierático y frío como siempre, con esa estela inequívoca de quien se sabe triunfador.

Y como llegó se fue, pero después de desparramar la personalidad tan singular de este torero. Toreó como los ángeles, esa es la verdad. Las verónicas a su primero fueron un primor de suave plasticidad; y el quite por chicuelinas, una preciosidad. La labor con la muleta alcanzó momentos de lucidez estética, en especial por naturales largos y templadísimos. No faltó la voltereta cuando lo pasaba con la mano derecha y el respetable disfrutó como nunca. Tardó en cogerle el aire al quinto hasta que, mediada la faena, lo embarcó en la muleta y dictó una lección magistral del toreo en redondo antes de cerrar con unas ceñidísimas manoletinas con el compás abierto.

La tarde no fue, sin embargo, redonda. Lo cierto es que tuvo un problemilla: que los toros no eran toros, sino becerritas. O tal vez gatitos; o, quizá, unas impresentables raspas. Y a todo el espectáculo le faltó la necesaria emoción. Aquello no fue más que un entrenamiento con un público festivo, familiar y generoso. Y eso no está nada bien. Ni un mito como José Tomás se debe permitir esa licencia, ni el respetable que paga merece tal engaño.

(...)

Para exigir tanto como él hay que ser exigente, primero, con uno mismo, y respetuoso con los espectadores.

Dicho lo anterior, hay que reconocer que algo tiene este torero cuando es capaz de arrastrar multitudes allá donde se anuncia. ¿Por qué en plena y profunda crisis de toros y toreros, todos ellos, en mayor o menor medida, bajo el denominador común del aburrimiento; cuando la fiesta atraviesa sus horas más bajas y sufre el mayor ataque por acción u omisión de toda su historia, la sociedad en su conjunto vuelve la mirada hacia un señor vestido de luces, y una mayoría enloquece y vibra con su forma de enfrentarse a la gloria?

Parece algo inexplicable que, en los tiempos que corren, un torero se haya convertido en una celebridad. Pero así ocurre cuando un personaje derrocha personalidad, heroísmo, carisma, dramatismo, misterio, autenticidad...

Todos destacan en él su valor sin límites, cuando su mejor cualidad es que es un intérprete excelso del arte del toreo. Quizá, la cualidad más sobresaliente de José Tomás es que es un rompedor que ha hecho añicos los esquemas del toreo moderno.

2 comentarios:

David Plaza dijo...

Querido Andrés, Lorca sí estuvo en Valencia y firmó un artículo/perfil de José Tomás como apoyo a la breve crónica de Vicente Sobrino: http://www.elpais.com/articulo/cultura/quince/meses/resucito/elpepucul/20110723elpepucul_6/Tes

Un abrazo,

Andrés Verdeguer dijo...

Gracias por el aporte y corrección, David!