06 septiembre 2014

la temporada lleva ya un tiró en el pie (tras bilbao, con zaragoza en el horizonte)

Bilbao debería ser la misma guerra. Taurinamente hablando, claro. Lo mejor de lo mejor y de tú a tú. Sin más. Porque a Bilbao no le hace falta travestirse de arte, duende y milongas. En Bilbao sale el toro (o eso se presupone) con la suficiente entidad como para no andarse por las ramas del marketing hueco. Pero no hay costumbre. O se perdió la misma. Se dan las circuntancias a veces, sí. Como en esta pasada feria. Tres tardes para que ardiese todo. Provocar un golpe de estado y poner esto definitivamente del revés. O por lo menos marcar distancias. La tarde de toros de Miguel Ángel Perera fue para ello. Pero la espada le tembló en el momento decisivo. Iván Fandiño en menor intensidad e igualmente sin espada, pero también se cuajó tres de los cuatro toros a los que se enfrentó, y al cuarto le puso los muslos, le ganó una mano y no le dio más opciones para que no lo mandase al quirófano. Por él había pasado dos veces seguidas una semana y pico atrás: Huelva y Bayona. Y eso se nota. Por cierto, ¿de los mandones quién ha pasado esta temporada por quirófano? Un tal Enrique Ponce, y ya no me viene ninguno más. Y toquemos madera. Mejor que la reflexión se quede ahí. 


Hay toreros de una intensidad brutal (o eso se supone) que hacen campañas de tres tardes a riñón y pico cada una. Otros, sólo con el pico llevan esa intensidad a lo largo de toda la temporada y el coco de vez en cuando grita "¡oiga!" cuando vienen dos percances seguidos. Ese fue Fandiño en Huelva, Bayona, y a Bilbao, claro, llegó con el come-come.

Perera y Fandiño son sin duda los dos ejes de la temporada. A uno se lo vienen cantando de forma merecida, sin remilgos. Con el otro cuesta más. No es G. Y aunque los G se hayan equivocado por segunda vez, son eso: G.

Más allá de todo eso está el toreo. La trilogía de Miguel Ángel Perera, las dos tardes de Madrid más la de Bilbao, lo desmarcan del resto. Hace quince años eso ponía a uno a mandar en esto. No en figura. Lo de figura está ya tan manoseado. Lo ponía a mandar. A ponerlos a todos firmes, a que nadie le tocase la nuca y a llenar plazas. Pocas muletas tan exactas y planchadas como la Miguel Ángel Perera, tan llenas de toro desde la panza hasta los vuelos se han visto en la última década y con esa perfección a la hora de ligar muletazos kilométricos. Y por si había alguna duda de hasta donde podía llegar Perera, la faena al toro de Adolfo Martín y el ajuste logrado con tantos otros este año.

¿Qué falla entonces, qué es lo que no acaba de encajar para que el eje de la temporada sea además quien marque la pauta en taquilla? De acuerdo que la tauromaquia de Fandiño todavía no ha alcanzado la suavidad de José Tomás y que a ese Rey del Temple todopoderoso que es Miguel Ángel Perera le falta encontrar profundidad artística en su toreo. Pero eso al público en general no le importó nunca a la hora de llenar plazas, y por lo tanto no responde a una pregunta sin una respuesta clara. Sin duda, se comunica fatal.

Algo falla --vuelve a fallar-- y la temporada ya viene con un tiro en pie. Las grandes ferias salvo excepciones están adocenadas. La competencia pasó a mejor vida. No hay guerra y el interés decrece. Eso pasa. A nadie de los de arriba le interesó fomentar competencias más allá de entre los de su misma especie. Y Bilbao, ciudad de obligada peregrinación cada agosto para la afición más enterada, dio pie a los que están a la que cae: si ha ido menos público; si los toros en Bilbao van a menos. Hay opiniones externas preocupantes sobre la última edición de las Corridas Generales. Buscan cualquier rendija para meter el navajazo. Lo peor es que desde dentro nadie parece darse por aludido. La competencia es fingida y el público parece haberse enterado. Bilbao debería ser la misma guerra. Taurinamente hablando, claro. Así comenzamos, más o menos, la crónica de la penúltima de la Aste Nagusia 2014. Era día de combate y uno tiró la toalla antes de tiempo. Las excusas ya se las buscaron otros. Qué trabajo ése, el de la prensa que ha de ir tapando los sainetes.

Que alguien se atreva a poner en duda la salud de taurina de Bilbao, personalmente, y no me gusta escribir en primera persona, me indigna. Ser Bilbao y seguió siendo Bilbao como referente ineludible de la temporada. Bilbao ha marcado la pauta, embistieron los mejores toros salvo en corrida y media prácticamente cada tarde, evidenció la crisis de toreo generalizada en un escalafón adocenado. Salvo destacadas excepciones: Perera y Fandiño, también Morante y Ponce. Por Bilbao pasó el toreo. El toreo tuvo ganas de medirse al toreo. Y lo tuvo a huevos. Pero lo triste es que la gente se quede echando de menos las orejas. Definitivamente, se comunica fatal. Y eso, como lo demás, resta.

Ya pasó Bilbao y la temporada un año más se ha pegado un tiro al pie. Albacete intentará mantener su enraizado equilibrio, que ya es mérito, sin más aristas que la que impone la seriedad de su afición, y con Zaragoza asomando en el horizonte, inmersa en esa anodina y habitual normalidad. Si Bilbao debería ser la misma guerra, Zaragoza debería ser la última batalla, finales absolutas y algún que otro paseo triunfal. Debería. Pero miremos el cartel a modo del cacareado The Maestros. Llevan una temporada buena vendiendo entradas... y siguen sin agotar el papel. La anodina normalidad no la suplen con ganas de partirse la cara unos a otros viendo a ver quien se arrima más y quién torea más mejor; no, la amnodina normalidad la encubren con una sinfónica.

Y claro, Zaragoza de un tiempo a esta parte viene pagando el pato. No es nuevo. Plaza de primera y dura, más cuando llegas con un tiro en pie. Qué pasa: que nadie compite, la palabra dada de poco sirve y apenas hay apreturas. Olé por los que son capaces de hacer doblete --Padilla, Perera y Talavante--, por Daniel Luque que quiere cerrar con un gesto sumejor temporada, por Fandiño que al no haber cuerpo a cuerpo corta en Las Ventas, y olé por un tal Enrique Ponce que en su temporada 25 como matador de toros ha pasado por València, Sevilla, Madrid, Bilbao y pasará por Zaragoza. A ése en la vida nadie le ha pegado un tiro en el pie.