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18 diciembre 2014

#fotosdetemporada/ el novillero josé garrido en solitario en bilbao en una matinal histórica

 Mañana del 22 de agosto de 2014 en Bilbao. José Garrido solo ante seis de El Parralejo.

El novillero extremeño José Garrido se citó con la historia, su propia historia, de la que apenas aún no ha escrito ni dos capítulos y recitó una mañana de toros al alcance sólo de los privilegiados. Con seis novillos de variada casta y expresión de El Parralejo en Bilbao, José Garrido subió una cima que solo alcanzan las privilegiadas figuras del toreo.

06 septiembre 2014

la temporada lleva ya un tiró en el pie (tras bilbao, con zaragoza en el horizonte)

Bilbao debería ser la misma guerra. Taurinamente hablando, claro. Lo mejor de lo mejor y de tú a tú. Sin más. Porque a Bilbao no le hace falta travestirse de arte, duende y milongas. En Bilbao sale el toro (o eso se presupone) con la suficiente entidad como para no andarse por las ramas del marketing hueco. Pero no hay costumbre. O se perdió la misma. Se dan las circuntancias a veces, sí. Como en esta pasada feria. Tres tardes para que ardiese todo. Provocar un golpe de estado y poner esto definitivamente del revés. O por lo menos marcar distancias. La tarde de toros de Miguel Ángel Perera fue para ello. Pero la espada le tembló en el momento decisivo. Iván Fandiño en menor intensidad e igualmente sin espada, pero también se cuajó tres de los cuatro toros a los que se enfrentó, y al cuarto le puso los muslos, le ganó una mano y no le dio más opciones para que no lo mandase al quirófano. Por él había pasado dos veces seguidas una semana y pico atrás: Huelva y Bayona. Y eso se nota. Por cierto, ¿de los mandones quién ha pasado esta temporada por quirófano? Un tal Enrique Ponce, y ya no me viene ninguno más. Y toquemos madera. Mejor que la reflexión se quede ahí. 


Hay toreros de una intensidad brutal (o eso se supone) que hacen campañas de tres tardes a riñón y pico cada una. Otros, sólo con el pico llevan esa intensidad a lo largo de toda la temporada y el coco de vez en cuando grita "¡oiga!" cuando vienen dos percances seguidos. Ese fue Fandiño en Huelva, Bayona, y a Bilbao, claro, llegó con el come-come.

Perera y Fandiño son sin duda los dos ejes de la temporada. A uno se lo vienen cantando de forma merecida, sin remilgos. Con el otro cuesta más. No es G. Y aunque los G se hayan equivocado por segunda vez, son eso: G.

Más allá de todo eso está el toreo. La trilogía de Miguel Ángel Perera, las dos tardes de Madrid más la de Bilbao, lo desmarcan del resto. Hace quince años eso ponía a uno a mandar en esto. No en figura. Lo de figura está ya tan manoseado. Lo ponía a mandar. A ponerlos a todos firmes, a que nadie le tocase la nuca y a llenar plazas. Pocas muletas tan exactas y planchadas como la Miguel Ángel Perera, tan llenas de toro desde la panza hasta los vuelos se han visto en la última década y con esa perfección a la hora de ligar muletazos kilométricos. Y por si había alguna duda de hasta donde podía llegar Perera, la faena al toro de Adolfo Martín y el ajuste logrado con tantos otros este año.

¿Qué falla entonces, qué es lo que no acaba de encajar para que el eje de la temporada sea además quien marque la pauta en taquilla? De acuerdo que la tauromaquia de Fandiño todavía no ha alcanzado la suavidad de José Tomás y que a ese Rey del Temple todopoderoso que es Miguel Ángel Perera le falta encontrar profundidad artística en su toreo. Pero eso al público en general no le importó nunca a la hora de llenar plazas, y por lo tanto no responde a una pregunta sin una respuesta clara. Sin duda, se comunica fatal.

Algo falla --vuelve a fallar-- y la temporada ya viene con un tiro en pie. Las grandes ferias salvo excepciones están adocenadas. La competencia pasó a mejor vida. No hay guerra y el interés decrece. Eso pasa. A nadie de los de arriba le interesó fomentar competencias más allá de entre los de su misma especie. Y Bilbao, ciudad de obligada peregrinación cada agosto para la afición más enterada, dio pie a los que están a la que cae: si ha ido menos público; si los toros en Bilbao van a menos. Hay opiniones externas preocupantes sobre la última edición de las Corridas Generales. Buscan cualquier rendija para meter el navajazo. Lo peor es que desde dentro nadie parece darse por aludido. La competencia es fingida y el público parece haberse enterado. Bilbao debería ser la misma guerra. Taurinamente hablando, claro. Así comenzamos, más o menos, la crónica de la penúltima de la Aste Nagusia 2014. Era día de combate y uno tiró la toalla antes de tiempo. Las excusas ya se las buscaron otros. Qué trabajo ése, el de la prensa que ha de ir tapando los sainetes.

Que alguien se atreva a poner en duda la salud de taurina de Bilbao, personalmente, y no me gusta escribir en primera persona, me indigna. Ser Bilbao y seguió siendo Bilbao como referente ineludible de la temporada. Bilbao ha marcado la pauta, embistieron los mejores toros salvo en corrida y media prácticamente cada tarde, evidenció la crisis de toreo generalizada en un escalafón adocenado. Salvo destacadas excepciones: Perera y Fandiño, también Morante y Ponce. Por Bilbao pasó el toreo. El toreo tuvo ganas de medirse al toreo. Y lo tuvo a huevos. Pero lo triste es que la gente se quede echando de menos las orejas. Definitivamente, se comunica fatal. Y eso, como lo demás, resta.

Ya pasó Bilbao y la temporada un año más se ha pegado un tiro al pie. Albacete intentará mantener su enraizado equilibrio, que ya es mérito, sin más aristas que la que impone la seriedad de su afición, y con Zaragoza asomando en el horizonte, inmersa en esa anodina y habitual normalidad. Si Bilbao debería ser la misma guerra, Zaragoza debería ser la última batalla, finales absolutas y algún que otro paseo triunfal. Debería. Pero miremos el cartel a modo del cacareado The Maestros. Llevan una temporada buena vendiendo entradas... y siguen sin agotar el papel. La anodina normalidad no la suplen con ganas de partirse la cara unos a otros viendo a ver quien se arrima más y quién torea más mejor; no, la amnodina normalidad la encubren con una sinfónica.

Y claro, Zaragoza de un tiempo a esta parte viene pagando el pato. No es nuevo. Plaza de primera y dura, más cuando llegas con un tiro en pie. Qué pasa: que nadie compite, la palabra dada de poco sirve y apenas hay apreturas. Olé por los que son capaces de hacer doblete --Padilla, Perera y Talavante--, por Daniel Luque que quiere cerrar con un gesto sumejor temporada, por Fandiño que al no haber cuerpo a cuerpo corta en Las Ventas, y olé por un tal Enrique Ponce que en su temporada 25 como matador de toros ha pasado por València, Sevilla, Madrid, Bilbao y pasará por Zaragoza. A ése en la vida nadie le ha pegado un tiro en el pie.

02 septiembre 2014

un natural de josé garrido en bilbao

Tengo un post a medio escribir de Bilbao que seguramente ya habrá caducado. Aunque toda reflexión sobre la feria de primera categoría de mayor equilibrio y calidad siempre es necesaria. Veremos si tiramos adelante. El caso es que las fotos no caducan. Y la mañana de toreo de José Garrido en El Botxo, tampoco. Repasando el otro día me tropecé con este pedazo natural de Garrido a uno de El Parralejo. Embraguetarse con un toro es más o menos eso.


24 agosto 2014

#astenagusia14/ combate nulo y un toro bravo


Bilbao debería ser, taurinamente hablando, la misma guerra. Debería ser. A veces lo es. O a veces se plantean las cosas para que así lo sea. De jueves a sábado lo hubiera podido ser por esos cruces entre Ponce, Perera, El Juli, Fandiño. Fuera quedó un mano a mano sin competencia para no entrar en esa batalla. Qué cosas. Es. Debería ser. O queremos que lo sea. El caso es que también en ocasiones se cumple la perogrullada y dos no se pelean si uno no quiere. Y no se pelean por vaya usted a saber qué motivos. Que si la corrida prácticamente sale a la contra, que si el esfuerzo ya sabemos a priori que resultará baldío, que si uno cae en la cuenta de que se ha equivocado al ver los tendidos con solo dos tercios ocupados, que si la espada no está para plantear guerras o sí uno además cree que su verdadero sitio estaba esa misma tarde en Málaga. Todo puede ser.

El caso es que la última gran batalla en Vista Alegre de esta Aste Nagusia cruzó a El Juli y Fandiño con toros de La Quinta y al final tuvo que declararse combate nulo pese a que el de Orduña cuajó sus dos toros. Y es nulo, primero que nada, porque los de La Quinta decepcionaron en general.

Pero sí salió uno realmente bravo de principio a fin, en los tres tercios. Jugó la mano de Antonio Ferrera, que en otra onda dio particularmente una tarde de toros de tremenda seriedad. Sin necesidad de medirse con nadie, más que consigo mismo, con el bravo 'Santurrón', toro de nota en los tres tercios, se permitió apostar por la estética más allá del mando y la profundidad. Pero las exigencias del bravo, marcaron la faena y apenas tragó con los desmayos y abandonos. 

No hubo más que un 'Santurrón'. Cárdeno oscuro y salpicado, y no cayó en manos de los duelistas de la guerra que quedó fría. Ferrera lo abrió por verónicas hasta más allá de la boca de riego. Las formas en el caballo tuvieron acento bravo. Pese a empujar de primeras con un pitón, la segunda vara fue en regla y tomada a una, con la cabeza fija en acción sobre el peto. El tercio de banderillas de Ferrera rozó la perfección y de primeras se puso a torear en redondo. Vertical, pellizcando. El toro se había cantado durante toda su lidia y Ferrera se moría de ganas por sentir una embestida así. Afloró el temple santacolomeño y ya quiso acinturarse con una embestida que avisó de su importancia y exigió mando, que la línea se las marcasen sin más opción. Por ahí se entregaba, planeaba y se rebozaba. Pero claro, Ferrera si tiene el cuerpo cosido a cornadas es porque posee una amplia alma de artista. Y por ahí vinieron los remates, los de pecho eternos, la figura abandonada trantando de sentir más aquella bravura, surgieron las trincherillas en circunferencia en el mismo centro y el rizo de los manoseados circulares. Por ahí ponía orden la bravura: así no, y le devolvía un aprieto a Ferrera que venía de matarse seis de Miura en Málaga, y quebraba la cintura y sometía por abajo. No escatimó. Pinchó el trofeo y tal vez la vuelta al ruedo de 'Santurrón'.

Ferrera manejó las lidias perfectas. Sobre ruedas con el primero, pese a salir dormido. Así pareció. Sin comerse a nadie, fue llevado por Ferrera y los suyos. El matador incluso brindó al público la muerte. Pero de primeras, sin apenas mover las pezuñas, Ferrera quedó a tiro. Guasa. La gaita siempre cargada. Al acecho, en plan cazador. El de La Quinta era un cinqueño a dos meses de los seis.

Dos más saldrían con esa edad, uno en cada bando. El lío estaba. Cartel esperado. Escenario inmejorable el ceniciento ruedo. Pero si El Juli no vio claro por donde mejorar su lote de escaseces, sino hundirlo más todavía, Fandiño tampoco logró trascender al marcardor las faenas cuajadas a dos cárdenos, mejorándolos una enormidad, por una espada que ya no está afilada.

A la blandura del segundo El Juli no lo alivió nunca. Luego se quedó al hilo o más atrás y a mamporrazos se le derrumbó. Va, esperaremos al siguiente. Y tampoco. Aires pastueños en el quinto 'quinto'. Sin estridencias ni profundidades en la capa de Alvarito Montes, pero desplazándose con nobleza. Pero fue El Juli y lo asó con la crueldad de unos doblones que dejaron al animalico para la UVI. Que torear es acariciar dicen. Pues El Juli fue a hostias y sin intención de resaltar virtudes.

La estrategia de Iván de Orduña fue justo la contraria. Paciencia, mando, temple y pulso. A su blando primero lo sostuvo y le dio opciones, se reunió con él con importancia. El trofeo se esfumó con los errores a espadas. No cruza en la suerte, lo frenan los pitones y hay algo que no encaja. 


Con el sobrero que hizo sexto tres cuartos de lo mismo. Con la anécdota de que un espontáneo se lanzó antes de que saltara el toro al ruedo, Fandiño se encontró con la embestida más enclasada de la tarde de un santacoloma no sin excesiva raza, y por lo tanto desentendido. Con este Iván dio lección de lo que es romper un toro adelante. Distancia, colocación, suavidad en los toques y temple. Y así surgieron los segundos y terceros muletazos por abajo y con cadencia. Uno por tanda. En los otros se quería desentender, pero la labor quedó maciza y redonda, clarividente y entregada. Al triunfo y al propio Fandiño se lo llevaban los demonios (tras el error a espadas). Bilbao tendrá que esperar. La batalla con El Juli, también. Combate nulo. Se agradeció incluso que el bravo 'Santurrón' cayera en el lote de Ferrera. No fuera a ser que alguien señalara tongo. Pitos para El Juli y demonios para Fandiño.

23 agosto 2014

#astenagusia14/ jandillas de psicosis y almíbar


Jandilla en Bilbao tomó carnet de torista. Más de uno pidió hora en el psicólogo o el psiquiatra y pidieron que les recetaran potingues narcotizantes. Porque la corrida chutó adrenalina por doquier y se convirtió en un festín la mar de interesante en el que no salieron dos toros iguales. Obligó a estar a todos bien despiertos, en el tendido nadie tuvo tiempo de aburrirse e incluso a partir del tercero se propagó cierta psicosis que duró hasta el quinto, quedando el almíbar para el resto.

Ese tercero fue un tal 'Exquisito' con el hierro de la T de Vegahermosa con cinco años cumplidos y hechura musculada, negra capa, mazorca blanca, ofensivas las puntas y sienes estrechas . Salió a paso lento. Como si no fuera con él la cosa o como si ya supiera de qué iba la película. Le gustaba olisquear, meter el hocico en la arena o entre las juntas de la madera. La papeleta le tocó a Fandiño, que de pronto, entre recortes y varias fintas del toro, en un palmo de terreno, se vio entre los astifinos pitones, las tablas y con la obligación de soltar la tela y poner tierra de por medio.

Tela con el 'Exquisito'. Se desfogó y bien en el caballo, empujando con genio y con todo --riñones, pecho, pitones--, marcando su musculado y repartido trapío en ese gesto que repitió por dos veces en un emocionante tercio de varas que acabó con ovación al piquero Rafael Agudo. Atragantón de Pedro Lara en la brega. El chorro de casta geniuda arrollaba y por el izquierdo los marcaba a todos.

El paso al frente de Fandiño fue meritorio. Esa línea que diferencia a los toreros del resto de humanos fue evidente cuando el de Orduña se enfrontiló ante semejante incertidumbre y además ganaba el pitón contrario y citaba con la muleta por delante. Tras una tanda muy suelta sobre la mano diestra, surgió otra provocada, de toque fuerte y paso adelante para ganar la acción que decantó el pulso para Iván. Le dolió en el alma el toreo obligado, ligado y mandado al animal. Tanto que en la mano siguiente ya no quiso competir igual. Vamos, que no quiso competir ya. Muy 'Exquisito' era, y además toro de sentido. Por el izquierdo no cabía ni media guasa. Los pitones pasaban a la altura del corbatín.

Faena y toro a la antigua; de someter, darse la menor coba posible y matarlo rápido y bien. Fandiño falló a espadas. El toro se defendió y solo a la cuarta encontró vía la mano en los pitones que echaban el cerrojo con la carra arriba, con el mismo genio que empujó espectacular al peto. El público siguió la faena con la emoción propia.

A partir de entonces la corrida de Jandilla se decantó por el thriller. Padilla quedó a merced del cuarto, un toro que ante el jerezano acabó por sentirse ganador tras desbordarle en varias ocasiones y hacer presa y perdonar la cornada en dos ocasiones. Se quedaba debajo, se revolvía con suma presteza. La muleta de Padilla no ofreció mando para ordenar una embestida que hasta el inicio del último tercio había sido algo protestada por supuesta falta de fuerzas en los apoyos traseros, pero que al final acabó dejando sin argumentos a un Padilla que, eso sí, se jugó una vez más la vida en Bilbao.

El quinto, con cinco años y ocho meses cumplidos, de salida también provocó el desbarajuste desarmando a Perera, quien repetía 24 horas después de su tarde cumbre sin espada con la intención de decir aquello de "como decíamos ayer...", pero las embestidas de la víspera no aparecieron. Ese quinto fue rebrincado, cada viaje era una incorregible tarascada. Perera a banderazos y enganchones mantuvo el tipo hasta ganar las terrenos de cercanías. Mucha paciencia la del extremeño y escaso fruto. En una sola tanda se equivoco un 'Hablador' nada fino. Bruto, de mucho taco, gañafón y remate siempre por alto. Gustó la voluntad pererista en Vista Alegre, que ya ha hecho propio al torero y tras bajonazo hubo generosa petición de oreja no atendida.

Hasta el almibarado sexto Jandilla no volvió a ser Jandilla. El burraco tuvo forma, pero un escaso fondo que se estiró al máximo en la faena de Iván Fandiño. El piquero fue un trámite. Ritmo y son las primeras virtudes que administrar. La muleta y sobre todo la cabeza de Fandiño le dieron a la faena el in crescendo necesario. La series en redondo fueron creciendo tanda a tanda. Cada una más redonda y mecida. Y más cargada. Una de tres, de cuatro y hasta de cinco y el de pecho, y así hasta la que la zurda se hizo presente y puso la faena a nivel de la puerta grande. El toreo al natural tuvo enjundia tanto de uno en uno como en ligazón. La muleta muy al hocico, con la tela reposada. La suerte cargada y el viaje hasta los límites, afianzando al toro en una faena a más en profundidad. Porque si bien el toreo a derechas se cuajó a media altura, al natural aquello surgió con los vuelos, despacio y por abajo. Fueron tres series, los remates por abajo y las emocionantes mondeñinas en silecio, sin música. Pero la espada fue el freno. La espada se llevaba otro triunfo grande de esta Aste Nagusia. Ponce, Perera y Fandiño. Faenas de dos sin espada. Pero los naturales de Fandiño seran difíles de borrar.

La espada que no tuvo la víspera Perera, la sacó ante la faena inútil al segundo; inútil por su escaso contenido a toro rajado, parado y sin opción de triunfo alguno. Blando, simulacro en varas y fondo escaso. Perera, con el público a favor, ya al primero de la tarde le había hecho un quite por tafalleras para empezar diciendo ese 'como decíamos ayer...', y así al suyo, el segundo de la tarde, se lo cambio por la espalda en el incio y luego se lo cosió a la franela en serie y media hasta que el animalucho embistió cansino y se descuajeringó en su falta de raza y celo. La estocada que tenía que haber sido la que dignificase al bravo toro 'Hechicero' de la víspera, despenó un jandilla de casta instrascendente por todo lo alto y de manera fulminante. Y eso sí que duele.

Ese segundo fue el único borrón de una corrida de Jandilla de gran equilibrio en la presentación y en los lotes. Tres cinqueños repartidos, la casta expresada de una forma o de otra. Variada de ideas y gestos hasta el punto de sembrar la incertidumbre y pedir hora al loquero. Jandillas para no darse coba, para doblar el espinazo o para aprovechar esas veinte arrancadas que, por ejemplo, presentó el primero de la tarde. Sin duda fue el más pacífico de los tres cinqueños que se lidiaron. Un toro castaño, hondo, cuajado por los cuatro costados y con dos agujas coronándolo. Buen tranco, temple y un punto de mansedumbre que acabó por imponerse ante el tostonaco que propinó un Padilla incapaz de acoplarse a su embestida. No fue su tarde. Es más, fue una tarde como para pensarse muchas cosas.

22 agosto 2014

#astenagusia14/ josé garrido logra una cima propia de figura del toreo

Por voluntad propia, creándose su propio hueco en la que tal vez, por rematada y apretada, es la mejor feria del calendario y puerto obligado para cualquiera que mande o quiera mandar en esto, el novillero extremeño José Garrido se citó con la historia, su propia historia, de la que apenas aún no ha escrito ni dos capítulos y recitó una mañana de toros al alcance sólo de los privilegiados. Con seis novillos de variada casta y expresión de El Parralejo en Bilbao, José Garrido subió una cima que solo alcanzan las privilegiadas figuras del toreo.

Porque es casi imposible cuajar una mañana así, bilbaína a más no poder, encapotada, fresca, sin viento y hasta con lluvia, y en la que el toreo se expresó con semejante suficiencia. Desde el minuto uno José Garrido, agarrado al piso, avanzó adelante siempre, según dictado del toreo y no escatimó un alamar en su objetivo. Total la entrega y la disposición. Al primero le tragó en faena a toma y daca, lo crujió por abajo y se puso por el izquierdo aún sabiendo que no lo iba a perdonar por ahí.

De la forma de parar a los toros de capa, a la riqueza de los comienzos, a la profundidad y ajuste de los muletazos. La tauromaquia de Garrido dio una lección de amplia gama ante una novillada de El Parralejo que desde la casta puso múltiples argumentos desde el bruto primero, el enrazado y bravo segundo de nombre 'Hostelero', que aunque en cada arranca su mugido era como un quejido, se recrecía conforme más despacio era el vuelo, pasando por ese quinto que sacó el temple más agradable para paladear el toreo que entonces brotó si ayuda en toda la faena, recordando al solo de José Tomás pluscuamperfecto de Nimes.

Fueron en total seis orejas. Una a primero, tercero, cuarto y sexto; y dos al quinto tras esa faena si ayuda, con la muleta natural sobre ambas manos, faena con los vuelos, airosa, con un naturales que fueron una brutalidad. Y no fueron más porque al segundo, El Parralejo más completo de la tarde, más a más y enrazado, lo pinchó.

Garrido toreó. Apenas se le fue una embestida por ceñir y embascar. Y lo hizo todo con pausa, si una carrera o aspaviento de más. Torería personal. Banderilleó sin demasiado acierto al quinto y al sexto, cuando el triunfo y la salida por la puerta grande ya estaba firmada, se fue a porta gayola.

José Garrido logró lo que muy pocos: Cuajar una tarde en solitario en su totalidad, sin fisura alguna.

#astenagusia14/ apabullante perera y un 'hechicero' de vuelta al ruedo

Mostrando 20140821_185634.jpgSalió el sol y Vista Alegre pegó un reventón con el cartel grande de la Semana Grande. Ponce, Juli y Perera con los garcigrandes y domingohernández. El casi casi lleno. Poco faltó. Cuatro huecos en la sombra y las coronillas de la galería. El tendido de sol, a parir. Ponce lo inventó, y volvió a rozar una vez más el triunfo esta feria, El Juli se estrenó en el ciclo entre aperreado y execesivo, sin acabar de redondear y Perera --ay, Perera-- simplemente estuvo apabullante. Insultante el temple, el sitio y la seguridad. No presentó una duda. Pluscuamperfecto salvo en los matices que diluyeron el triunfo rotundo, y cuando decimos rotundo es porque la tarde era de cuatro orejas y la sensación, de ser capaz de apoderarse de cualquier embestida que le apareciese por chiqueros.

Lo que apareció venía marcado con los hierros de Garcigrande (segundo y tercero) y Domingo Hernández. Una corrida de tres y tres, propia de figuras. Se vislumbraba que el conjunto no todo era selección del ganadero. Por hechuras, tipos y caras una mitad desentonaba, intentaba dar el pego y aparentar con carnes más rellenas y caras más discretas. Pero en fin, la corrida puntuó por dentro. De esperarla, de dejarla escurrir el bulto en el compromiso de la lidia, de ignorarla en el tercio de varas y ver por donde reflotaba la raza en el último tercio. A más hubo tres o cuatro toros. Era cosa de magos, ilusionistas y... ¡Hechiceros!

Hechicero fue vuelta al ruedo. Para la historia de la plaza de Bilbao. Castaño claro, chorreado. El tercero del día. Bien hecho. Con remate y bajo. Dudas de fuerza en los remos traseros. Un puyazo aparente, otro fingido, los cuartos traseros que le patinan. Surge ese tranco repentino en banderillas, el galope. Y Perera, seguro de su temple, confiado en la embestida, brindó. Se fue a los medios y armó la mundial en el comienzo, revolviéndose de toro a pie firme con los cambiados, las trincherillas o los de pecho. Ritmo en el galope de la embestida y pulso. Y así surgió el toreo en redondo. Perera, definitivamente, rey del temple, enganchando una embestida que se ceñía más y más conforme crecía la serie. Asentado el torero, y la casta brava que emergía de las profundides del toreo.

Perera vs. Hechicero, esto sí fue un mano a mano en pro de la Tauromaquia. Un mano a mano en cada tanda. A ver quién puede más. Y al tercer o cuarto muletazo se venía el toro pidiendo el carnet, recrecido en su bravura. Qué pulso. Cuántos vaivenes rematados por debajo de la pala del pitón y ligados por delante, por el mismo hocico. Y todo en los medios. Dos veces se quedó mirando al infinito de la querencia, pero siempre acabó volviendo. El de la Puebla del Prior había cuajado la faena que entablaba hilo directo con su mayo madrileño para completar la trilogía.

El público estaba con el torero y también con el toro. Perera le cambió los terrenos para matarlo. Error. Desechó el espacio donde había brotado y echado raíces todo. En esas, surgieron voces pidiendo el indulto. Las dudas, y al entrar a matar en terrenos que nunca quisó el toro, el acero hizo guardia. La vuelta al ruedo del toro fue un clamor. La de Perera fue de dientes apretados y mala leche.

 Pese a todo la cabeza se mantuvo en su sitio y al sexto, que anduvo también por el alambre de la falta de fuerzas, de la falta de raza, le administró su proverbial medicina y su muleta imantó aquelló en un espacio y fue levantando una faena en la que, ahora sí, indiscutiblemente, llevó la voz cantante. Más manejable el animal. Borrachera de corrientes circulares de las que, por ceñidas, saltaban chispas. No quedaba otra que enmendar lo anterior. Por eso vino el arrimón a poner la guinda. Perera se atornilló y cuando estuvo todo hecho se tiró a matar... y cayó un bajonazo. Matías González se mantuvo firme. Bilbao gozó del toreo, de un gran toro y de un torero en sazón como pocas veces, y además siguió siendo Bibao.

Pero claro, si a alguien le da por mentar el trofeo obtenido por El Juli y comparar la apabullante tarde de Perera, aquí algo no cuadra: la rotundidad del toreo. A El Juli le regalaron el trofeo del quinto, un ejemplar avacado, alto y suelto, que sin celo en los primeros tercios, acabó buscando por abajo las telas no sin esfuerzo e incluso arqueando el espinazo en la acción de embestir. El inicio de El Juli fue excelente. Mucho mando en sus doblones de inicio y prácticamente sin rectificar. Fue lo más templado y pausado de su labor, y pese a que el toro sacó cierta calidad, no se redondeó ninguna serie y del rosario de pases, muletazos buenos salieron contados por ambas manos. La estocada de efecto fulminante desató la petición que Matías atendió a la mínima.

Equivocó el fondo del segundo, un castaño veleto y cornipaso, al que Julián López quisó meter con celeridad en la muleta, sin abrile caminos, poniéndose de primeras en redondo en clara apuesta ante la que el toro se afligió rápido. En la primera tanda perdió las manos hasta tres veces.

Ponce fue a favor de las virtudes que presentó su lote. La movilidad de su primero la administró con tiempos y despaciosidad. Apretó cuando la faena lo necesitó y ligó al natural una embestida de la que había que tirar sin brusquedades. Al contrario, naturalidad y temple. Ponce revistió su labor, llenó los espacios y el toreo lo hizo evidente, mostrándolo y señalando las virtudes escasas de un animal que en el arrastre llegó a ser ovacionado. Mérito poncista.

Sin duda este Enrique Ponce es incansable y pocos gestos le valen para acabar cuajando un toro o al menos intentarlo. Del cuarto le pareció suficiente que se fuera a los vuelos de las telas cuando la manejaba él mismo. En cambio a Jocho se le metió por adentro. Qué cosas. Ponce lo brindó, buscó las salidas, pero su ritmo cansino, la forma de soltar la cara y la falta de raza acabaron con su feria.

21 agosto 2014

#astenagusia14/ la sencillez del toreo no compite

Era un mano a mano el Morante vs. Manzanares sin argumentos que lo provocasen. Es más, la víspera con el pata a mano entre Hermoso y Ponce hubo una mayor concurrencia interesada en los tendidos. Eso lo dice todo. Luego faltó la competencia mínima exigible a semejante cartel. Al ecuador, el resultado era tremebundo. Ya cuando el festejo llevaba media en lo alto se provocó un forzado tercio de quites para darle un poco de color al cotarro: en el quinto. Pero fue tan poco original que no se salieron de las chicuelinas. Airosas, como fingidas, las de Manzanares; barroquizadas, marca de la casa, las de Morante. Dijo el de La Puebla en la constestación, vas a ver tú. Y le enmendó la plana al discurso por chicuelo despegado del alicantino. En la media ya hubo discusión: enroscando los vuelos contestó Morante a otra ajustada, seca y media de verdad, con la pata adelante de Manzanares. Según el directo, me quedo con la de Josemari. Con eso y con su estocada al cuarto. En todo lo demás dio pena.

Morante, en cambio, hizo el toreo en cuanto tuvo ocasión y por poco lo canonizan. Y es que el toreo hecho con sencillez no compite. Se disfruta.

Pero quien se llevó el lote fue José María Manzanares. De tres, los tres le embistieron. Un figura del toreo de verdad habría puesto Vista Alegre del revés. Como poco era para cinco orejas el lote. Su primero, una raspa todo bondad, se vino siempre con gran inercia, abriéndose una barbaridad, repitiendo sin necesidad tocarle con las telas ni alzándole la voz. Y Manzanares se dedicó a destorear. Sin cargar la suerte, ni trayéndose la embestida toreada ni mucho menos rematando un solo muletazo atrás, en la cadera. Para fuera, trazo periférico, pierna retrasada y el tíovivo a todo trapo. La muleta a una velocidad y el toro, el bendito 'Jarandero' de Cuvillo, a otra y sin chistar ni hacer el mínimo extraño. Hasta el público de paso se dio cuenta de que ahí faltaba algo: el toreo, ni más ni menos. "Pero si el toro se torea solo", dijo uno tan experto en tauromquia como en física cuántica.

El cuarto de la tarde, con un ramalazo considerable de mansedumbre, tuvo un excelente tranco. Se venía con todo. Arrancaba de lejos y bonito, con expresión. Toro para esperarle, sujetarle y darle esa confianza que mostraba su galope. Mejor el inicio que el remate, que ya era cosa del temple y mando del matador. Como se dice ahora, tenía peor final de embestida y tampoco tuvo matador que se lo corrigiese y/o mejorase. El primer muletazo para torear en redondo ya fue a la contra: con el toro en los medios y el torero en las rayas. Para ver si así se rajaba antes viendo las tablas. No lo hizo entonces. Manzanares obró a la contra de las virtudes del animal. Si el toro se expresaba en una distancia media o larga, Manzanres le recortó los espacios. A menos espacio, más brusca la arrancada, más desclasada la embetida, menos expresivo el muletazo, casi siempre de alivio, casi nunca de compromiso y así hasta que al final dijo el animal, ahí te quedas.

Más comprometido le hizo el toreo al sexto. Sobre la diestra, tragándole en series cortas, muleta muy baja. Y apreturas. Sacó raza el Cuvillo y varias veces al tercer o cuarto muletazo le ganó la acción al alicantino, que esta vez marró en la suerte de recibir. Tarde preocupante la de Manzanares. Muy alejado casi todo cuanto hizo de lo que es el bien torear. Y materia tuvo.

Porque al final, la deslabazada corrida de Núñez del Cuvillo, tuvo buen fondo y sacó excesivas facilidades, tantas como para que cualquier figura del toreo se pegase un festín. Sobre todo el completo lote de los pares. En los impares faltó boyantía y cierto poder. Y en el caso del primero, también hechuras. Muy apretado, como encogido, sin cuello y algo montado, sin descolgar. Debió ser el propio Morante el único que confiase en él lo más mínimo. Y con pulso y paciencia se puso por ambas manos, sin exageraciones. Y así le fue sacando los muletazos y hasta en alguno sobre la zurda se le llegó a resbalar por abajo, pero en general no quiso y sólo descolgó de verdad cuando olió la muerte entre sus pezuñas.

El jabonero 'Idílico' fue blando y Morante se estrelló. Su disposición quedó guardada para el quinto. El forzado tercio de quites animó el cotarro. Por alto, en ayudados le dio aire y a partir de ahí compuso una clarividente faena sin exgeraciones ni aspavientos. No hubo nada más de especial, nada más que toreo. Temple, firmeza, ajuste y naturalidad. El toreo. En las rayas, el compás recogido, la cintura engrasada, y la embestida por los muslos. El toreo reunido. Morante sin arrebatos, sino metido y ensimismado. Hundido sobre los talones y los riñones. Resulta tan fácil explicarlo, tan difícil de ver, como tan evidente si pretendemos comparar. Pero con la sencillez del toreo no se compite. Basta con paladearla y así hasta la muerte del toro fue bella y en ella se mostró la bravura fija y entregada a las caricias de Morante.


29 mayo 2014

toros en bilbao: carteles corridas generales aste nagusia 2014

Del 16 al 24 de agosto. Un año más las Corridas Generales de Bilbao se reivindican como la gran feria. Enrique Ponce un año más se erige en gran protagonista haciendo doblete y citándose con el que será el su victorino número 50 en su carrera. Además, una mano a mano entre Morante y Manzanares, el doblete de Fandiño, El Juli o Perera. Esa cita de Juli y Fandiño con la de La Quinta, la encerrona de José Garrido con seis novillos de El Parralejo en horario matinal. Y el remate con la de Victorino Martín. No está Alejandro Talavante. Tampoco Castella.



Estos son los carteles:


- Sábado, 16 de Agosto. Rejones. Sánchez y Sánchez para Andy Cartagena, Diego Ventura y Leonardo Hernanfez

- Domingo, 17 de Agosto. Fuente Ymbro para Manuel Escribano, Alberto Aguilar y Jiménez Fortes.

-  Lunes, 18 de Agosto. Toros de Alcurrucén para Paco Ureña, Joselito Adame y Juan del Álamo.

- Martes, 19 de Agosto. Mano a mano Hermoso de Mendoza y Enrique Ponce, en el que ambos mataran un toro deVictorino Martín.

- Miércoles, 20 de Agosto. Toros de Núñez del Cuvillo para Morante de la Puebla y José María Manzanares mano a mano.

-  Jueves, 21 de Agosto. Toros de Garcigrande para Enrique Ponce, El Juli y Miguel Ángel Perera.

- Viernes, 22 de Agosto (matinal). El novillero José Garrido en solitario con seis novillos de El Parralejo.

- Viernes, 22 de Agosto. Toros de Jandilla para Juan José Padilla, Iván Fandiño y Miguel Ángel Perera.

- Sábado, 23 de Agosto. Toros de la Quinta para Antonio Ferrera, El Juli e Iván Fandiño.

- Domingo, 24 de Agosto. Toros de Victorino Martín para El Cid, Luis Bolívar y Diego Urdiales.


Y además...








Este es el cartel:

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