06 octubre 2015

'de la literatura considerada como una tauromaquia', by michel leiris


"Leiris, etnógrafo, poeta y autobiógrafo, cuyas preocupaciones para  el lenguaje no encontraron al gran público, sin embargo es considerado en Francia como un  escritor de primera categoría. Entre todos los autores que abordaron la tauromaquia, fue el  único en haberlo hecho bajo todos sus ángulos, en una gran disparidad de escritos de entre los  c uales no nombraré sino los más famosos : las series de poemas :  Abanico para los toros (1939) y  Tauromaquias  (Tauromachies ), el ensayo inevitable para quien quiere pensar la  corrida :  Espejo de la tauromaquia  (Miroir de la tauromachie,  1938), o también el  texto teórico :  De la literatura considerada como una tauromaquia  (De la littérature considérée comme une  tauromachie,  1935 y 1946)."

http://ecx.images-amazon.com/images/I/91R5YbSDYUL.jpgun problema lo atormentaba, le provocaba mala conciencia y le impedía escribir: eso que acaece en el dominio de la escritura ¿no resulta, acaso, despojado de valor si se queda en lo "estético", lo anodino y falto de sanción? ¿No hay en el hecho de escribir una obra nada que sea un equivalente (y aquí interviene una de las imágenes más caras al autor) de lo que es, para el torero, el cuerno acerado del toro, lo único que confiere —por la amenaza material que encierra— una realidad humana a su arte y le impide ser otra cosa que la fútil gracia de una bailarina?

Poner al descubierto ciertas obsesiones de orden sentimental o sexual; confesar públicamente algunas de las deficiencias o cobardías que más le avergüenzan: tal ha sido, para el autor, el medio —sin duda grosero, pero que él entrega a los demás con la esperanza de verlo mejorado— de introducir aunque sólo fuera la sombra de un cuerno de toro en una obra literaria.

(...)

Yo evocaba, pues, cuernos de toro. Apenas me resignaba a no ser más que un literato. Lo que me maravillaba, lo que quería, era ser el matador que extrae del peligro corrido la ocasión de ser más brillante que nunca y exhibe toda la calidad de su estilo cuanto más amenazado se encuentra.

(...)

el matador que parece arriesgar el todo por el todo cuida su estilo y confía en su sagacidad técnica para triunfar del peligro. 

No obstante, para el torero existe amenaza real de muerte, cosa que jamás existirá para el artista sino de un modo exterior a su arte.  

(...)

Hacer un libro que fuera un acto es, en suma, el propósito que se me presentó como el que debía perseguir al escribir L'Age d'Homme. Acto en relación a mí mismo (...) Acto en relación a los demás, puesto que era evidente que, a pesar de mis precauciones oratorias, ya no sería visto por ellos como antes de la publicación dé esta confesión. Acto, en fin, en el plano literario, que consiste en mostrar el reverso de las cartas.

(...)

Volviéndome hacia el torero, observo que también para él existen tanto la regla que no puede infringir como la autenticidad, puesto que la tragedia que representa es una tragedia real, en la que derrama sangre y arriesga su propia piel. La cuestión consiste en saber si, en estas condiciones, la relación que establezco entre su autenticidad y la mía no reposa en un simple juego de palabras.

(...)

De un modo general, puede decirse que la regla tauromáquica persigue una finalidad esencial: además de obligar al hombre a exponerse seriamente al peligro (armándolo, al mismo tiempo, de una técnica indispensable), a no deshacerse de cualquier modo de su adversario, impide que el combate sea una simple carnicería. Tan puntillosa como un ritual, presenta un aspecto táctico (poner al animal en condiciones de recibir la estocada, sin haberlo fatigado, no obstante, más de lo necesario), pero también un aspecto estético: su actitud tendrá esa arrogancia sólo en la medida en que el hombre "se perfile" como es debido en el momento de dar su estocada; y también sólo en la medida en que sus pies permanezcan inmóviles durante el transcurso de una serie de pases, exactamente ejecutados, con la capa moviéndose lentamente, formará con el animal ese compuesto prestigioso en que hombre, paño y pesada masa dotada de cuernos parecen unidos unos a otros por obra de un juego de influencias recíprocas. Todo contribuye, en suma, a imprimir carácter escultural al enfrentamiento del toro y del torero.

(El texto completo: aquí y la introducción, de este otro texto)