19 octubre 2015

la realidad tras esa cortina de humo que una polémica presidencial es capaz de ocultar

Unos minutos después de las broncas y el desprecio a la oreja que había pedido el público, que qué menos que recogerla y no dejar plantado al alguacil, Talavante y Simón Casas sonreían abiertamente. El plan les había salido perfecto en medio de la sinrazón. Menos mal: esa era la realidad. Uno toro al menos, de los tres traídos bajo el brazo, había servido; vamos, que fue bravo de verdad, y permitió el faenón y la felicidad. ¿De dos orejas? Pues no. Una muy fuerte y ya. Lo demás quedó en manos de un público festivo.


Y ahora, como hablar de toreo, de toros, de matices y profundidades es demasiado enrevesado, hablamos de orejas de más y de menos. Al final, todo esto da más de sí que una mera puerta grande. Da para largar y marear la perdiz un rato largo. Y al final, en vez de a emocionarse del toreo, uno va a las plazas de toros a pedir cuantas más orejas mejor. Y así nos va, que nos mojan la oreja por todas partes.

Pero lo que de verdad nos importa: ¿Talavante en Fallas una tarde o dos?