30 mayo 2016

el bravísimo 'camarín' corona un corridón de toros de ibanes en madrid

Fotos :: Juan Pelegrín

Un corridón de toro, toros, con el hierro de los herederos de Baltasar Ibán se lidió en Madrid un domingo de resaca champioñera (de Champions). Vaya. Corridón por seriedad, variedad, importancia. Casta, raza y poder. Personalidad y diferencia. De seis, cinco toros y pico. Exigentes. Exigiendo mando y temple. El primero sin exceso de fuerza, el tercero, el cuarto en complicado, el quinto por la forma de ir a más y de rajarse... porque todo forma parte del misterio de la casta brava. Y el segundo, 'Camarín' 37 por bravísimo desde el minuto uno. A cada estímulo una arrancada y una embestida nada fácil. Una fijeza y seriedad irreprochable. Un toro bravo para coronar lo que es (por contenido encastado) un corridón de toros.




BARQUERITO:

"Para el segundo, negro listón, se pidió con fuerza la vuelta al ruedo. Las razones del toro: su formidable pero templado galope de salida, su pelea inconfundible de bravo en dos puyazos –muy severo, larguísimo el primero, de pelear de verdad el segundo-, la prontitud y el son de sus ataques en la muleta, con nota sobresaliente para su empleo por la mano izquierda. En corto, en distancia, al toque y al retoque: en todos modos y toda parte quiso el toro, ligeramente rebrincado en los momentos más revolucionados de una faena de Alberto Aguilar de mucha resolución, parecída entrega, un punto de electricidad, mucho aguante y agallas para resistir a pesar de un viento taimado. Soltando el engaño, una estocada sin puntilla."

 

 CARLOS ILIÁN:

"Ayer salió una corrida que mantuvo a las cuadrillas con los cinco sentidos y al público pendiente del ruedo. El según toro, Camarín, fue un ciclón que Alberto Aguilar soportó con estoicismo y muleteó con más vibración que reposo, pero dando la cara. Cortó una oreja que no seré yo quien se la discuta. Fue cogido abruptamente en el quinto, un toro que al final se rajó."


ZABALA DE LA SERNA:

"La casta de Ibán vino a reivindicarla Camarín. De armónicas líneas, bajo, chato, de morrillo astracanado y seria expresión. A todo tren puso sus 560 kilos de salida. Vibrantes verónicas de poder de Alberto Aguilar, ganadoras de terreno, un paso siempre por delante de la trepidante repetición de Camarín. Nota para una segunda vara en largo del toro; el primer puyazo corrido notablemente agarrado por Juan Carlos Sánchez. Quedó la parroquia con ganas de un tercer encuentro. Entre tanto, Alberto quitó por tafalleras, un farol invertido y un airoso remate.
Aguilar brindó al público con esperanzas. Los doblones de castigo trataron de ahormar a Camarín, que saltaba por encima de los muslos del torero y descolgaba con ambición de muleta. Su bravura marcó un ritmo bárbaro en aquellas dos series de un bravo Aguilar. Impactó a la gente hasta entonces el toro y desde entonces fue otra cosa. Exactamente desde el paso por la izquierda. Como si lo hubiera dado todo. Alberto Aguilar lo comprobó en su regreso a la derecha -la embestida ya no se iba de la suerte- y estuvo listo para darle a la faena la medida exacta y atacar la muerte de frente: del volapié salió colgado de un pitón. La espada en lo alto. Y la gente emocionada. Unos con el torero, otros con el toro. Y el cronista valorando los méritos contraídos de uno y otro con la emoción contenida. Paseó Aguilar una oreja."



ANTONIO LORCA:

"Camarín embistió con fiereza al capote que le presentó Aguilar, quien consiguió una verónicas tan apasionadas como jaleadas. Acudió de largo al caballo y empujó al peto en primera instancia, aunque se aburrió y prefirió aliviarse con un solo pitón; tardeó, pero volvió a obedecer otra vez el cite del piquero, también a varios metros de distancia, pero no recibió más que un picotazo. Persiguió con alegría en banderillas, y llegó a la muleta con resuello y vida, y repitió la embestida con encastada nobleza en las tres primeras tandas por el lado derecho, bajó el tono cuando el torero tomó la zurda y se resintió del esfuerzo en los redondos finales."


PATRICIA NAVARRO:

Un explosivo Ibán que fue dos veces al caballo y lo hizo desde lejos y con entrega y ocurrió después que llegó a la muleta con una acometividad extraordinaria, todo motor, furia. Bravo el toro. Una catarsis de embestida que le hizo caballo ganador y casi de manera exclusiva. La faena de Alberto Aguilar fue de más a menos, también el gas del toro, que según avanzó el trasteo le costó más distanciarse de la muleta, moría antes su embestida, y Aguilar se le afeó la faena también entre el viento y la falta de temple. Una cosa lleva a la otra.