28 septiembre 2016

el everest de repente en algemesí (crónica de la quinta de #bousalgemesí16)

A veces alcanzar el toreo supone subir por la cara noroeste el mismísimo Everest. De repente el cuadrilátero de Algemesí era la misma cima. Imposible y quimérica. El toreo también es eso: es sueño. Y un quite por chicuelinas desbaratado de repente te enfrenta a la cuesta más empinada. Con todos sus miedos y fríos. Sobreponerse y avanzar, como a oscuras a veces, pero avanzar. Y que eso importe bien poco a los allí reunidos. La procesión va por dentro y el ruido y la juerga por fuera, por las calles y los cadafales. Nunca estuvieron tan lejos esos dos metros y pico de distancia del albero a la primera fila de tendido. Allí, la pasión caliente; abajo, el frío desgarrador, las bocas secas y la soledad que se deben sentir en el camino a la cima del Everest, que de repente se había instalado en la plaza Mayor de Algemesí para los que iban vestidos con la sinceridad del traje de luces.

Como dice la canción de McEnroe: "hoy voy a escalarte por la cara noroeste para intentar esta vez no caerme". Algo así es el toreo, vaya. Asumir la dificultad y no caer. Mantenerse más firme que la mar y no sucumbir a las rampas que disponen todas y cada una de las embestidas en la mente y en la realidad. En las carreras incipientes todo se ve más claro, vaya que sí: El esfuerzo desnudo.

Santiago Sevilla, de la Escuela Taurina de València, hizo el esfuerzo. Titánico y tan interno que apenas nadie más debió darse cuenta. Un primer quite lo desbordó y partir de entonces no le quedó otra que escalar. Desde detrás del burladero, solo salir al ruedo se le debía antojar el propio Everest lleno de dudas, oscuridad e incertidumbre. Pero dijo allá voy y al primer revés reaccionó con raza. Y siguió. No fue la tarde de su vida, sino una importantísima lección de vida más. Por eso, qué mérito tiene cualquiera que se viste de torero.

Los cuatro erales de Daniel Ramos que se lidiaron en la segunda novillada sin picadores de la Setmana de Bous tuvieron muchas virtudes y escasos defectos, aunque tercero y cuarto se pusieron algo ariscos de salida en los primeros tercios. Bien rematados, pero sin exageraciones ni asustar a nadie. Solo falló el pitón derecho del primero para hacer pleno. Porque salvo ese que solo destacó de manera fenomenal por la mano zurda, el resto tuvieron los dos pitones para entenderlos, templarlos y hacer virguerías. El Jareño y Sevilla estuvieron por debajo.


Pedro José Aguilar 'El Jareño', de la ET de Málaga, estuvo voluntarioso e intermitente con el primero. 'Aguaseca' planeó por el izquierdo y duró una eternidad. Dio la vuelta al ruedo con éste y al tercero le cortó una oreja. Un novillo que humilló una enormidad de salida en las telas y burladeros, pero complicó la vida a todos arreando sin fijeza alguna en plan manso. 'Otoñado', negro bragado, se pegó múltiples carreras con tantas telas de por medio. Pero cuando se quedó solo se fijó pronto y a partir de ahí lo que hizo fue humillar más y más. Poderoso, resolutivo y capaz se mostró ahí el torero. Tuvo emoción, clase y entrega el novillo. Encastado y con ese punto de carácter que sacó cuando El Jareño se puso circularista. Voltereta fea, como un arreón más del manso. Una oreja para el chaval.

Con el segundo Santiago Sevilla subió particular Everest. Él no estaba anunciado en primer momento, sino que sustituía a Alejandro Contreras, quien hace un par de meses tomó la decisión de dejar la aventura de ser torero antes de que se hiciese demasiado tarde. La nobleza y calidad del eral de Daniel Ramos fue para enmarcar. Por ambos pitones embistió a granel con clase y largura. 'Bonito' además lo era. Duró una eternidad y Santiago Sevilla dio cantidad de muletazos. Templado en el incio por abajo. Llegó una voltereta seca. Reaccionó con carácter. Mente vs. corazón. Al entrar a matar sufrió otra cogida sin consecuencias y enterró la espada. No hubo trofeo, pero sí una lección en la misma cima.

'Millonario' fue el cuarto. Complicado en el inicio. Se paró y comenzó a medir muy pronto. Exigiendo que le llegasen con las telas. Pero al final predominó la nobleza como virtud, la humillación también y dejó estar, abriéndose cantidad en las telas. Santiago Sevilla hizo una faena larga otras vez, con muletazos unos mejores que otros, e intentó cerrar en la suerte de recibir, pero necesitó de tres entradas al final.

Repito: qué mérito todos los que se visten de torero. Hoy alguno subió el crudo Everest y otros estaban de fiesta. El toreo.