01 agosto 2013

un hilo del toreo según antonio corbacho

Ha muerto Antonio Corbacho. Poco que decir de un tipo que no siguió ninguna regla establecida más que la suya propia y la del toreo. Como escribe Álvaro Acevedo, para qué decir, si ya lo dirán otros con los cuatro tópicos.

Al enterarme lo primero que se me ha venido a la cabeza ha sido: "Antonio Corbacho. Descanse en paz. Filósofo y auténtico visionario del toreo. Padre de un concepto siempre unido a la verdad."

Creo que la única vez que crucé una palabra con él fue el 23 de julio de 2011, el día de la reaparición de José Tomás en València tras la cogida de Aguascalientes. Antes de que empezase todo el tumulto, ahí estaba él de riguroso negro sentado en la terraza de una cafetería de la calle Colón, a escasos 200 metros de la plaza de toros de València. Sin poder evitar observale desde un cacho antes, al pasar por su lado me salió un "suerte, Antonio". "Gracias", respondió.

Los amigos que me acompañaban me preguntaron, y éste quién es. Para entendernos, les solté: quien hizo a la bestia. Lo siento, pero caí en el tópico.

Ese día, al rato, Corbacho saltaba al ruedo. Uno de El Pilar le había dado tal hostia a José Tomás como para partirlo en dos.

 
Lo cierto es que desde el impacto José Tomás (97-98-99) hay un hilo del toreo que he seguido casi sin darme cuenta y que lleva el sello Corbacho. Me quedé esperando a Sergio Aguilar. De novillero guardo varias crónicas escritas por Joaquín Vidal y lo vi presentarse en València en una nocturna del mes de agosto cuando la temporada en València todavía existía. De butano si no recuerdo mal. Acabó con varias volteretas y una hombrera rota, arrancada de vestido. Y de sus tardes, cogidas y actitud de torero en Madrid todavía de novillero tengo el recuerdo perenne.

Luego apareció Talavante. Con ese arranque fulgurante. La sorpresa de novillero, el triunfo en València y la obligación de ir a verlo a confirmar a Madrid un domingo de Pascua. Hasta a Esaú Fernández le vi de forma clara ese don temple a partir del que Corbacho poco después quiso hacer de las suyas, como contaba en el repor de Chapu Apaolaza, 'El samurai del toreo'.

 Y por último no hace falta que diga que a Ritter también lo comprendí nada más verlo.

Sin haber cruzado más que dos palabras, el toreo según Corbacho me ha calado. De alguna manera. De forma casi inconsciente. Y te das cuenta ahora, cuando quieres decir algo y huir del tópico.

"Suerte, Antonio".