21 junio 2014

#fogueres14/ el compromiso de fandiño


 Cuando la Tauromaquia sale de los grandes escenarios, se relajan la entrega y la verdad del toreo. Ya decía Ordóñez algo así, que hay que estar dispuesto a morir seis o siete tardes al año, y que por lo tanto las 20, 30 o 40 restantes, se supone --porque de esto ya no dijo nada Ordoñez--, ya se afrontaban con menos apreturas. Todo normal hasta aquí. Luego ya hay toreros que son capaces de pisar determinado sitio tarde sí y tarde también, y afrontar cada paseíllo con idéntico o parecido compromiso. No hace falta dar nombres de esa breve lista en la actualidad. El caso es que Iván Fandiño hizo eso en la primera corrida de Fogueres 2014 de Alicante. Cuando la tarde estaba para pipas, el toreo era un mero 'pasa-toro' sin rigor estético ni argumental y el triunfo en el ruedo se antojaba una excusa más para la juerga del personal, llegó Fandiño con su verdad, la del toreo, y dio sentido a la tarde y a la raza que escondía una corrida de Alcurrucén de epidermis mansota y que contó con un ejemplar, el que abrió plaza, enfermo, que ni ganaderos primero ni veterinarios después debieron permitir que saltase al ruedo. Asomó el pañuelo verde y la tarde, televisada y todo, arrancó peor imposible. Pero se remontó aquello, embistieron varios toros, Padilla puso todo su corazón sobre la arena e Iván Fandiño cuajó una tarde redonda en la que, por encima de los premios (dos orejas que puedieron ser cuatro), quedó su compromiso con la verdad del toreo.

También, por cierto, habrá que darle las gracias a las cámaras de televisión, porque más allá de los dos tercios de aforo cubiertos (algo más de 7.000 personas, oiga), la tele empujó a mejor al propio espectáculo, aunque probablemente Fandiño se habría pasado igual de cerca las embestidas y el mando impreso en su muleta no habría bajado un ápice en el día en el que, además, se presentaba en Alicante.

Corrida en tipo y con presencia sobrada para la millor terreta del món. El lote de Fandiño muy en alcurrucén, uno por castaño de pitón blanco y en engatilladito, y el otro por negro, largo, corto de manos, algo montado y silleto. De salida le exigieron un tramo más a las telas, porque tendían a quedarse. Más efusiva la faena al primero, ese castaño de nombre 'Licenciado', desde el inicio agarrado y por alto, ya clásico en el repertorio de Iván de Orduña. La firmeza y el temple, el aguante para tirar y reunir, ligar, las embestidas en una muleta llena de toro, siempre hacia adentro. La manoletinas y un espadazo monumental. Dos orejas.

La faena al sexto tuvo, sobre todo, toreo. Profundo y mandón, embraguetado. No venía metido en la telas el tal 'Martinete', te pegaba un par de regates si no venía enganchado desde adelante. Ahí estuvo el mérito de Fandiño. Sujetar y comandar la embestida, esa cara de inercia suelta. Serie de cinco y seis muletazos en redondo de enorme mérito. Muy entregado el torero. La suerta cargada. Y el toreo al natural con los vuelos. Le faltó tal vez dar un par de segundos entre muletazos, aunque fuera solo para recrearse más en la suerte. Pero mucho toreo de reció argumento derrochó Fandiño. Iba para dos orejas más, pero se complicó todo al entra a matar, los pitones buscando la faja, sin dejar pasar. Se esfumó el triunfo total, quedó el toreo.

Padilla le arracó otras dos orejas al cuarto por poner en marcha el ciclón con todas las de la ley. Más allá de las banderillas, que no acaba de disfrutar, fue un inicio de faena con las dos rodillas en suelo, saliéndose con el toro con pases por alto hasta casi los medios y en indéntica postura, ligar una serie en redondo que no encontraba su fin. El efecto fue de auténtico terremoto. Había pasado el ciclón. La faena matuvo el interés sin mayores efectos hasta que volvieron los desplantes espartaquistas y, al final, una enorme estocada en los mismos medios. El pueblo estaba feliz.

El jerezano exprimió con toreo bullanguero la falta de raza del primero bis y Sebastián Castella no pudo unirse a la fiesta. Solo una oreja de escaso peso al segundo, muy bajo de raza. Del quinto, inválido, nada.

Al final, triunfalismo a la alicantina en una tarde que contuvo argumentos que beneficiaron al toreo.