23 abril 2015

feria de abril 2015/ 'flechillo' no quiso jugar a la juampedrada


 Polémica con el abreplaza. La historia no era para él. Al corral. José Garrido recibió cual matador de toros hecho y derecho al tal Fariseo de Juan Pedro Domecq, que será el nombre a recordar y que en principio estaba reseñado como sobrero. Mecido el toreo a la verónica, media de remate con las rodillas en el suelo. Un quite de ajuste por chicuelo, versión mano baja. A la larga de remate respondió con un hachazo el toro para derribar a Garrido.

Sin celo Fariseo. La hechura de matador de Garrido responde fácil. Claridad y ganas de exponer. Más allá de la disposición y el ajuste, poca más historia. Estocada de excelente ejecución, aunque perdiendo la muleta. Ovación en el toro del doctorado de José Garrido.

La sosería del segundo no le permitió a Ponce ni imaginar faena. Lo mejor, la facilidad con la que tumbó al bicho.

Castella y su temple. Al colorado 'Embajador' sino le construyó faena bella, sí fue ordenada, justa, medida, armónica. De mando y aplomo. De ganar el paso cuando había que hacerlo, de esperar cuando tocaba esperar, de engachar con los vuelos y hacerlo todo despacio. Ni medio tirón. Cada serie era una agradable sorpresa. Todas menos una fueron sobre la diestra. Otra cosa es que los señores de la banda se enterasen. Muy claro lo vio Sebastián Castella siempre. Y cuando llegó el momento se dejó llegar los pitones para acabar de imponerse. Hacía rato que la claridad de Castella con el toro era para presumir premio, pero la espada se negó pinchando feo.

Lo de Ponce y Sevilla alguien dijo que no puede ser y sigue sin salirle un toro embistiendo de verdad. Y así, al parladé feo e impresentable que hizo cuarto, lo echaron al corral por inválido y en su lugar salió un Amante de El Pilar que se sostenía con dificultades. Ponce hizo de enfermero, le ofreció todas las ventajas para embestir. Sino era en la corta distancia, en la larga, dejándole arrancarse, sin quitarle la tela de la cara, sacando faena donde parecía no haber nada. Un misterio la infinita capacidad de Ponce. Hasta las complicaciones de toro rajado y descastado para matarlo las salvó Ponce con fácil maestría.

El quinto remató la juampedrada rajándose sin contemplaciones, buscando los chiqueros, tras un inicio propio de Castella con el cambiado por la espalda y un par de tandas por las que se fue esfumando la raza.

José Garrido, que se había colado en el tercero para quitar por gaoneras y en el quinto por verónicas con buena media para no acusar en el ánimo la juampedrada, se encontró con el animal que se empeñó en llevar la contraria a la tarde y puso la raza que no apareció en las más de dos horas y media anteriores. Hasta las tres horas se alargaría. Menos mal que en los últimos minutos se maquilló aquello.

Fotos :: La Maestranza

Tumbó al piquero, fijo en el segundo y arreando en banderillas. Y a la tercera tanda, Flechillo, que así se llamaba el toro de JP que no quería jugar a la juampedrada, empujó de pura raza tras la muleta. Genio y casta revolviéndose con presteza, exigiendo al novato Garrido una enormidad. El salto al toro debe(ría) ser esto.

Las primeras tandas tuvieron emoción sobre la diestra, por la zurda ganó el toro de todas todas. Y acabó quitándole el aire a Garrido, que siempre tenía al tal Flechillo al acecho, quedándose encima. Atragantón con más corazón que cabeza por manoletinas. Lo cazó con la espada a la primera. Vuelta al ruedo tras petición.