18 abril 2016

la diferencia de los miuras

El pulso de los Miuras no fue para tanto, pero fue, como siempre, diferente. Salvo por el último, hubo tensión. El noblón cuarto, que le permite a Rafaelillo gustarse mientras tragaba, por sus formas, parecía no ir metido. Tampoco perdonaba el menor descuido. De enganchar, la embestida grandota a la altura del palillo y ese ritmo, que sí, que era propio de otros encastes. Pero lo que pasaba por faja era uno de Miura. Rafaelillo estuvo hecho un tío. Fue día de Rafas: Nadal y Rubio. La estocada y el premio merecidísimo. Orejón.


Javier Castaño con el paseíllo ya se convirtió en triunfador absoluto de la Feria de Abril. Ser torero es una mena de capacidad infinita para sufrir y gozar. Miedo y felicidad. Esa capacidad de citar al imposible. El espadazo al segundo intento a su primero es de libro y de premio. Con el quinto, después, demuestra que no es preciso aflamencarse para torear. Que se puede torear sin torear bonito. Faena de amplios matices en las que una muleta templada tapó los peligros. Tremendo mérito y esfuerzo. Qué torero.



Manuel Escribano dejó claro una tarde más el sitio de privilegio que ocupa. Su facilidad para cogerle el aire a cualquier embestida. Su temple marca diferencia en el escalafón. Tuvo el lote de menos transmisión. La larga cambiada a porta gayola, el manojo de verónicas auténticas, las medias y la música sonando fue su gran momento ayer. Pero su feria pasa a la historia unida a 'Cobradiezmos', algo que está a la altura de muy pocos.