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16 marzo 2017

"la humanización de las mascotas"

Hoy en El País, con motivo de la inauguración de Iberzoo y Propet en Ifema. El titular dice: "El sector de las mascotas factura en España más de 1.000 millones" y del secto se extrae la siguiente conclusión:

Hoy animal es = a animal doméstico = a mascota = humanización de las mascotas

"Lo que estamos viendo es el crecimiento del fenómeno de la humanización de las mascotas; todo lo que queremos para los humanos lo estamos viendo en los animales domésticos. Por ejemplo, hace 10 años, los perros comían pienso y ya está. Pero los perros vienen del lobo y son naturalmente carnívoros, así que hay una tendencia en el sector de la alimentación en reducir el uso de cereales (que son antinaturales en su dieta) y fomentar un mayor consumo de carne".

Esta humanización, según Ferrer, no se limita a la dieta. "La cosmética para animales era algo prácticamente inexistente antes de la crisis: como mucho un champú para perros, por higiene", recuerda. "Ahora han crecido otros productos como colorantes. Al final está creciendo el negocio de cosas algo chocantes, como la ropa para animales. En España no es muy importante porque hace mucho calor, pero es un mercado que está creciendo".

21 octubre 2016

dos artículos, un tuit y algunas portadas a raíz de la sentencia del tc que anula la prohibición de los toros en catalunya



Escribe Joaquín Luna en La Vanguardia:

Los toros no volverán a Catalunya: la industria de “la desconexión” no tiene fuerza para declarar una independencia unilateral pero le sobran medios, propagandistas e histrionismo para impedir que algunos catalanes puedan volver –o no– a la Monumental de Barcelona, cerrada desde 2011 por decisión ajustada del Parlament (68 votos a favor, 55 en contra y 9 abstenciones). El mismo Parlament que en un alarde de hipocresía no sólo no prohibió los correbous sino que los “blindó” para no soliviantar a los catalanes de las tierras del Ebro (por favor: basta ya de milongas sobre si no matan a los toros, que ya somos mayorcitos).
Y no volverán los toros a Catalunya porque, de entrada, las fuerzas vivas de la desconexión están llevando a cabo una campaña de amenazas e intimidaciones al grupo Balañá para que no se atrevan a reabrir una plaza donde se desarrollaba un espectáculo privado sin subvenciones públicas. ¿Sicilia?
Tampoco volverán porque el proceso no se puede permitir que cuatros gatos regresemos a los tendidos de la Monumental. ¿Tan grave sería? ¿Tan débil es el soberanismo que no puede aceptar una decisión de cajón: el Tribunal Constitucional sólo recuerda que el Parlament tiene competencias para regular los espectáculos pero no prohibirlos? Y no volverá porque el lobby de Anima Naturalis –financiado con fondos de fundaciones suizas al servicio de los intereses de multinacionales pujantes– ya se encargará de reactivar el “negocio”: un millón de ciudadanos votaron PACMA en las últimas elecciones al Senado, lo que alimenta el objetivo de crear una Seguridad Social y unos órganos judiciales en España para los animales (y no es coña marinera).


Zabala de la Serna en El Mundo:

«¿Oye, tú, ya podemos dar toros?», preguntaba ayer por la mañana en su círculo íntimo Pedro Balañá Forts, nonagenario propietario de la Monumental de Barcelona al conocer la sentencia del Tribunal Constitucional. Don Pedro, patriarca de los Balañá, se formulaba en voz alta la cuestión del millón de dólares que se repetía en el planeta de los toros como un eco. ¿Y ahora qué? Como si fuera fácil. El viejo empresario sabe que no lo es, que no lo ha sido y que no lo será. Las líneas rupturistas de los nacionalistas desbordados, el populismo desbocado, la izquierda montaraz, el socialismo bipolar, el animalismo salvaje en última instancia como la coartada que siempre fue. Un frente en contra con la altura de un tsunami que se levantó como un muro, piedra a piedra, en los años del pujolismo. Tan lejano y constante en sus objetivos. La red de leyes políticas tejida desde la década de los 80 del siglo pasado con la Ley de Protección Animal como madre, ampliada con la Ley de Protección al Menor, la prohibición de las portátiles, la permisividad sobre aquellos escraches primigenios en los entornos de las plazas de toros, cuando había vida más allá de la Monumental, por Gerona, Tarragona, San Feliu de Guixols, Lloret de Mar... En Tarragona, el penúltimo bastión en caer en los albores del siglo XXI, se llegó a habilitar una guardería en el exterior del coso cercado por las acosadoras manifestaciones antitaurinas que contaban niños como corderos mientras los ultrajados y vilipendiados aficionados adultos asistían a la corrida libremente... El irrespirable ambiente ya se había extendido a la Barcelona que en los años 60 y 70 programaba más festejos taurinos que ninguna otra ciudad de España, Madrid incluida. 


Un tuit...





Y algunas portadas...

Discreta La Vanguardia con el tema
Portada de La Vanguardia (España)

El Mundo, el no al sí
Portada de El Mundo (España)


ABC saca pecho.
Portada de ABC (España)


Y el Ara, también
Portada de Ara (España)

24 mayo 2016

¿para cuándo una edición de levante-emv para perros, gatos y cerdos vietnamitas?

Con esta noticia abre hoy Levante-EMV. No sé si me preocupan más 'los estudios' de València, los criterios periodísticos para hacer una portada o las preocupaciones de aquellos que decían "gobernar para las personas".

Yo me pensaría seriamente hacer una edición para que la comprasen perros, gatos y cerdos vietnamitas. En trilingüen, claro.


18 enero 2016

el ecologismo no debe caer en la trampa animalista

Por Javier Yanes

el movimiento contemporáneo por los derechos de los animales es un producto netamente urbano, impulsado desde ámbitos filosóficos y jurídicos, nacido de la humanización de las relaciones entre las personas y sus mascotas, y extendido al conflicto más general entre el ser humano y el resto de las especies que coinciden con nosotros en esta roca mojada que llamamos Tierra.
(...)

Animalismo y ecologismo son cosas diferentes, causas diferentes con orígenes y fines diferentes, y a menudo mutuamente excluyentes, por mucho que se hayan mezclado en un mistificador batiburrillo
(...)

así se comprende de dónde nace la equivocada fusión de animalismo y ecologismo en la percepción popular. Pero al tratarse de una causa ideológica y subjetiva, la aproximación del animalismo y su colonización de ciertas organizaciones ambientalistas dañan la credibilidad de la ecología, la ciencia que sustenta el ecologismo.
(...) 
el animalismo extremista resulta ridículo por la ramplonería y el escaso calado intelectual de sus planteamientos, basados en poco más que una instántanea reacción pavloviana de vómito cada vez que se aborda la complicadísima relación del ser humano con la naturaleza, y en una constante acusación a todos los estúpidos que habitaron este mundo antes que ellos y que se equivocaron tanto para contribuir con su ensayo y error a que ellos, hoy, sean tan listos.

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